Cuando voy parado en el bus, pienso en San Sebastián. Si la obra no me gusta, me salgo del teatro. Llevo un control de mi rutina básica en Excel. Sólo no es solo. Escribo, dibujo; hago fotos, collages, videos; quiero hacer más cosas.

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21/01/2015 3:07:52

El trazado de la ciudad es una red que domina

«Yo creo que esta calle
se acuerda de cuando era un río»
Ricardo Lindo

Desde el volcán, desde los Planes de Renderos o desde Google Maps, veo San Salvador en el valle nunca plano. Entre otras cosas, la ciudad es una mancha compuesta por muchas líneas y cuadrículas desordenadas. La veo como una red que conecta pero que, sobre todo, atrapa. San Salvador es una red construida para domar este territorio durante siglos; una red tan grande, tan obvia, que es difícil verla.

    La plaza rodeada de la iglesia, el ayuntamiento, los portales de comercio y otras instituciones, comprenden el centro de una cuadrícula que se extiende sobre un territorio que antes sostenía otra cartografía. Si mentalmente nos colocamos donde hoy está la Plaza Libertad, antes del asentamiento de San Salvador en el Valle de Salcoatitán, y aceleramos la velocidad del tiempo, observaríamos cómo, de la nada, se instala una estructura artificial entre el volcán y el lago; esta daría inicio a un tejido que se sigue creando, expandiendo e incrustando en la tierra, borrando la imagen del valle ahora llamado «de las Hamacas». ¿Cuánta información valiosa se habrá perdido, qué caminos?

    La línea recta es una rareza en la naturaleza, pero el hábitat que el animal humano construye está lleno de ellas, obsesivamente. ¿Cuánto se habrá tardado en traducir un rayo de sol que descendió entre las nubes a la primera línea dibujada?, ¿cuánto habrá pasado para perfeccionar el trazo, cuánto para crear una herramienta que le ayudara a hacer la línea exacta?

    El trazado hipodámico o de damero que germinó esta ciudad, diseñado para responder a las necesidades de los pocos que gobernaban, se impuso sobre quienes lo habitaron primero y ayudó a establecer una manera de pensar occidentalizada donde priman el pensamiento racional, el orden secuencial, la productividad. Sólo quienes pudieran vivir armoniosamente dentro de las normas de esta nueva sociedad, quienes sí se adaptaran a este modelo cuadriculado, serían considerados civilizados. Este clasismo hemos heredado.

    Pero, siempre habrá alguien que rompa las barandas y se salte los cercos, siempre habrá un mercado que se desborde del edificio cúbico. Los marginados son aquellos que se han negado históricamente al orden impuesto: cruzando las calles por el camino más corto, más eficaz; aglomerándose por necesidad en comunidades de trazado orgánico, negando el modelo convencional, como una manera inconsciente de resistencia que aún perdura en los acentos que sirven de burla, en el fonema de la grafía ch.

    En Soyapango, a la altura de Plaza Mundo, hay tres pasarelas y dos túneles para cruzar el Bulevar del Ejército; hasta hace unos meses, una malla metálica alta dividía los seis carriles para que los peatones no pudieran cruzar por ahí. Todas estas opciones y restricciones no bastaron para cambiar la idea de que es más lógico cruzar sobre el bulevar, sin rodeos, directamente al lugar donde se desea ir. Algunas personas incluso abrieron grandes agujeros con tenazas en la malla divisoria para poder cruzar sobre la calle y, al tiempo, aparecían nuevas aberturas: esa simple barrera, exhibiendo publicidad de la alcaldía y casas de empeño, no iba a impedir el uso eficaz de la ciudad por parte de quienes lo necesitan. Ahora la malla no existe, pero fue removida sólo para facilitar los trabajos del Ministerio de Obras Públicas.

    Un observador negativo podría opinar que estos usos son incorrectos, que se debería sancionar estas conductas; gastaría energía y recursos en tratar de obligar a la gente para que se acople al supuesto orden. Un observador positivo anotaría los usos reales de la ciudad que la gente hace, reconocería patrones y diseñaría con base en ello, para ellos, para los usuarios de verdad; diseñaría la nueva ciudad no según las tendencias formales vistas en otras sociedades o en internet, o cómo se verá en el fondo, cual fotografía; sino, trazaría primero el dibujo que forman las rutas de los peatones, el dibujo de las costumbres de los habitantes y diseñaría en favor de eso.

    Veo San Salvador y me pregunto por qué los peatones tenemos que ceder paso a los vehículos y limitarnos a ciertas zonas donde no interrumpamos el flujo de las máquinas y la expansión de la ciudad: ¿por qué no es al revés? Comparado con un conductor protegido por la estructura de su carro e impulsado por la fuerza del motor, el que está en desventaja soy yo: ¿por qué no son las vías de los carros las que se adaptan a mi paso? La ciudad debería tener como prioridad al peatón y aprovechar realmente las ventajas de situarse en un valle donde, en teoría, el desplazamiento es más fácil; podría imponer menos, limitar menos y ser, en vez de una vieja red colonial que aprisiona, un campo de posibilidades donde el ciudadano vaya creando su propia experiencia libremente. —

 «ruta / dibujo»  -   Nadie, 2014
dibujo virtual de mis desplazamiento durante octubre de 2014
el mapa es interactivo

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Me gustaría que dejara su correo para contactarlo. Me gusta mucho leerlo y debería escribir más

me ha agradado mucho este artículo!!

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