Cuando voy parado en el bus, pienso en San Sebastián. Si la obra no me gusta, me salgo del teatro. Llevo un control de mi rutina básica en Excel. Sólo no es solo. Escribo, dibujo; hago fotos, collages, videos; quiero hacer más cosas.

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06/03/2014 0:42:29

Mario, los Juegos Florales no existen

Aquí donde la mayoría finge ser artistas, ser periodistas, ser maestros, políticos, ¿por qué sorprende que se descubra el plagio de un muchacho en un evento que finge ser certamen literario? Aquí donde se disfrazan ambiciones vanas haciéndolas pasar por pasiones admirables, ¿qué indignación causa que se descubra que un muchachito hizo lo que, en mayor o menor medida, todos están haciendo?

    Al conocerse del plagio a varios autores que hizo Mario Rojas en los Juegos Florales de 2012, gran parte de la comunidad de autodenominados intelectuales saltó indignada, fingiéndose afectada, condenando a este joven que, si se logra pasar más allá de las escandalosas acusaciones, es un claro síntoma de cómo es esta sociedad adolescente (en las secciones de comentarios de los periódicos en internet se denotan niveles infantiles de pensamiento, de redacción también). Quizás por eso hubo tanta indignación y por eso las voces de denuncia, porque de cierta manera todos se sintieron descubiertos y, si pudieron descubrir el plagio de Mario Rojas, es probable que descubran el plagio de los demás, de los ofendidos, del de usted que lee, del mío.

    En los sitios de redes sociales, ahí donde se proyecta una versión idealizada de uno mismo, surgieron declaraciones oficiales que nadie había pedido, opiniones importantes que transmitir a los seguidores imaginarios, continuó la triste autoentrevista en Facebook y escribieron en sus muros como en las páginas mismas de la Historia.

    Mario Rojas está muy joven aún, en la entrevista que circuló en video se ve como un adulto nuevo, con toda la prepotencia que un artista de esa edad debería tener, con toda la ingenuidad y romanticismo que quizás a sus 21 años ignora poseer, se le ve ensayando entrar a la adultez. Al oírlo justificar su plagio como una acción de arte, como «protesta social», es inevitable sentir un poco de pena y ternura, pues el hecho de verse descubierto y ser denunciado es una actitud totalmente pasiva que de ninguna manera denota acción, mucho menos acción de arte. Acción hubiera sido denunciar él mismo la incompetencia de todos los involucrados en el proceso una vez entregado el reconocimiento o esperar a ver cuánto tiempo pasara hasta que alguien se diera cuenta del plagio y, entonces, devolver el premio (producto de un proceso que él mismo denuncia) íntegramente. Habría tenido más impacto.

    Aún así, Mario Rojas es muy joven todavía y es este el momento ideal para equivocarse (no que uno deje de equivocarse nunca). La juventud es el momento perfecto para tratar de destruir esta sociedad formada de todos los padres que nos trajeron negligentemente a la vida, a este mundo, a este específico país. Idealmente, a base de prueba y error, un joven debería tratar de modificar la realidad, romper cánones, eliminar prejuicios e ir generando una sociedad adecuada a sus necesidades e ideales, lejos de parámetros anticuados que instauraron los padres y abuelos. Hay un matiz de esto en las intenciones que según Mario lo llevaron a cometer el plagio (o es que yo lo fantaseo).

    La imagen institucional de la juventud dista mucho de la realidad, es un espejismo creado para que los adultos e instituciones se sientan tranquilos, un poco más seguros. Los jóvenes ideales juegan fútbol amistosamente, bailan danza «moderna» con decoro, pintan el nombre de Jesús en grafiti; siempre sonríen, como ensayando la sonrisa institucional Pizza Hut. Los jóvenes ideales son seres asexuales, intrínsecamente solidarios, con la inocencia rebosando en la mirada, aún niños, aún buenos. Por eso choca tanto que uno de estos jóvenes disuelva el espejismo, que salga de la cortina de humo y deje ante la vista de todos las fallas vergonzosas.

    Mario (disculpá el medio), los Juegos Florales no importan, prácticamente ni existen; no son un certamen literario serio ni con prestigio, es una manera fácil de obtener dinero para muchos escritores con problemas económicos, son un trámite burocrático más, otra excusa para que la estructura actual de la Secretaría de Cultura siga existiendo, organizando ferias municipales que pretenden ser festivales artísticos, programando espectáculos de bachata en el Salón de Honor de la Ex Casa Presidencial, programando ventas de riguas y atol shuco. La Secretaría de Cultura no tiene ninguna importancia en la vida de un artista con trabajo serio, que trate con la realidad y la cuestione.

    Los artistas no deberían gastar el tiempo tratando de complacer o de reclamar la atención y aprobación de una institución tan absurda como esa. Realmente, el tiempo es tan poco como para perderlo así. Las energías deberían estar enfocadas en el mero trabajo artístico, que sea la obra sola la que demande atención, que la llame para sí misma más que para el autor; que sea vital, que tenga la suficiente fuerza, la calidad y relevancia para no poder ser eludida. — 

Mario Rojas por Priscila Cáder
Retrato photoshopeadísimo de Mario Rojas.
Foto de Priscila Cáder de su galería de autores jóvenes salvadoreños.

Comentarios

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Voy a dignificar su publicación con un comentario. Aunque tal vez debiera mejor dejarla como está. No comulgo con algunas decisiones de la Secretaría de Cultura, pero ciertamente, deploro la actuación de Mario Rojas, que creo que le ha hecho un flaco servicio a la cultura. Me considero una escritora seria. Lo lamento mucho, pero respetuosamente disiento. No estoy de acuerdo con lo que dice aquí arriba. Y creo que en dos que tres cosas, está equivocado. Solamente

Nadie, quiero decirte, si es algún día pasás a releer este artículo que cada vez que pienso en este incidente de Mario Rojas, vengo a leer este artículo porque siento emociones encontradas. Por un lado, no creo que lo que Mario hizo sea totalmente correcto, pero también soy consciente de que los Juegos Florales son usados por escritores que ya tienen la suficiente fama, con fines puramente económicos, quitándole la oportunidad a gente que quizá si está luchando por salir del anonimato. La seudo-Secretaría de Cultura siempre dice que este certamen pretende ser una ventana para nuevas voces. Han pasado cinco años de este escándalo (si me permiten llamarlo así debido al acaparamiento mediático) y nada cambia. Escritores prepotentes con aires de celebridad siguen ganando este premio y como en este país es tan fácil caer en el olvido, solo basta con que no te juntés con la gente de moda y dés por hecho que socialmente has muerto. Gracias, Nadie por este artículo, porque entre tanta hipocresía en el mundillo literario es necesario ver el lado opuesto de la moneda.

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