Escribo para aligerar. A veces escribo compulsivamente, divirtiéndome, desahogándome, por incordiar. Pero en algunas ocasiones me pongo serio y solemne, como esos seres que quieren cambiar el mundo.

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25/10/2015 17:13:47

Malacrianza, en la frontera entre el cine pobre y el pobre cine

Post-Malacrianza

Voy a hablar de Malacrianza, la película salvadoreña recién estrenada en El Salvador luego de haberse paseado ya por siete festivales en distintos países. Es el primer largometraje de ficción de Arturo Menéndez, quien ya lleva en su filmografía dos cortometrajes profesionales –Para volar (2008) y Cinema Libertad (2010)– y que ha figurado con algunos proyectos en festivales internacionales como La Berlinale o el Central American Film Festival (C.A.F.F.), en Roma, Italia.

Cuando en el párrafo anterior escribí “cortometrajes profesionales” lo hice para distinguir una etapa posterior a la etapa estudiantil que todo lo justifica, y también porque lo profesional no implica necesariamente éxito, sino ambición. Los fracasos profesionales son hitos necesarios en la carrera de cualquiera que elige dedicarse a una labor con la que cree que dará sentido a su paso por el mundo.

Pues Malacrianza es eso, el más reciente aporte profesional de Arturo Menéndez al cine salvadoreño en particular, y al cine, en general. Es sin duda su trabajo más depurado a nivel técnico, y el más coherente es su estética visual. Logra apartarse bastante –no del todo– de los conceptos visuales y rítmicos del videoclip y de las pretensiones preciosistas de sus cortos, le apuesta al concepto estético del “cine pobre” –que no necesariamente es un pobre cine– que se desarrolló como una suerte de escuela en Cuba y que instaló una nueva y propia tradición visual y narrativa en la que la suma de defectos y carencias pretende convertirse en un estilo. Eso significa trabajar siempre en la peligrosa frontera entre la obra de arte y el bodrio, o dicho de otra manera, en la frontera entre el cine pobre y el pobre cine. La gran mayoría de intentos no cae en el territorio favorable, pero quien lo hace ha hecho entregas maravillosas para la memoria fílmica latinoamericana, como Los pájaros tirándoles a las escopetas (Cuba, 1984), escrita y dirigida por Rolando Díaz; o Plaff o demasiado miedo a la vida (Cuba, 1988), de Juan Carlos Tabío; o La vendedora de rosas (Colombia, 1998), escrita y dirigida por Víctor Gaviria; o El silencio de neto (Guatemala, 1994), co-escrita y dirigida por Luis Argueta; por citar solo algunas de las películas que quiero señalar como referencia del cine latinoamericano que, independientemente de los recursos de los que gozaron, lograron la rarísima alquimia del estilo a partir de la suma de defectos técnicos de producción.

En esta mi lista de consentidas no estará Malacrianza.

A la película de Arturo Menéndez le faltó el ingrediente sin el cual la estética es incapaz de hacer el milagro: una historia bien narrada, a eso en el cine se le llama guión. El pecado reincidente de Menéndez hasta ahora ha sido buscar un lugar en el cine de autor, es decir, el cine donde hay un creador de obras absolutas en las cuáles una sola persona escribe, dirige el filme y toma otras decisiones creativas vitales para el resultado final de la obra. Ante la pantalla no vienen al caso las explicaciones de por qué lo hace de esa manera, y mucho menos el esfuerzo que implica, el mismo director lo tiene claro y lo dijo en una entrevista en El Faro en ocasión al estreno de Cinema Libertad: “ ¡Critíquenme como a una película más y dejen de hablar del esfuerzo! ”, así de contundente lo dijo.

La historia que cuenta Malacrianza es probablemente una buena historia, pero muy mal contada en la pantalla. No se trata de que se haya atenido o no a los hechos reales, porque en el cine de ficción no importa la veracidad, en el cine de ficción lo que importa es la verosimilitud. Un hecho es verosímil cuando cuenta con el principio de realidad, es decir, que construye la apariencia de verdadero, que para quien lo ve resulte creíble. La verosimilitud no manda que se trate de una situación real, manda que al ser contada tenga construido un contexto firme, que respete una serie de reglas y que mantenga coherencia entre sus diversos elementos. Y esto es aplicable para cualquier género, incluso para el cine fantástico o la ciencia ficción. Ante una película de ficción el espectador no cree que lo que ve es real, pero acepta participar de una ficción porque la narrativa le ofrece una coherencia intrínseca, pero si eso falla, el espectador o duda o despotrica.

En Malacrianza son muchas las escenas claves que están muy mal resueltas narrativamente, y esto es grave porque son los giros narrativos que le aportarían densidad a la historia y esos giros son lo que establecen lo que en cine se llama continuidad, otro de los ingredientes indispensable en las buenas películas. En esta línea argumentativa, asoman los personajes que desarrollan y se desarrollan en el guión, y que en Malacrianza resultan en un enredo de cabos sueltos que nunca llegan tejer relaciones totalmente creíbles, o al menos descifrables con cierta inmediatez. Menéndez, en este sentido, exige demasiada intuición y complicidad al público, pues solo le ofrece referencias sobre situaciones probablemente cotidianas, pero que no son tan universales como para que todo el público sea capaz de asimilarlas en su propio continuum.

Todo esto nos lleva a los temas y al argumento, y me voy a detener un poco en este punto porque considero que será útil para quien quiera abordar cualquier obra narrativa, pues toda narrativa de ficción y no-ficción utiliza situaciones y personajes para desarrollar temas, a veces con moraleja explícita y a veces solo con un punto de vista. Los temas de Malacrianza, a saber, son el miedo (ante la extorsión), la templanza (vía la religión) y la solidaridad (al encontrar el amor), sin embargo, en este caso los temas se diluyen a pesar de ser una historia bastante concisa. El problema lo encuentro en la puesta en escena del argumento.

[Advertencia de spoiler en el siguiente párrafo].

Me explico: los temas necesitan fluir en un argumento universal que permita desarrollar las acciones que transcurren en el tiempo narrativo. Para facilitarnos las cosas, los catalanes Jordi Balló y Xavier Pérez publicaron en 2009 La semilla inmortal, un libro imprescindible con una aventurada tesis que yo asumo: existen únicamente 12 argumentos posibles para la narrativa en un guión cinematográfico, que, claro, admiten matices e hibridaciones. De las 12, la que se ajusta para Malacrianza es el argumento del “intruso destructor”, que plantea la siguiente secuencia de situaciones: Tenemos una comunidad plácida pero contradictoria que recibe la visita de un “intruso” externo que genera una crisis en la comunidad, pero también brotes de unión y heroísmo, que llevan al enfrentamiento, persecución, arrinconamiento y destrucción del intruso, lo cual resuelve la crisis pero provoca cambios en la comunidad que queda “contaminada” por la experiencia. Entonces, cada transición entre situaciones debe ser impecable para que el argumento funcione, y es ahí donde falla Menéndez, tanto el guionista como el director. Es notorio el esfuerzo del editor por rescatar la película, pero debo decir que su esfuerzo se quedó corto.

[Fin del spoiler].

Un virtud indiscutible es la composición del soundtrack de la película. Las canciones de Cartas a Felice, Akumal, Pezcozada y Adhesivo suenan muy bien y son pertinentes a la narrativa, salvo la que se utiliza en la escena final porque provoca confusión y duda entre lo que dice la letra y lo que sucede en la historia. En este ámbito también, la edición de sonido está muy bien realizada, y por su parte, la mezcla de audio logra rescatar los diálogos en la mayoría de ocasiones en las que el sonido ambiente jugaba en contra. Estos son puntos a favor de la posproducción.

Ahora un par de cosas sobre el casting (es decir, tanto la elección del elenco como el elenco elegido). En conjunto, se trata de un elenco disímil, lo cual no necesariamente es un defecto, pero en este caso afecta la fluidez por los cambios de tono y registros interpretativos, lo cual es también responsabilidad de director, quien en última instancia es quien debe garantizar la coherencia y homogeneidad de la obra total. Las alarmas saltan con la aparición de Mercy Flores, una de las actrices de teatro mejor valoradas en la actualidad, pero que en la película implica un fuerte cambio de tono, Mercy impone su técnica teatral y Menéndez no supo encausar hacia la técnica cinematográfica la desbordante energía de la actriz, quien, aunque aparece una sola vez y pocos minutos, deja en la memoria su presencia. En el otro extremo está Salvador Solís, el protagonista, que resulta ser un espléndido hallazgo para la pantalla grande con extraordinaria presencia en pantalla y muy cuidada técnica frente a la cámara, tanto en su dicción, interpretación de diálogos y caracterización. En contra de Solís juegan los defectos técnicos del personaje, sin embargo su trabajo acapara muchos de los méritos de esta producción. Leandro Sánchez vuelve a demostrar aptitudes para la actuación cinematográfica, pero aún necesita terminar de dar el salto técnico hacia el cine, sin embargo, un buen director de actuación podrá aprovechar bien su talento. Ante Karla Valencia, la coprotagonista, no puedo ignorar que es su primera vez actuando, y el resultado es muy solvente, pese a la pobreza de su personaje. Herber Depaz, como el antiheróico “colocho”, demuestra madera y gran potencial. Por su parte, Rodrigo Calderón asume un personaje con potencial pero ni él ni el director logran elevarlo a la contundencia. La buena noticia es que hay un gran potencial actoral para el cine, pero no hay que olvidar que el cine es, más que ningún otro, un arte multidisciplinario y sistémico, en el que ninguna disciplina alcanza su plenitud sin el buen desempeño de las demás.

Mi consejo para Arturo Menéndez es que pruebe dirigir un guión de otra persona, sería una buena forma de aprovechar los apoyos que ha cosechado con Malacrianza y probar su valía como director. Y claro, si tiene los recursos puede seguir probando hacer cine de autor, muchos de los “autores” que han logrado una obra maestra han tenido que hacer hasta diez bodrios para conseguirlo. El mérito innegable de Menéndez es ser el modelo de productor que El Salvador necesita para dar continuidad a su historia cinematográfica.

Termino diciendo lo que siempre digo cuando se trata de una película salvadoreña, aunque haya sido La rebúsqueda: hay que ir al cine y verlo para poder ser parte legítima de la historia del cine nacional y para que al opinar se pueda estar de acuerdo o en desacuerdo con la experiencia propia como fundamento. El cine como fenómeno cultural identitario es una elaboración colectiva que trasciende la crítica especializada y las exquisiteces de los híper informados. Nunca digo que “hay que apoyar”, lo que digo es que hay que verlo para saberlo. Este año se entregó el Premio Nacional de Cultura a José David Calderón  –por primera vez a la rama de audiovisuales– por haber hecho Los peces fuera del agua, en 1969, una película que solo hemos visto una insignificante minoría de salvadoreños, y eso no es justo para nadie.

 

 


POST DATA 1:

Para conocer los detalles de la producción de Malacrianza lea la entrevista con Arturo Menéndez, director de Malacrianza: "Los salvadoreños tienen sed de verse a sí mismos en la pantalla"

POST DATA 2:

El viernes 23 de octubre, un día después del estreno de Malacrianza, compartí cabina con Arturo Menéndez y André Guttfreud (productor creativo) en el programa Pencho y Aída, donde adelanté algunas de las ideas que compartí en esta crítica. El tiempo dio para esbozar ideas sobre las virtudes y los defectos, y esas ideas y otras son las que están desarrolladas en este texto.  

Comentarios

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Al leer el titulo me moleste un poco, pense que era una critica destructiva, pero decidi finalmente leer todo el articulo y me gusto QUE FUESE UNA CRITICA CONSTRUCTIVA, estoy lejos de El Salvador y ahora tengo mas ganas de ver esa pelicula. Saludos.

Película de 5 pesos.

Tiene espacios el cine salvadoerno/centroamericabno en otros paises:Honduras,NIcaragua,Colombia?? Los archivos de la Guerra,etc.

Gracias a esta crítica voy a ver Los Peces Fuera del Agua y me ayudó un montón en entender ciertos roles de los agentes que producen cine, muchas gracias por comentarios tan acertados, me gusta el cine y me considero peque en este rubro, sé que falta mucho por ver pero es mejor cuando nos guía que ir viendo. Saludos.

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