Escribo para aligerar. A veces escribo compulsivamente, divirtiéndome, desahogándome, por incordiar. Pero en algunas ocasiones me pongo serio y solemne, como esos seres que quieren cambiar el mundo.

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11/11/2014 12:32:07

Los archivos perdidos de los otros ofendidos

El director y publicista Gerardo Muyshondt estrenó ayer lunes 10 de noviembre su segunda película documental, su primera fue Uno, la historia de un gol. Como productor ejecutivo de esta nueva película figura el empresario Ricardo Simán, como productor Sergio Rodríguez y  Garage Films como la empresa productora.

Para ser preciso, lo que se estrenó fue la primera parte de una serie de tres películas que ha titulado, para resquemor de rigurosos historiadores, El Salvador: archivos perdidos del conflicto. Esta primera parte dura al rededor de 90 minutos que transcurren entre imágenes de archivos y declaraciones de reconocidos personajes protagonistas de las realidades que el documental se propone explicar.

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Afiche del documetal "El Salvador: archivos perdidos del conflicto" en la marquesina de Cinemark del centro comercial La Gran Vía / Foto tomada de la página oficial de Facebook de la película.
Las imágenes, fotografía y video, provienen de archivos (¿perdidos?) proporcionados por las cadenas de televisión locales y algunos particulares que tuvieron la visión de grabar gran parte de los noticieros de los años 80, según ha explicado el propio director. Las entrevistas fueron realizadas durante los últimos dos años en un estudio de grabación con perfecta iluminación y sonido. Muyshondt asegura que 52 personajes, hombres y mujeres, se sentaron en el mismo sillón a responder un mismo cuestionario. Y supongo que es la narrativa del cuestionario la que se desarrolla en el guión. Se trata de una narrativa lineal, es decir, que sigue el orden natural del tiempo, de lo más antiguo a lo más reciente. Esta primera parte inicia en las dictaduras militares posteriores a los 50 y termina esta primera parte un poco después del asesinato de Monseñor Romero. Es la cantidad de información conseguida la que ha obligado a dividir en tres la película total: causas, guerra y firma de la paz.

El cine documental, como género, es una permanente pregunta. Los documentalistas dan respuestas muy variadas, algunas con fundamento en lo técnico, otros respecto a la veracidad del contenido, y otras desde su intimidad expresiva. No hay acuerdo. Como crítico he tenido que sacar algunas conclusiones que se tambalean frente a cada pieza de este degenerado género que veo. Rechazo la idea de que el cine documental deba ser no-ficción. Al menos no radicalmente como debe ser una investigación judicial, científica o, acaso, periodística. En el cine sin apellidos lo fundamental es el lenguaje, y el cine ha desarrollado un lenguaje multidisciplinario que es manipulado por una persona que dirige toda la obra. Lo visual (la cinematografía) y lo narrativo (el guión, que no es literatura) es sometido a decisiones lingüísticas en las que se aplica la semiótica y la semántica. Es una danza efímera entre significados y significantes que solo tiene en firme el nombre y el tiempo de cada paso.

Me extiendo en esto porque creo que es necesario advertir que es sobre el lenguaje del cine que expongo mi crítica sobre una pieza de cine documental, y sé muy bien que dentro del género de cine documental hay una retahíla de subgéneros que van desde el documental científico y social, o de expertos, pasando por el (indeseado) documental institucional, hasta llegar al documental hiperrealista o el documental hiperestético. En todos hay al menos tres premisas que atender: primero, que no haya actores actuando; segundo, que los hechos que se narren no sean ficticios; y, tercero, que se cuente con evidencia (documentos o testimonio oral) de que las dos primeras premisas se cumplen. Luego hay otras premisas bastante relativas que cada director o directora aplica según su talante, como que no haya efectos especiales, ni alteración dramática, ni en el flujo natural del tiempo, entre otros, como ya dije, sumamente relativos.

Dicho esto, empiezo por ubicar El Salvador: archivos perdidos del conflicto en el subgénero de documental de expertos en su expresión más tradicional: la entrevista aislada versus imágenes de apoyo desarrollada en un orden cronológico lineal. Los entrevistados son expertos en el tema o los temas que aborda el documental, para el caso, el conflicto armado, o la guerra, como han rehuído en el titular. Los expertos en este caso son los personajes de la película, pero son personajes sin desarrollo narrativo, es decir, el espectador ya sabe (o debe saber) quiénes son y qué hicieron, porque no va a descubrir nada nuevo sobre ellos allende lo que saben o piensan sobre el tema. Las entrevistas aisladas con un solo fondo y en un mismo sillón los homogeniza en extremo en su calidad de testigos, solo las placas con sus nombres y cargos pertinentes aportan información, pero es la más básica. Lo que nos está diciendo el director es que a él le interesa contar lo que dicen no quiénes son. Esto genera personajes unidimensionales, indolentes, que irremediablemente terminan siendo aburridos por muy interesante que sea lo que digan porque el tiempo en el cine es cruel con el espectador cuando no hay tensiones, ni matices, ni emociones.

El director busca compensar usando información visual histórica y personal con imágenes de apoyo que cumplen una función eminentemente ilustrativa y funcional, no hay intención (o capacidad) narrativa que ayude a humanizar un relato que está contando desde la perspectiva de los vencedores, aunque técnicamente en la guerra de El Salvador no hubo "ni vencedores ni vencidos", la historia (y el documental) muestra a personajes con poder, un poder, de alguna especie, que les dejó la guerra. Este poder los hace a ellos, por default, los ganadores. Y si nos ponemos semióticos, así se ven todos y todas, maquillados, bien iluminados, en el centro de un espacio escénico bastante épico, bien vestidos, saludables, complacidos, orgullosos de ser los voceros-triunfantes-sobrevivientes del conflicto. Todo esto es creación del cine, no es que los personajes sean totalmente así en su cotidianidad, recuerde que sus frases fueron seleccionadas y ordenadas para cumplir la intención del director del documental.

Hagamos un ejercicio que todos los cineastas o creadores odian que haga un crítico. Imaginémonos que está película fuera como no es, pero solo en un detalle: imagíne como percibiría usted las mismas declaraciones si las entrevistas hubieran sido en el ambiente cotidiano de estos personajes, si la producción se hubiera permitido explorar en la intimidad de una sala, un estudio o una cocina el tema sobre el que estos personajes son expertos, si la cámara hubiera buscado significados y contrastes en una escena real. ¿Cree que la película ganaría en algún aspecto?

Pero las decisiones en el cine, y por lo general, tienen una motivación. La de Muyshondt bien pudo ser mantener el control de las percepciones que un producto comunicación podría provocar. Recordemos que esta es la primera vez que se cuenta en el cine la historia de la guerra desde la derecha política y social de El Salvador. Digo en el cine porque en los noticieros y periódicos siempre se contó esa versión, pero esta película pretende ser el suprarrelato cinematográfico con la ambición histórica de sumar esta visión a los varios testimonios audiovisuales que se han producido desde las izquierdas, tanto en El Salvador como en el extranjero. Y no quiero decir con esto que se trate de un acto sesgado deliberadamente, digo que se trata de una visión desde un lado de un conflicto, y esto, cinematográficamente solo es relevante en la medida en que afecta el producto artístico como tal, que es lo que me toca a mí comentar. Sobrará quien quiera ahondar en las valoraciones ideológicas, académicas, políticas y sociales.

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Para promover "El Salvador: archivos perdidos del conflicto" se realizaron variadas acciones publicitarias como la que se muestra en la imagen que se distribuyó en redes sociales.

Una de las fortalezas de El Salvador: archivos perdidos del conflicto es, indiscutiblemente, el archivo documental del que logró disponer y las 52 entrevistas. Como los mismos productores lo han dicho, ha sido la cantidad de información la que los lanzó a hacer una película de tan larga duración cortada en tres partes. Será hasta ver la tercera parte que podremos saber si fue una decisión acertada o solo producto de esa gula egoísta que a todos los que trabajamos con información nos tienta ante la abundancia, pero la mayoría de las veces esto juega en contra del producto mismo, y, en el peor de los casos, en contra del público. Tal como resultó esta primera parte, dudo que sea viable que un espectador soporte 270 minutos contínuos en este formato.

La cinematografía y la postproducción es técnicamente impecable. Es, sin duda, la mejor imagen y el mejor sonido que una producción cinematográfica hecha en El Salvador ha conseguido hasta ahora, aunque vale acotar que se trata de una producción con los mínimos de exigencia de una producción en un set fijo en un estudio. Es muy destacable en la posproducción todo el trabajo de animación desde los créditos iniciales y finales, hasta las infografías durante el desarrollo de documental. Esto anima a pensar que tal vez en la publicidad tengamos también nuestra fortaleza para producir cine con alta calidad técnica, esto lo podremos comprobar sometiendo esta capacidad a retos más complicados.

Lo bueno es que parece que vivimos una semana de oro en la producción del cine documental en El Salvador y sobre El Salvador. El Salvador: archivos perdidos del conflicto estará a partir de esta semana en cartelera, y también esta semana la productora Trípode Audiovisual presentó su proyecto documental La batalla del volcán, dirigida por Julio López, que abordará la Ofensiva Hasta el Tope que la guerrilla del FMLN inició el 11 de noviembre de 1989 sobre San Salvador. En otros tópico, Edwin Arévalo estrena Memorias, un documental biográfico y filmográfico sobre el director salvadoreño Alejandro Cotto, este jueves 13 en Suchitoto y viernes 14 en San Salvador. También el documentalista mexicano Carlos Jiménez estrenó en el país el 11 de noviembre Emboscando al olvido, una película sobre un grupo de mexicanos que participaron en la guerra de El Salvador.

El cine salvadoreño hay que verlo, no con la ciega consigna de apoyar lo nacional, sino para evaluar el trabajo de los cineastas y saber qué es lo que tenemos que exigirles. El Salvador: archivos perdidos del conflicto es una buena intención realizada con altos estándares técnicos y una inteligente estrategia de mercadeo, valores que ojalá puedan ser replicados en cada producción nueva. Su debilidad está en el formato narrativo y en la poca ambición informativa, pues nunca le apuesta a revelar nada nuevo, aunque sí reúne información de manera útil y didáctica para que la generación de postguerra conozca algunos hechos históricos importantes, rostros y opiniones de algunos de sus protagonistas con la visión de que en el conflicto hubo otros ofendidos y este era su turno de manifestarse. Pero, en honor a la verdad, hay archivos que siguen perdidos.  


Comentarios

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Es muy rescatable este aparente esfuerzo por crear diálogo sobre el pasado reciente. Como decís, la historia en filme era la de los documentales del Sistema Radio Venceremos y la de la derecha estaba en los medios de comunicación, pero detalles como el uso del lenguaje o el manejo de la nota televisiva no carecen del carácter polaroid que sí tiene el documental.

No sé si esté dispuesta a pagar por ver algo así, pero quizá valga la pena ir a ver cómo me cuenta el cuento el otro lado del espectro.

Es muy rescatable este aparente esfuerzo por crear diálogo sobre el pasado reciente. Como decís, la historia en filme era la de los documentales del Sistema Radio Venceremos y la de la derecha estaba en los medios de comunicación, pero detalles como el uso del lenguaje o el manejo de la nota televisiva carecen del carácter polaroid que sí tiene el documental.

No sé si esté dispuesta a pagar por ver algo así, pero quizá valga la pena ir a ver cómo me cuenta el cuento el otro lado del espectro.

AL final Elmer muchas palabras y no dijistes nada.

He visto el documental y me parece excelente. recorde la ofensiva final.Mi sobrino noto algo del documental, "todos los del gobierno de turno muestran gestos nerviosos en las entrevistas". Gutierrez castro se amaricono en la ofensiva final, me consta, abandono su casa de habitacion.

A veces uno no dice lo que alguien quieren oír y eso para ese alguien es igual a que uno diga nada. Pero así es en este oficio.

En todo caso, mi recomendación es ver la película con criterio propio y decir después lo que no oyó de nadie.

Es necesario conocer la historia de la desde el otro punto de visto porque en escuelas y en universidades les implementan odio a los jóvenes y eso es muy malo. esta película viene a tratar sobre temas coyunturales

Me parece un aporte excelente el que han otorgado. saber mas sobre temas que han marcado nuestra historia y nuestro país es de suma importancia

Para entender un poco lo que escribio, desde el punto de vista del cine como expectador, creo que lo que hizo es copiar un poco su exito con UNO LA HISTORIA DE UN GOL, aunque no he visto este nuevo documental. Pero basandome en su información. Creo que no esta mal, pero como usted lo dice si esta primera parte no enamora, posiblemente no se quiera ver el resto. Le pongo un ejemplo yo vi la trilogia del Sr. de Los Anillos, pero nunca más la he vuelto a ver. Demasiado larga y en casos el director se perdio dandole demasiado vueltas a una historia que ya se habia acabado en especial en la tercera parte.

Saludos,

Exacto! lo mejor es ver el documental bajo nuestro propio criterio y luego criticar equilibradamente lo que vimos mas allá de si compartimos o no la visión de los productores. Excelente Elmer.

Es la voz de la derecha, no hay muchas sorpresas ni archivos perdidos ni nada.

Lo valioso de esto es que es la primera vez que esta concentrado esa velada voz de derecha en un documento. Asi es muy sencillo contrastar.

Me da la impresión que es la visión que la derecha de este país quiere escuchar de la guerra. Pero al mismo tiempo, ya era hora que la derecha intentara contar su visión de los hechos. No se ve a nadie de las FPL o PC en el trailer, ojalá sí en la pelicula pues los personajes de la izquierda que se aprecian son los tolerados por la derecha nacional. Ojalá me equivoque.

Fuí a ver la película y sinceramente no cumplió las expectativas que me había creado sobre ella. No hay nada nuevo en ella y todo lo que ahi se muestra y dice, alguien medianamente educado ya lo sabe. Si es rescatable la fotografía y el audio pero no más. Creo que me entusiasmó más la entrevista que tuvo el director con Moisés Urbina que la propia peli. Pienso que la intención del documental es buena, pero creo que deberían usar más recursos gráficos para no hacer tan cansada la apreciación del auditorio en los cines.

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