Escribo para aligerar. A veces escribo compulsivamente, divirtiéndome, desahogándome, por incordiar. Pero en algunas ocasiones me pongo serio y solemne, como esos seres que quieren cambiar el mundo.

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12/06/2014 18:05:07

Contra el fútbol

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«Un mes a puro fútbol», una caricatura de Otto Meza.

 

El Mundial será una calamidad que por suerte pasará.
—Jorge Luis Borges, al inicio de Argentina 78.

Escribo por (ingenuo) oportunismo, buscando atención para mis argumentos críticos contra el fútbol. Cito a Borges porque para ir a contraviento siempre viene bien el soplo de un sabio respetado. Ahora bien, tengo que aclarar que mis argumentos no van en contra del deporte llamado fútbol, van en contra de la religión llamada fútbol, de la política llamada fútbol, del delirio llamado fútbol.

Borges también decía, con un impostado y efectista simplismo, que "El fútbol es feo estéticamente. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". Yo he llegado a entender bien que los futbolistas profesionales son (o deberían ser) atletas de alto rendimiento y que el juego de equipo en la cancha es resultado de una estrategia que conlleva un depurado ejercicio intelectual. Si hay en la cancha cuerpos en su máximo potencial físico ejerciendo inteligencia colectiva, hay belleza, incluso hay erotismo en el sentido griego del concepto. Borges, que era un genio, entendía todo esto, pero su discurso buscaba, como el mío, expresar un desacuerdo radical con todo lo pernicioso que se genera en torno al fútbol, todo lo religioso, todo lo político, todo lo injusto, todo lo degradante que cabe en la máxima romana que apuntala la sacrosanta idea de democracia: «Panem et circenses», «Al pueblo, pan y circo», infalible fórmula que todo gobernante aplica sin excusas: ofrecerles a sus pueblos espectáculos nacionalistas masivos a cambio de aceptación e indulgencia, a cambio de voluntad y obediencia, a cambio de mantenerse lejos de los asuntos más vergonzosos. Entonces, si cambia la palabra «circo» por «fútbol», y quita la palabra «pan» (porque habiendo fútbol sale sobrando), la máxima queda a la justa medida del siglo XXI.

Detallo a continuación los hechos que no me gustan del fútbol en un acto de subjetividad absoluta que no busca consenso, ni siquiera aspira a un debate sensato. Mucho menos me hago ilusiones de que alguien apague el televisor durante un partido de fútbol. Apenas tengo una traslúcida esperanza de que alguien esté leyendo esto. 

I
Que haya sido el pueblo brasileño el que protestara tan beligerantemente contra los gastos estatales en el montaje del Mundial 2014 ha sido un mensaje contundente pero que nadie quiere oír. Que haya sido la ciudadanía del pentacampeón mundial de fútbol, del país de Pelé y de una retahíla de superestrellas futbolísticas la que esté denunciando las dramáticas carencias sociales que no son atendidas mientras se destinan miles de millones de dólares a construir estadios y carreteras hacia esos estadios y todo tipo de infraestructura que garantice que esos estadios estén llenos durante un mes debería resultar, como mínimo, conmovedor. Pero no. Así es el fútbol, hace que nada sea más importante, se impone su superioridad a espaldas de la inmensísima mayoría aficionada y fanatizada. La democracia mayorista juega en la cancha y no habrá sentido humano ni sentido común que logre vencerla. No queda más que asumir la derrota de la causa humanitaria cuando se suman a la masa gran cantidad de políticos, intelectuales, artistas, periodistas y funcionarios, la reserva moral del mundo, casi en pleno, se arrodilla ante una pelota de cuero llena de aire.

II
No hay otro escenario más explícito para el derroche sin censura del ingenio homofóbico y sexista de la cultura latinoamericana y con motu propio de la salvadoreña. No hay mesura y todo insulto lo justifica la "pasión" que el fútbol despierta. Y resuenan a granel a toda voz y a coro ¡Culero! ¡Maricón! ¡Mariquita! ¡Niña! ¡Mujercita! como "insultos deportivos" contra el que falla, el que pierde, el contrario que gana, el del otro equipo. Se insulta sin que jamás se reconozca como insulto –"yo no soy homofóbico, vos sabés", dicen– y toca escuchar que se utilice la identidad sexual de miles de personas como ofensa y no hay manera de que se contemple la mínima empatía con el sentir del homosexual y de la mujer al escuchar tanto grito insultante. Pero así es el fútbol, desata la pasión mayoritaria y es sabido que en estados y en los estadios de éxtasis aflora la versión menos sapiens de nuestra especie pero todo esto se disculpa ante el atenuante del juego más bonito, del deporte más sublime.

III
Siempre en la línea de la cultura machista –o heterocéntrica, si les suena menos militante– retomo el símbolo de la pelota de fútbol como garante de la heterosexualidad masculina. A todo ser humano nacido varón le debe gustar el fútbol y todo padre que ejerce en esta parte del mundo sueña con eso y teme que no sea así. El juguete por excelencia para los niños –la muñeca es para la niña– y el juego obligatorio. Ay del niño que no le guste el fútbol, los padres comprensivos no suman ni para una minoría, y no se diga de la presión y el bullying en el colegio. El determinismo sexual que implica el fútbol provoca angustias y ansiedades precoces, independientemente de la sexualidad de cada quien. Abro un paréntesis autobiográfico para contar que mi padre era algo así como el dueño-presidente de uno de los equipos de fútbol del pueblo en que crecí, del Chichontepec F.C., y mi hermano, 15 años mayor, era la estrella del equipo, crecí rodeado de los "juguetes" profesionales del fútbol, con un futuro asegurado de futbolista, pero el fútbol nunca me interesó y tuve la enorme fortuna de tener un padre al que eso no le pareció mal, me quiso inducir al principio, pero nunca me obligó ni tampoco me hizo sentir mal por eso, y se conformó con que yo me limitara a ser la "mascota" del equipo. Cierro el paréntesis para seguir diciendo que he visto demasiados casos en que el fútbol es un violento escenario emocional que ha lesionado varias autoestimas por culpa del heterocentrismo social. Así es el fútbol. Y aquí no hay cita de Borges porque en este tema en particular Borges no era el más interesado.               

IV
Otra de las cosas que sí señalaba Borges es que "El fútbol despierta las peores pasiones, despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte. Porque la gente cree que va a ver un espectáculo, pero no es así. La gente va a ver quién va a ganar. Porque si les  interesara el fútbol, el hecho de ganar o perder sería irrelevante, no importaría el resultado, sino el partido". Aunque creo que la competencia deportiva es sana y hasta creativa, creo que cuando el fanatismo se cuela, la consecuente irracionalidad se convierte es confrontación destructiva con extremos violentos. No falta quien justifique, otra vez, como un acto de amor (o de guerra) y nacionalista aunque la nación sea de otros. La victoria completa su sentido con la humillación del perdedor. Pero así es el fútbol. 

V
El tremendismo de la banalidad. Ilustro con otra cita de Borges con la que no comulgo del todo, pero que sirve para el señalamiento: "Detesto el fútbol, es un juego brutal que no requiere un coraje especial, porque nadie se juega la vida [...] Pero todos hablan de fútbol y pocos lo entienden en forma concreta. Entonces hacen de un triunfo o una derrota una cosa de vida o muerte". Ni la pobreza, ni la violencia social, ni el trabajo infantil deprimen a la mayoría de hinchas como los malos resultados en el fútbol. Así es el fútbol.

VI
Para una minoría de los amantes del arte, la cultura y la ciencia suele ser un tópico el resentimiento y la envidia por la prioridad que los Estados y las sociedades le dan al fútbol por sobre el arte, la cultura y la ciencia. Los presupuestos de las selecciones nacionales compuestos por fondos públicos y patrocinios privados superan sustancialmente los presupuestos estatales y patrocinios privados destinado para el arte, la cultura y la ciencia. Se invierte infinitamente más en 11 jugadores, sus suplentes y equipo técnico que en todos los trabajadores de la cultura, el arte y la ciencia de nuestros países, no importa cuántos premios mundiales ganen los artistas, académicos o científicos, nunca recibirán la misma atención que recibe una selección nacional de fútbol aunque siempre sea perdedora. Borges traía al cuento, con cierta sorna, como lo hago yo con él, a los poetas clásicos. "Se está gastando la plata en hoteles y canchas de fútbol. ¡El fútbol!, Una miseria, una cosa tan frívola... "Los viles (o plebeyos) jugadores de fútbol”, dice Shakespeare en El Rey Lear, y Kipling también habla desdeñosamente de ellos, ¡él, un poeta nacido en Bombay, que creía en el Imperio Británico, no en esas cosas tan miserables y bajas como el fútbol!", declaraba al Clarín en 1981. Así es el fútbol, es más rentable política y electoralmente, y lo mejor es que no son necesarios los éxitos, basta con la existencia. "El fútbol es popular porque la estupidez es popular", llegó a decir Borges.

Tengo otras razones, pero quizá de corte menos racional –como que odio el escándalo y a los escandalosos– o de corte demasiado antisistema –como que considero que la FIFA sostiene, potencia y reproduce las seis razones que ya expliqué en contubernio con los burócratas de cada caso con el agravante de estimular una de las industrias transnacionales más prepotentes y corruptas–.

Claro que hay cosas buenas que decir a favor del fútbol, pero esas las podrá leer en el otro 99.99% de las publicaciones sobre el Mundial que lea en estos días. Pero como aquí termino esta oportunista diatriba, quiero hacerlo con la cita más benevolente de Borges para el fútbol: "Pero he descubierto un rasgo muy bueno en todo esto, tras la derrota con los italianos, cuando la gente los aplaudió; porque el argentino suele enojarse cuando pierde. Es decir, se aprendió a ser buen perdedor; ahora podemos ser buenos perdedores, y eso es bueno que ocurra". Y bueno, yo sé que juego en el equipo perdedor. 

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Leer el paréntesis de la Razón III.



Comentarios

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Antes que nada, no sos ningun Borges (que a los dos no les guste el futbol, no te hace que te le parezcas); yo no voy a escribir "al igual que Dali..." solamente porque yo tambien puedo sostener un pincel en la mano.

Pero ya entrando en materia, creo que tu crítica e intolerancia por el fútbol, tiene una solución bien sencilla: apagá la televisión, no escuchés la radio, evitá la sección de Deportes en los periódicos y evitá tener conversaciones relativas al tema cuando sea el Mundial. Total, creo que un mes cada cuatro años que no hagás lo anterior no te va traumar.

Si no te ha traumatizado la sitación intolerable que la izquierda ha propagado en el país (y no cada cuatro años, si no, todos los días), alegrate que ya solo queda un día para que termine tan increíble, incomprensible, injusta e intolerable situación.

Asumo que nunca has ido a un Mundial - yo en lo personal he tenido la buena fortuna de asistir a 5. Así que emitir juicio de un evento que nunca has experimentado de primera mano, sino solo a través de la televisión, es como los comentarios que tanto extranjero hizo de los abusos de las Fuerzas Armadas y de lo heroíca que era la guerilla durante la Guerra... cuando nunca habían puesto un pie en nuestro país. O acaso estás asumiendo que en un Mundial la gente se comporta con insultos homofóbicos y machistas porque tu único punto de referencia con el fútbol es lo que has oído en el Cuscatlán o en el Quiteño de Santa Ana? Entendeme que al Mundial va gente educada, con un nivel de educación superior (dado que es casi prohibitivo ir a uno) y no es el vulgar hincha del Alianza o del Aguila el que asiste.

Lo que más me llama la atención de tu Blog es el hecho de mencionar "los falsos nacionalismos... porque se debería de ir a ver el buen fútbol y el resultado debería de ser irrelevante". Aplicándolo a otros aspectos en donde se usa el término "nacionalista", serías vos entonces partidario que El Salvador se fuera a la guerra con Honduras nuevamente bajo el pensamiento de "que gane la guerra el que mejor pelee y quien tenga a los militares más astutos" o quisieras que nuestro país fuera el victorioso? Como no te gusta el fútbol y posiblemente nunca has competido en nada más allá que algún juego de chibolas o capirucho, no entendés la pasión que se siente en las graderías al ver a tu PAIS, no a tu EQUIPO competir en la cancha. No comprendés el orgullo que se siente al vencer a México cuando tanto nos ven de menos. No sabés lo que para los pobres (que no tienen nada), el fútbol es de las únicas cosas que les alegran sus vidas.

El estadio es el único lugar en que aparte de los actos de los colegios, la gente realmente canta con emoción y patriotismo el himno nacional; no es en la toma de posesión de un gobierno, ni en la inauguración de un centro comercial. En ese estadio, que tan "Coleseums Romanus" considerás (ya que te encanta el latin), es donde el rico y el pobre van tras lo mismo; en donde el jornalero y el empresario tienen un mismo deseo; en donde el abogado y el taxista se abrazan para celebrar un gol. Si querés hablar de donde no existen diferencias sociales, intelectuales o políticas, es en un estadio donde juega tu equipo... no en el Socialismo, el Comunismo o en la Utopia de Tomás Moro.

Será que 4 mil millones de personas estamos equivocadas? Será que la sonrisa que me mostró mi hijo cuando le regalé una pelota, será el detonante para que después se convierta en la razón de su desdicha? Será que tu Blog me convencerá que me sienta satisfecho cuando mi hija no gane su partido de tennis y al ver sus lágrimas de tristeza le diga "Es que la otra niña jugó mejor"? Será que como todo un hombre de 42 años, la próxima vez que me digan "Maricón" porque ando una camisa anaranjada (como la de Holanda), me debo tomarlo a pecho y sentirme dolido? Será que está en serio riesgo la autoestima de mi hijo el otro fin de semana que juegan contra los niños de 4o grado del Liceo?

Ya por último, sin citar a Borges, ni a Shakespeare (que por cierto, el futbol se inventó 200 años después de su muerte)... que bueno que el Mundial es cada 4 años, para no estar leyendo tal "comentario" tan fuera de la realidad. A diferencia de vos, yo si me siento en el equipo ganador y no en el perdedor. Pero de nuevo, como vas entender si asumo nunca has tenido los cojones para competir en tu vida.

No todos los del águila o alianza son vulgares, más respeto, mucha gente es educada. Además mucha gente que acude a los estadios del mundial es racista, homofóbica, etc. Van porque tienen dinero y nada más. No porque son educados. Ser de élite no significa ser culto. No te creas único, si sos igual que toda la gatada. Por cierto que yo si tengo los cojones para competir. Cantar un himno en el estadio tampoco te hace más patriótico, en todo caso es un patriotismo banal.

Para las mayores potencias del mundo, ya sea en industria tecnológica y buenas costumbres, ni es tan importante el fútbol, sino vean a Estados Unidos, Canadá o a Japón, Corea del Sur, Taiwán (éstos últimos que incluso los superan mas en lo segundo), es mas importante el béisbol. Incluso aquí entran también Albert Einstein (lo bautizó como el rey de los deportes por 4 razones) y Salvador Dalí ('Paseo Celestial', 'Destino', 'Idilio atómico y uránico melancólico') con el béisbol.

Gracias me sirvió para mi debate en contra del fútbol

De acuerdo ! Nada mejor que esto he leído los últimos años . Sacando a Borges. La dictadura del fútbol es lpnauene hizo odiarlo después de haber sido un fanático . Es más soy de Argentina.donde el fútbol es utilizado para manipular sentimientos y manipular a su pueblo. Me remito por hacerlo rápido al mundial 1978 y 1982. Pero tengo miles de razones de haber dejado de amar al fútbol y ahora combatirlo. Era más ignorar antes hoy soy más raciónal. Esperemos se termine con la dictadura del fútbol y ese machismo fascismos que oculta en su naturalización y esa estupida excusa llamada"Pasión" .Dany de Buenos Aires

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