Cuando voy parado en el bus, pienso en San Sebastián. Si la obra no me gusta, me salgo del teatro. Llevo un control de mi rutina básica en Excel. Sólo no es solo. Escribo, dibujo; hago fotos, collages, videos; quiero hacer más cosas.

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29/09/2014 11:17:29

BAVIC9 o el cementerio futurista cien años tarde

Yo, como artista, no sé nada. Sólo voy a Guatemala a la IX Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano (BAVIC9) porque me llevan, porque me mandan. Llego tres días antes de inaugurar el evento y no sé dónde ni cómo es la sede en que expondremos. No sé la museografía y sospecho que no hay. Llego a la zona 4 de la ciudad, Cuatro Grados Norte, Cantón Exposición, donde será el evento y todo está cerrado y desolado. El ambiente podría ser agradable si yo fuera turista, podría hacer un recuerdo melancólico del momento; pero, ansioso y nervioso, soy incapaz.

    Los primeros días son pura espera. Han llegado los artistas pero no ha llegado la obra. Luego, se oyen rumores desde la aduana: que la obra ya llegó, que ya fue liberada, que pronto podrá iniciar el montaje pero todo es incierto y se maneja con misterio. En los pasillos del hotel nos movemos de las sedes hacia las habitaciones medio saludando, medio socializando en el desayuno con los demás participantes, medio preocupados, muy molestos. Son muchas las molestias que suenan a divismo o queja sin fundamento en boca de gente que se dedica a hacer manteles de papel calado o a unir los puntos de los chicles en las aceras con barras de yeso blanco.

    Pero es una la molestia que prima: que la exhibición esté dividida por países. En un evento que se da cada dos años, donde en teoría se muestra lo más representativo de la producción artística visual de países que, a pesar de ser pequeños y realmente cercanos en territorio, están bastante lejos, es el colmo del absurdo reunirlos en una misma ciudad para que ya no los separen kilómetros, si no una simple calle o unas cuadras. Kilómetros y años de distancia para venir a seguir separados. Se podría interpretar como una representación acertada de la teórica integración centroamericana pero, desde adentro, se ve que es pura mala organización o haraganería, buscar irse siempre por el lado más fácil.

    De las pocas cosas que sé esa semana, una es la que debo tener presente: que el miércoles 30 de julio a las 5:30 p.m. debe estar montada la exposición y lista para recibir al público. El lunes en la noche llegan las obras de El Salvador y eso es tener suerte porque la obra de otros países llega más tarde. En tres días se arma un evento que supuestamente ha tardado meses en prepararse, sólo porque se tiene noción de cómo es una muestra de artes visuales y trabajando casi por instinto. En un par de días se transforma bodegas, casas en desuso, sótanos y otros espacios convencionales para albergar «la muestra de arte más importante de la región». Sobre la marcha y en poco tiempo se va improvisando una colgaduría que solucione la urgencia de inaugurar, recibir los ojos de los curiosos, los cocteles, la estridencia de la música que llena el vacío que las obras no logran llenar.

    Cansado, escucho los infaltables discursos inaugurales. Desde la organización y los patrocinadores se felicitan entre ellos, cuentan la misma anécdota de hace décadas cuando Fulanito Paiz con Zutanito Ortiz-Gurdián se pusieron de acuerdo para organizar una muestra centroamericana de pintura y plantaron la semilla de lo que ahora es la bienal centroamericana (o algo por el estilo). Pero los artistas y trabajadores no figuran en ninguna línea de esos discursos, algunos pululan en la periferia, muchos otros ni están presentes. Los voluntarios y organizadores se preparan en cada sede para recibir a los visitantes: extraños que quién sabe de dónde salieron, con vino en mano, extremadamente limpios, teniendo o fingiendo cara de admiración ante los videos, los falsos monumentos derrumbados, los proyectos, los listones de colores colgados, la artesanía con parlante donde se puede conectar el iPod, los proyectos. Cualquier obra con superficie plana es ideal para poner los vasos sucios y las servilletas.

    Entre el cortejo de la biodiversidad sexual y el reality show, me detengo a preguntarme qué hago. No encajo, no estoy contento, no tengo nada que celebrar. Veo los flashes y las poses ante ellos, detecto los intentos fashionistas y transporto estas imágenes cien años al futuro y las veo igual de grenchas como las de las señoras de cien años atrás llegando a los recién inaugurados teatros (ahora Teatros Nacionales) con sus abrigos de piel, sombreros y collares en el calor del trópico salvadoreño, sudando. En ambos casos, añorando estar más cerca de Europa, tratando de reproducirla sin éxito, viviendo un rato la fantasía kitsch.

    Me doy cuenta de qué pasa realmente: todo es mentira, excusa, escenografía. Toda la gestión, convocatoria, trabajo de voluntarios, trabajo de obreros, diseño gráfico, todo está dispuesto en función de recrear la fantasía, de engañarnos un ratito y sentir que todo está bien, que hay arte, que somos cultos, que no nos estamos matando entre nosotros. Se pinta una pared, se tapa con un lienzo una ventana, se coloca un díptico de foto y video digitales y, así, blanqueada, está lista la escenografía donde poder representar nuestro personaje culto públicamente, donde reflexionar superficialmente con dedos en la barbilla, donde poder conocer a un artista y potencialmente servir de musa, donde lucir la mejor mueca irónica ante la seudo intelectualidad de los expuestos. 

    Sin embargo, en medio de este absurdo, algo pasa que tiene sentido: cinco mujeres vestidas de negro hacen el recorrido por la muestra llorando, llorándole directamente a cada pieza. A través de los ridículos velos negros que las adornan, se ven los chorros de lágrimas y se oye el lamento doloroso para el que han sido contratadas. Preguntan «por qué», preguntan «qué ha pasado», interpelan a las obras y recorren toda la BAVIC9 tomadas de las manos, contrastando sus sonidos y sus imágenes con la jovialidad y el colorido de los demás curiosos. Se trata de una acción fuera de programación del artista costarricense Habacuc, quien contrató a estas milenarias figuras de las plañideras para que le lloraran a las obras/cadáveres en las galerías/cementerios en concordancia con la visión que tuvieron los futuristas cien años antes. Entre el chiste y el sensacionalismo, esta simple acción cuestiona literalmente todo el evento y, también, en particular, a cada artista, sus piezas y su involucramiento con esta bienal. Siguiendo con la ridiculez, a veces me veo como una de estas mujeres llorándole a la BAVIC, a veces veo este texto como una lágrima.

    A la noche siguiente, yendo a una exposición de unos artistas salvadoreños, caminando por unas calles desconocidas de Guatemala y siguiendo por instinto a unos amigos locales, hablo con Mauricio Kabistán de mi descontento, que me siento explotado en cierta manera y que no sé qué tan culpa mía es. Le digo que no entiendo la existencia de la bienal, que por qué participamos, que no deberíamos hacerlo si los parámetros no están de acuerdo a nuestros intereses. Un par de meses después, sigo pensando igual. Kabistán, toquémonos los huevos (pero cada quien los suyos) y ya no participemos en estas convocatorias, no sigamos siendo los perritos bailando al rededor del banquete esperando a que caiga a saber qué hueso o qué pellejo, no sigamos amenizando la fantasía hipster centroamericana. Enfoquémonos mejor en trabajar proyectos que sí busquen tener relevancia y que, sobre todo, sean vitales. No tenemos la obligación de seguir añadiendo a la estructura caducada que a las generaciones anteriores les costó construir. Al contrario, tenemos que destruirla. —

 

Título: Plañideras | Autor: Habacuc | Año: 2014

Comentarios

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Etica profesional dentro del arte si es un acto que sentara presedentes. Toquense los
Huevos y los de los demas tambien.

QUE PASARIA SI SE LAS PUSIERAN A LAS LLORONAS A LOS GOBIERNOS EN TURNO.

es lo único con integridad que vi en la Bienal, a demás de sentirme como un estupido ignorante de primera y sentirme un poco auto-consciente de no ser gay

Muy grande este profesional!!

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