Escribo para aligerar. A veces escribo compulsivamente, divirtiéndome, desahogándome, por incordiar. Pero en algunas ocasiones me pongo serio y solemne, como esos seres que quieren cambiar el mundo.

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01/06/2014 17:13:29

¿Y @sanchezceren y @oscarortizsv seguirán entre nosotros los tuiteros?

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El presidente Mauricio Funes nunca tuvo una cuenta personal oficial de Twitter, nunca quiso tener una voz propia en el ciberespacio, nunca quiso participar en este nuevo foro de la comunicación horizontal. Prefirió explotar al máximo –¡al máximo¡– la radio y la televisión, y eventualmente los medios impresos, para comunicarse con el mundo. Prefirió ejercer el 
ancien régime de la comunicación social, es decir, la comunicación vertical, ese esquema en el que uno habla y los demás solo escuchan, donde el poderoso expone y el menos poderoso solo escucha.

Un ejemplo es su programa Conversando con el Presidente. Prefirió un sistema mediado y controlado de participación, las llamadas no eran en vivo sino pregrabadas (seamos condescendientes y creamos que eran llamadas reales de personas reales) y las que se ponían al aire eran pocas y escogidas. Asumiendo que cientos de personas hubieran querido hablar con el mandatario cada sábado, hubiera sido un programa de dos horas exclusivo para que Funes conversara con el pueblo todo el tiempo, como lo prometía el mercadeo del programa, pero visto está que no era esa la intención: Funes es un político no un agente de servicio al cliente.

El siguiente gráfico elaborado y publicado por El Faro el 3 de marzo pasado, ilustra como se distribuyó el uso del tiempo al aire de Conversando con el Presidente en los meses preelectorales, tendencia que no tuvo variación postelectoral entre marzo y junio, sus últimos meses como mandatario.

La estrategia la redondeaba Tranparencia Activa, el periódico presidencial que servía de escenario exclusivo para los mensajes que el presidente quería dar y generaba las notas y los "links" que las cuentas institucionales distribuían. El dato de que  @presidencia_sv solo consiguiera 50,919 seguidores entre noviembre de 2009 y el 1 de junio de 2014, y que @TransparenciaSV llegara a solo a 11,754 entre febrero de 2012 y el 1 de junio de 2014 evidencia que ninguna de las cuentas cumplía con las expectativas del gran público de esta red social: ideas, ingenio y utilidad.

A favor de sus estrategas socialmedia se puede decir que ninguna cuenta oficial de los partidos políticos principales (@FMLNoficial y @ARENAOFICIAL) alcanzaron los 50,000 seguidores a pesar de la intensidad de la campaña, y que tampoco los candidatos "oficialistas". Hay que decir que @norman_quijano sí supero los 62,000 seguidores, pero todos vimos que invirtió mucho dinero en promoción pagada y adquisición de seguidores. 

Pero bueno, Mauricio Funes ya pasó a ser un expresidente al que juzgará, como mínimo, la historia, y alguno que otro gurú certificado de márquetin político digital. A lo que aquí quiero llegar es a lo que nos espera con el nuevo gobierno del FMLN

Tanto Salvador Sánchez Cerén como Óscar Ortiz usaron cuentas de Twitter en esta campaña. Ortíz ya la usaba como alcalde de Santa Tecla desde el 11 de agosto de 2011, y, de hecho, para efectos de campaña vicepresidencial cambio el nombre de usuario: pasó de ser @alcaldeortiz a @oscarortizsv. La cuenta de @sanchezceren data del 17 de mayo de 2010, pero su primer tuit fue casi dos meses después y se mantuvo con muy bajo perfil hasta que inició la campaña presidencial. Ambas cuentas han sido concebidas como canales institucionales y no como cuentas personales, y así se expresan. Son manejadas por equipos de comunicación y no pretenden engañar a nadie diciendo que los textos publicados salen de los dedos de los funcionario.

Hasta ahora, bien o mal, la presencia virtual oficial de los ahora gobernantes de la República de El Salvador ha cumplido una función puntual, hacer campaña electoral. ¿Y ahora qué? ¿Seguirán con la misma estrategia impersonal y claramente institucional? ¿Les interesa Twitter como una manera de estar entre ciberciudadanos para conversar, es decir, escuchar y responder halagos y críticas? Está comprobado que las cuentas de Twitter de presidentes y presidentas de Latinoamérica más exitosas son las que llevan el sello y genio personal de sus dueños. Así las utilizan para saltarse a la prensa para llevar sus mensajes a la población y a la prensa misma. Las utilizan para debatir, bromear, arengar o ser parte de la conversación nacional y mundial. Felicitan, dan pésames, pelean, hablan de fútbol, de películas, algunos hasta de libros, de personajes públicos, y de esas cosas que los hacen parecer cercanos. Sus seguridos los has podido ver/leer alegres, enojados, indignados, iracundos, bromistas, sarcásticos, los han podido ver/leer a ellos mismo, a veces sin protocolos y sin seguir sus manuales de buenas maneras.

En esta práctica los gobernantes se juegan mucho, pero si se atreven a ir por ese camino suelen contar con la suficiente autoestima y habilidad retórica para salir avante, y en casos como los de los expresidente Álvaro Uribe y Felipe Calderón les ha garantizado la vigencia política autosotenible.

No soy de los que creen que las redes sociales de internet reflejen la Realidad ciudadana, y hay datos que sustentan mi percepción: solo el 25.5% de la población salvadoreña tiene acceso a Internet, según el Banco Mundial, y de acuerdo al estudio que publicó Ilifebelt en en abril de 2014 solo el 14% de los usuarios de internet en Centroamérica tienen una cuenta en Twitter y un 24% en Facebook.

Lo que sí creo es que las redes sociales reflejan una parcela de la realidad ciudadana, a lo mejor no una parcela representativa demográficamente, pero sí una creciente masa de influenciadores, una masa desigual en la que una mínima porción expresa opiniones críticas e informadas contra una dominante porción que simplemente expresa sus emociones políticas y sus prejuicios culturales sin mediación alguna de razonamientos informados. Y no se pueden ignorar las prácticas sucias que perturban la fuerza socialmedia: los ejércitos de trolles profesionales (pagados) que alteran los debates y los orientan por la ruta de las viseras sin esperanza de llegar a la añorada construcción colectiva de conocimiento. Lo cierto es que aquí hay un caldo de cultivo para los estrategas de comunicación política, un poder que pueden usar para el bien o para el mal, o simplemente para hacer política. Ya nos daremos cuenta qué decidieron. Por ahora, no se sabe qué hará el nuevo gobierno con el programa de radio presidencial ni con los medios de comnunicación oficiales.

Mi pregunta básica es ¿@sanchezceren y @oscarortizsv seguirán entre nosotros los tuiteros? No creo que opten por borrar sus usuarios, ya desde el 1 de junio vistieron sus perfiles con el lema inauguran de su gobierno, pero me intriga cómo será el uso que les den. Pero mi pregunta esconde una intriga mayor y menos virtual ¿Salvador Sanchéz Cerén y Óscar Ortíz participarán en el diáologo social de forma constructiva? ¿Serán tolerantes a la crítica? ¿Serán accesibles a la prensa? ¿Realmente ejercerán la transparencia? ¿Harán pública la información que debe ser pública? Y en resumen ¿Serán distintos a Mauricio Funes?

 


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