Escribo para aligerar. A veces escribo compulsivamente, divirtiéndome, desahogándome, por incordiar. Pero en algunas ocasiones me pongo serio y solemne, como esos seres que quieren cambiar el mundo.

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22/08/2014 13:41:12

La carta de Jacinta a Tigo y la responsabilidad cultural empresarial

TigoPost

Hace unos días, la novelista salvadoreña Jacinta Escudos publicó en su blog una "Carta abierta a Tigo El Salvador". Una carta que seguramente muchos hemos redactado en nuestras mentes en uno de esos lapsus de frustración que nos provocan las empresas al fallarnos, estafarnos, maltratarnos, engañarnos, insultarnos, incumplirnos sus promesas de marca, pero que nunca llegamos a escribir, ni a mandar a donde se debe. Algunos llegamos a desahogarnos en redes sociales y es así como empezamos a olvidar la traición.

La carta de Jacinta era motivada por su "malestar ante el retiro del canal Film & Arts de su parrilla de programación" del servicio de cable, y expresa el caso reiterado del retiro de contenidos culturales del servicio y el detrimento de los que ya ofrece, como imponer canales con programación doblada. Jacinta también evidencia la estrategia comercial que hay detrás de eso, que se pague más, pero a veces ni pagando más se soluciona la carencia cultural. A lo mejor no es una práctica exclusiva de Tigo, pero yo también soy usuario de Tigo, entonces solo puedo dar fe de este caso. 

Pero hay un párrafo en la carta que toca el punto que motiva este post, algo que podría llamarse la responsabilidad cultural de las empresas. De todas las empresas en general, pero en particular de las que caben bajo la categoría de industrias culturales y de tecnologías de la información y la comunicación (TIC): medios de comunicación social, televisión, cine, libros, música, cierto entretenimiento y otros que algunos llaman industrias del ocio porque alegan que provocan actividades que nos son productivas materialmente.

Jacinta escribe: "Comprendo que ustedes no son una fundación preocupada por la promoción de la cultura en El Salvador. No nos engañemos. Ustedes son una empresa comercial que vende un servicio. Su éxito comercial se basa en la cantidad de clientes que contratamos sus servicios y en las ganancias económicas que perciben por ello. Seguramente por eso, tienen escaso aprecio o interés sobre el valor de algunos canales que ofrecen y parten del prejuicio de que la mayoría de la población prefiere canales de deportes, películas de acción, telenovelas y series de televisión basura. Pero como empresa comercial que son, deberían tomar en cuenta que los clientes que pagamos puntualmente nuestras facturas tenemos derechos y además, no tenemos los mismos gustos ni los mismos intereses". Quizá nunca sabremos si este mensaje llegó y mucho menos qué provocó, hasta la fecha (viernes 22 de agosto) parece no importarles, porque no ha habido ni siquiera un acuse de recibo. *

El punto crítico es que aunque no sean fundaciones filantrópicas, por el papel que juegan en la vida de la ciudadanía tienen una responsabilidad puntual porque quieran o no, pretendan o no, educan a sus clientes cuando les proveen información, contenidos y hábitos culturales que influye directamente en su desarrollo humano y en el del país entero. El limitado acceso a la cultura en El Salvador ya provoca la migración forzosa de científicos, académicos, artistas, deportistas y otras personas que necesitan un contexto que potencie su talento.  

Las estrategias de mercado de estas empresas también evidencian prejuicios graves sobre el público al que se dirigen: con sus acciones nos llaman ignorantes o incultos, subestiman nuestra capacidad de comprender ciertas manifestaciones culturales, nos privan de la diversidad cultural del mundo y nos limitan a reproducir los hábitos que convienen a su negocio. Por ejemplo, cuando las distribuidoras de películas y salas de cine deciden no proveerle cotidianamente al público cine hecho fuera de Hollywood y le imponen solo las producciones súper taquilleras están asumiendo que ustedes y yo no somos tan "cultos" como para asistir en masa a ver películas "complicadas", con formas y fondos alternativos, que somos poco educados como para entender algunos temas. Ni siquiera tienen la visión de contribuir a desarrollar un mercado para esos productos, es decir, crearse cliente a futuro, porque han llegado a la conclusión de que nunca vamos a elevar nuestro nivel cultural porque somos tarados de origen.

Lo mismo pasa con las cadenas de radiodifusoras, con las librerías, los periódicos, con las editoriales, con las galerías de arte, incluso con las cadenas de tiendas de ropa y muebles "de diseño", que nos condenan a consumir un tipo uniforme y limitado de música, de libros, de noticias, de arte y artículos cotidianos que tienen un enorme potencial cultural y para crear un mercado para las industrias culturales. 

El Salvador es un país con un Estado siempre pasmado frente a la Cultura, no gozamos de la protección ni la garantía de nuestros derechos culturales, ni siquiera en las áreas más básicas: no hay museos de arte nacionales, no hay educación formal media ni superior para las artes, las humanidaes y la ciencia, no hay leyes que garanticen mínimos estratégicos, ni siquiera hay debates públicos de los que aprender de cultura política. En esta escena, son empresas privadas las que proveen contenido cultural a nuestras vidas, de la calidad de estos contenidos depende mucho más de lo que podemos imaginar.

La Cultura no es abstracta ni exclusivamente discursiva, es muy real, muy política, muy económica, muy social. Muchos países –emergentes y ya emergidos– al rededor del mundo lo han asimilado tanto en sus Estados como en sus mercados. Las empresas privadas nacionales o transnacionales han sido parte fundamental del desarrollo cultural de los países que más admiramos por su producción artística y cultural. Las opciones son varias y no se limitan a malentendidos programas de responsabilidad social y patrocinios –que no están demás–, pero aportarían mucho más asumiendo que las actividades normales de su negocio podrían generar mucho más que dinero: podrían aportar conocimiento, es decir, verdadero desarrollo humano.

* La empresa Tigo reaccionó a la carta abierta de Jacinta Escudos citándola a una reunión el pasado viernes 29 de agosto. Ella cuenta los destalles de esta reunión es este post.

Comentarios

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Jacinta: No olvide que los medios de comunicacion son un arma para manejar al pùblico, segùn intereses de las transnacionales para dominio y consumo. Es un arma para tener dormido al pueblo y un pueblo menos iletrado es mas manejable en terminos politicos. Mantener un pueblo insensible y sin identificacion cultural es la mejor forma de ejercer un dominio politico en las naciones.

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