Escribo para aligerar. A veces escribo compulsivamente, divirtiéndome, desahogándome, por incordiar. Pero en algunas ocasiones me pongo serio y solemne, como esos seres que quieren cambiar el mundo.

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11/11/2015 14:26:39

Enma Sofía, la mujer que permanece

“No hago otra cosa que pensar en ti, y no se me ocurre nada…”
Joan Manuel Serrat

 

Conocí a Enma Hernández recomendándole un libro. Era 1996, y un mediodía, un sábado, quizá de septiembre, y entró Enma con su mirada curiosa y su palabra apresurada preguntando que desde cuándo existía ese lugar. El lugar se llamaba La fuente de jade, y fue una librería muy sui generis que devino en galería, peña cultural, café, cine club, escuela con clases de guitarra y de dibujo. Estaba ubicada a un costado del colegio Cristobal Colón, y Enma llegó atraída por el portón abierto de la cochera en la que colgaban reproducciones enmarcadas de obras de Frida Kalho, Vincent Van Gohg, Chagal, Klimt y Kandinsky. Yo trabajaba los fines de semana en La fuente de jade y me dispuse a atender a la clienta que se acercó a una de las mesas en las que estaban los libros que teníamos a la venta. La recuerdo con el pelo hasta el cuello cortado en capas, teñido de rubio dorado, alisado con secadora; vestía un traje sastre, falda y saco color turquesa y una camisa de seda de estampado floral, llevaba zapatos de tacón alto y una cartera mediana que combinaban. Después supe que su perfume se llamaba Opium. Definitivamente no vestía como la clientela que solía visitar el lugar, es decir, estaba habituado a recibir mujeres con faldas “indues” hasta los tobillos, camisas de tejidos artesanales, pashminas y perfumes de sándalo, o similares outfit de la bohemia de posguerra. Ella vestía distinto pero empezó a tomar los libros y a leer sus contraportadas en cinco segundos, un libro, luego otro, y otro más como una niña que quiere todos los juguetes que descubre frente a ella.

—Recomendame uno– me dijo con cierta perturbación y con tono entusiasta pero mandatorio.

Yo pasaba mucho tiempo solo en la librería. Poca gente visitaba una librería en esos días, y más poca aún era la que alguna vez compraba un libro, no es que ahí fueran caros, pero creo que gastar en libros no era visto como algo tan natural. Yo era estudiante de Arquitectura en esos días y no tenía dinero para comprar libros, y una de las razones por las que empecé a trabajar en La fuente de jade era porque mientras cuidaba la librería me leía varios libros sin gastar y me pagaban con espacio por las tardes para dar clases de guitarra que cobraba a 30 colones la hora. Cuando llegó Enma esa primera vez, yo acababa de terminar de leer La insoportable levedad del ser, del checo Milán Kundera, y mi respuesta a su solicitud de recomendación fue esa. Puse en sus manos el mismo libro que yo había leído con todo el cuidado posible para que el libro aún pareciera virgen. Enma leyó el título en voz alta, recorrió la ilustración de portada y luego leyó la contraportada gesticulando la lectura pero sin voz audible.

—Se ve raro– me dijo.

—A mí me tiene fascinado, lo acabo de terminar de leer, por eso se lo recomiendo– le dije con sincero entusiasmo.

—Vaya pues, me lo llevo– dijo luego de verme a los ojos unos segundos.

Sacó su chequera de su cartera y me preguntó los datos para llenarlo, ahí me di cuenta que tenía las manos pequeñas, usaba anillos y que era zurda.

Una semana después, Enma volvió a La fuente de jade.

—¡Quiero otro!– me soltó sin saludo previo nomás me vio.

—…

—¡Recomendame otro!... Me gustó Kundera, quiero otro.

—¡Qué rápido!– alcancé a decirle.

—Yo leo rápido– me respondió ufanándose –y además me gustó, como en tres días lo leí, pero hasta hoy pude venir. ¡Recomendame otro!– insistió.

El segundo libro fue La inmortalidad, también de Kundera. Volvió una semana después, el libro le gustó, pero no tanto como el otro, pero me pidió dos recomendaciones más, porque a media semana se quedaba sin qué leer. Esa vez le recomendé la recién llegada Waslala, de Gioconda Belli, y Primavera con una esquina rota, de Mario Benedetti. Y así se convirtió en una clienta ideal y disciplinada, cada sábado puntual, buscaba nuevos libros. Un sábado, ya de noviembre, con un libro le entregué un volante en el que anunciábamos que esa noche habría un recital de poesía y nueva trova. En el volante estaba mi nombre.

—¿Vos escribís?– Me preguntó con sorpresa.

—Sí, poesía… hoy vamos a leer con unos amigos y también habrá música.

—Voy a venir.

Esa noche llegó poca gente, recuerdo: nuestros amigos y familiares, y algunos allegados. Y Enma. Desde ese día se convirtió en mi lectora. Yo no tenía un libro, pero me pidió que le mostrara más poemas, y un buen día le presté mis cuadernos manuscritos cargados de mis compulsiones poéticas. Días después me entregó anillados mis cuadernos impresos: los había transcrito completos, los había impreso en la impresora matricial de su oficina y había ido a anillarlos. Y me dio el archivo en un floppy disk de 3.5. Fue la primera vez que me sentí un poeta impreso, tenía una lectora que en ese entonces no era ni mi familia ni mi amiga, fue entonces que empezó a serlo.

Enma era así, decidida, apasionada y generosa. Para mí siempre fue Enma, Enma Hernández, para mucha otra gente fue Sofía, pero era una misma mujer.

Enma dejó de ser solo una clienta y empezó a ser parte de ese espacio que poco a poco fue soñando con crecer y volar, y creció y voló, y un día cayó. Quiénes compartimos tiempos y sueños en esa época seguimos siendo amigos hoy en día, y Enma fue fuerza aglutinante y cómplice fiel.

En esos días, Enma tenía 10 años de ser gerente general de una empresa que distribuía acero para la construcción. Contaba con una licenciatura y maestría en Administración de empresas, y mucha experiencia en finanzas y negocios. Era una exitosa mujer de negocios con una vida resuelta e independiente: vivía sola, no cocinaba (no tenía concina en su casa, solo un microondas), viajaba sola y disponía de su tiempo a su antojo. Leía mucho y escuchaba mucha música. Le gusta muchísimo Joan Manuel Serrat, él y su música, y coleccionaba todo lo suyo en caset o CD. En muchos aspectos era muy distinta a nosotros, pero al mismo tiempo muy parecida. Creo que el mundo de aquellos jóvenes soñadores la hacía sentir feliz, era feliz sumándose a nuestras ideas y sueños. Nos dejaba soñar y también nos daba lecciones de realidad administrativa. Y empezaron años intensos y creativos. Yo publiqué mi primer libro a finales de 1997 y fue la más entusiasmada, junto a Tania Molina hicimos una gira de recitales en Guatemala y viajamos en su Golf celeste, automático. Dimos juntos muchas vueltas, muchos amigos y muchas amigas, llegaron libros, poetas, música, planes.

Un día, dejó su trabajo, me dijo que quería hacer otra cosa, que los negocios ya no la apasionaban. Entró a estudiar Filosofía a la UCA y tomar cursos de literatura, a conocer más gente de esas lides. Poco después empezó a involucrarse con organizaciones sociales.

Aquellas intensidades nos llevaron a un momento trágico en aquel grupo de amigos. Un giro inesperado nos distanció en seco. Pero solo fue distancia, quizá crecimiento.

Así nos perdimos la pista cotidiana por un tiempo. Yo me fui y regresé. Ella se fue a vivir unos años a España, a Málaga. Regresó y siguió trabajando con organizaciones sociales que trabajaban por el desarrollo y la igualdad de derechos para las mujeres. Estuvo involucrada en programas para mujeres emprendedoras en el área rural y uno de esos proyectos nos unió de nuevo a inicios del 2002 y recorrimos el país entendiendo por ella la realidad de muchas mujeres en el campo, escuché sus capacitaciones en administración y planes de negocios, y luego escribía sobre eso en un boletín para la organización en que trabajaba. Después tuvimos reencuentros en diversos momentos. Por mucho tiempo en las redes sociales intercambiamos ideas y “me gusta”.

Ella creció en el feminismo desde la economía, fue asimilando las teorías y dominando las ideas que empezó a defender con ahínco, pero con inusual serenidad y paciencia. Siempre buscó la manera de respaldar con datos y hechos verificables sus ideas, siempre usó una visión estratégica en muchos proyectos y se especializó en las estadísticas sociales. Luchó desde diversas organizaciones por llevar adelante con éxito ambiciosas iniciativas de reformas y aprobaciones de diversas leyes que han reconfigurado los conceptos legales de la mujer en El Salvador.

Enma siempre se mantuvo crítica y vigilante. Se resistió a ser absorbida por la burocracia gubernamental que se abrió a muchas activistas feministas con la llegada del FMLN al gobierno. Tenía claro que su lucha ya no era la lucha de una organización, sino la lucha de las mujeres y que ella podía seguir abanderándola desde donde estuviera. Quería descansar de las tensiones propias del ambiente oenegenero y fue que coincidimos de nuevo.

A inicios del 2013, desde El Faro, la busqué para la formulación de un proyecto para aplicar a un fondo de cooperación. Accedió a ayudarnos casi como un favor personal, tenía sus reservas sobre la actitud de El Faro respecto al feminismo. Conocía a varios de los periodistas que trabajan conmigo en El Faro desde hace varios años, con algunos tuvimos amagos de proyectos conjuntos o colaboraciones de diverso tipo, y por eso nos daba el beneficio de la duda.

Aquella formulación es anecdótica: teníamos 5 días para enviarla, y como base solo un cúmulo de ideas desordenadas y muy poca idea de la terminología correcta para darnos a entender con un cooperante. Pero asumió el reto. Y nos reunimos en mi casa y empezamos a trabajar soltando risas incrédulas a cada minutos.

—Élmer, yo nunca he formulado un proyecto tan grande en tres días.

—Ahora ya podrá contar que lo hizo– le decía yo.

—Vos siempre…

Fueron tres días de reencuentro y de muchas risas nerviosas provocadas por la incredulidad ante la tarea que teníamos que cumplir. Yo trataba de consentirla, le ponía música que le gustaba y le recordaba viejos tiempos. Ella se burlaba de mis ceremonias para hacer el café.

—Yo tomo bastante café, y me va a dar pena pena estarte pidiendo si vas a hacer todo eso para cada taza –me decía riendo.

—Le voy a enseñar a hacerlo entonces…

—Ah, no, ya sabés que yo no me meto a la cocina… y ni cafetera normal tenés. Bueno, te va a tocar hacer todo eso varias veces hasta que terminemos esto… Total, se ve que te gusta…

—Usted no se preocupe.

—Élmer ¡estos no son objetivos!, son resultados y estas son actividades… ¡Ay no!, muchos objetivos, pensá en que por cada objetivo tenés que desarrollar un montón de resultados con sus actividades e indicadores… Mejor contame que querés hacer y yo veo como lo meto en dos objetivos como mucho…

Y empezamos ese primer proyecto haciendo malabares. Ella hacía preguntas tan concretas que no daban lugar a los idealismos. Versiones del proyecto iban y venían. Cada noche en su casa releía todo y al siguiente día me decía, “esto no funciona, es que no hicimos el árbol de problemas”, debemos encontrarle la lógica. Me pedía datos y fuentes verificables, y se reía con mis discursos heroicos sobre el periodismo… “¿Y el enfoque de género?”, me preguntaba, y yo trataba... “eso no lo van a aceptar”, me decía con la boca fruncida. Un días, dos días, tres días… Enviamos el proyecto, 8 minutos antes de la hora límite. Pasamos a los preseleccionados, nos pidieron ajustes, ajustamos, reformulamos. Ganamos.

Convencí a mis jefes de contratarla, luego la convencí a ella. Negociamos. Ella tenía miedo. Su mayor duda era por dejar de trabajar en las organizaciones de mujeres que lideraban la lucha que a ella más le interesaba, y fue que acordamos que podía seguir trabajando para eso, que tendría flexibilidad y mi apoyo. Solo así aceptó. Y ganamos otros proyectos y aprendimos con otros durante estos dos últimos años.

Enma entró a El Faro como una presencia extraña. Era ordenada y sistemática, silenciosa mientras trabajaba, y su concentración a veces provocaba silencio. Nos fue entendiendo poco a poco, nos tuvo paciencia, y siempre ofreció una plática y su ayuda para todo lo que hiciera falta. Incluso publicamos una investigación que ella emprendió sobre los resultados de las últimas elecciones municipales buscando el impacto de las reformas electorales a favor de la equidad: La pequeña mayoría de mujeres en el poder municipal. Pocas personas tienen tanto conocimiento estadístico sobre la situación de las mujeres en El Salvador. 

Enma se ganó respeto y cariño de quienes estuvimos en su entorno, siempre cuidó de los más jóvenes y de los mayorcitos que se dejaban. Por cambios internos en el último año, dejó de trabajar directamente conmigo, y le fue más difícil entablar un diálogo fluído con compañeros con quienes no tenía una historia común y a veces desesperaba: “Esto no fue lo que acordamos”, me reclamaba a veces en voz baja, y me señalaba agitando con el dedo. “Téngales paciencia, solo usted puede hacer eso”, le decía yo. Solo me miraba y me decía “Vos siempre…”, y sonreía. Siempre fue una profesional responsable y entregada, pero sobre todo, una mujer que vivía con causa, que quería que El Salvador fuera un país mejor, sobre todo para las mujeres. Y así luchó hasta el último momento, hasta su repentina partida a causa de esa enfermedad traicionera.

***

Enma, le debía este recuento, a lo mejor digo más de lo que a usted, que fue tan discreta siempre, le hubiera gustado decir. Pero bien sabe que lo hago con todo el cariño y el agradecimiento por ser parte de mi vida, de la historia de este país tan necesitado de mujeres como usted. También lo hago porque es justo que quienes han estado a su alrededor conozcan el tránsito humano que implicó su vida llena de modestia y generosidad. Lo hago como un homenaje, siendo este que conoció en aquella librería.

Gracias por salvarme de mí mismo, usted sabe que nunca terminé de perdonarla, y nunca terminé de agradecérselo.

Gracias por estar y por permanecer.

***

Foto de grupo del equipo de El Faro tomada en agosto de 2014. Enma Sofía es la última a la derecha.
Foto de grupo del equipo de El Faro tomada en agosto de 2014. Enma Sofía es la última a la derecha.

 

 

 

Comentarios

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Muchas gracias por esta nota, ami Enma me contó que estaba ocupadisima haciendo ese proyecto para el Faro jejeje me sorrei mucho recorriendo su articulo y recordando a la Enma reir, para mi ella también fue la Enma, un abrazo

Que lindo, lo escuche en el entierro, me enterneció mucho, gracias por publicarlo-
Isaabel Villegas

Que forma de decir que ella fue unica!

Gracias por compartir esos recuerdos de mi amiga Enma Sofia, algunos me los se por nuestras largar charlas en donde compartíamos hechos de nuestro paso por esta vida. El pensamiento es estar presente.Gracias.

Estoy en un taller en silencio doy lectura a este articulo y de mis ojos salen lagrimas al recordar a Sofia y sigo sorprendida de su partida tan inesperada .......

Qué hermoso, Elmer, te mando un abrazo

Gracias por este regalo que no solo es para Emma, si no para todas las que tuvimos la oportunidad de conocerla un poquito y con este detalle mucho mas. Gracias bellas tus palabras y tocan el corazon.

EMMA SOFÍA, UNA MUJER SINGULAR¡¡

Muchas gracias por escribir este capitulo muy lindo de la vida de mi tía, ya que en cada una de las palabras acá plasmadas puedo imaginar cada gesto que mi tía hacia, la forma en que se expresaba y sus ojos, esos ojos que hablaban sin emitir ni una sola palabra, y me llena de mucho orgullo que haya tocado tantos corazones con su curiosidad, generosidad, alegría e intelecto. Deja en nosotros un gran legado y una gran responsabilidad de ser personas como ella, luchadoras por la igualdad y la justicia, ser dignas de admirar y de respeto. Y no solo hemos perdido como familia, amigas, amigos, sino también el país a perdido una gran persona. Gracias.

Que lindo homenaje para una gran mujer!!!

Mi admiración para una mujer única,que siempre llenó de luz y asombro todo lo que emprendia.
Sin duda estas palabras son un hermoso paisaje de momentos vividos.

Uno de los mejores tributos que he leído en mi vida... Excelente

No esperaba enterarme por esta entrada por el fallecimiento de Enma, las pocas veces que traté con ella me bastaron para reconocer en ella la luz que en realidad era. Muy lindo homenaje Elmer.

Sofía: gracias por enseñarnos el amor, la justicia social y equidad con tanta dedicación y diligencia, y en silencio motivante. También, Elmer muchas gracias por tan bellos recuerdos de nuestra querida Enma Sofía.

A medida que iba avanzando en la lectura de tu articulo Elmer, y por su tono, sentí que algo triste se avecinaba.Lamento muchísimo esta pérdida, y aunque fue corto el tiempo que compartimos, pude percibir su solidaridad, su apoyo, y compromiso con causas nobles.

Wow!! no tuve el placer de conocer a Enma pero con este articulo, siento que la conozco desde siempre, felicidades por el articulo.

Estimado Elmer, si hace casi 4 años de la partida de mi hermana "gemela", por cortas semanas (septiembre-noviembre), como bromeaba con ella, no sabía como expresarte y por lo visto aún no lo se. Creo que llenaste el vacío de hermano que por razones que cada vez entiendo más no pude darle, lo cual valoro inmensamente. No se al decirte ahora gracias por este bellísimo y sentido artículo, que no hace más que reflejar lo bien que la conocías y la fortuna mutua que compartieron al conocerse. Con aprecio,

Hermoso homenaje a una mujer muy especial. Muy sentido relato para quienes la conocimos. Mi amiga querida que nos dejo muy pronto.

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