Mi Repúbuca es un espacio para reflexionar y dar consideraciones desde mi perspectiva, de lo que pasa en este pequeño país, en política, coyuntura nacional, servicio al cliente, feminismo, diversidad sexual y cotidianidad.

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02/08/2017 13:38:53

El Kevin

Las vacaciones de agosto, son por mucho la época que más me gusta del año, pues me hacen recordar de mi niñez las ocasiones que mi papá me llevaba a la feria a subirme a las ruedas, el olor de los elotes locos, frituras y demás cosas ricas, no muy saludable, pero ricas –ricas, ricas- que uno puede comer.

Además a muchos no les gustan las aglomeraciones de gente, a mí tampoco, pero como cosa extraña, no me molestan en la feria, es así muy normal, pues claro qué sería la feria sin ese montón de gente.

Para iniciar mi vacación nada como ir primero al barbero, pues sí, no por mí, recuerden tengo 2 hijos y 1 esposo la visita a este sitio es religiosa dos veces al mes, eso ha permitido que por años uno tome amistad con el que le corta el cabello a sus hijos y marido.

Pero me encontré con una sorpresa, no solo estaban los hermanos que siempre están ahí, había un chico nuevo, desde mi perspectiva un niño y me sorprendí viéndolo trabajar, no pudo mi curiosidad y pregunté quién era y qué hacia un niño en vacaciones trabajando y no descansando.

La visita que dura generalmente unos 30 minutos duró una hora y media, uno de los barberos me empezó a contar la historia de su aprendiz… “el Kevin” tiene 16 años y estudia primer año a distancia, todos los domingos va al centro escolar donde estudia todo el día y durante la semana va a la barbería para aprender el oficio, desde hace 6 meses le pidió a su vecino le enseñara y este lo puso con otro buen amigo en Santa Tecla donde estuvo llegando por dos meses, pero esto de enseñar un oficio no es fácil, el señor de Santa Tecla no le tuvo paciencia al Kevin y lo tenía solo haciendo oficios varios, lo poco que aprendió en dos meses fue viendo.

El Kevin se volvió a buscar a su vecino y le contó que pues no estaba aprendiendo, además de insistirle que él quería aprender, necesita aprender, tener un oficio que le permita pagar sus estudios, porque El Kevin sueña con ir a la universidad y sacar una carrera, pero estudiar es un privilegio en este país, su familia es de escasos recursos y esos lujos de ir a la universidad no se lo pueden dar; entre pagar una universidad y pagar los servicios básicos, arrendamiento de la casa, ropa, comida… bueno pues no alcanza.

20170802_111129Me dice el barbero, “viera, me lo pensé mucho, porque uno no puede agarrar ese cargo de enseñar a otro, aunque yo le enseñé a mis hermanos y un primo, pura familia… pero después de 4 días y de verlo que de verdad le gusta el oficio y quiere aprender, nos decidimos y le voy a enseñar, porque esto se aprende practicando, las escuelas enseñan lo básico, el barbero se hace con la práctica, como todo oficio”

Estamos platicando y llegan a la barbería unos policías, de esos que están asignados a la seguridad de la feria, querían aprovechar de que les cortaran el cabello, mientras escuchan mi plática con el barbero dice un agente, “púchica, ¡qué bueno saber que hay cipotes que quieren salir adelante y le dan la espalda a la delincuencia!, esto no lo ve uno todos los días, se lo digo yo que a diario me toca estar en la calle”

El Kevin sigue cortando el cabello de un cliente, su maestro barbero platica conmigo, de cuando en vez se levanta, le revisa el corte, corrige, explica y yo lo observo, no hay gritos, lo hace ver que hay una parte más larga que la otra, el aprendiz no replica, observa, asiente, corrige, luego el barbero se sienta de nuevo conmigo y seguimos platicando.

El Kevin termina el corte, yo le pido permiso para tomarle una foto con su maestro, se ríe con pena, se sonroja, me responde “y para qué señora”, a lo que le digo, es que quiero contar que te conocí y contarle al país que hay un Kevin que quiere ir a la universidad, que sabe que para pagar la mensualidad necesita aprender un oficio, el Kevin se vuelve a reír y me dice, “está bueno señora”

Kevin y su maestroSalí de la barbería con un nudo en la garganta, todos los adultos ahí sabemos que el Kevin es un niño diferente, su maestro sabe que está aportando al país al enseñar, aunque no se considera maestro, dice que él solo le enseña lo que sabe, y es cierto, pero eso es un verdadero maestro enseña lo que sabe, pero éste no cobra por dar clases, lo hace porque le vio que le gusta y yo me digo, este micro micro empresario tiene más responsabilidad social que muchas de las empresas que dicen practicarla porque dan plazas a pasantes, pero no les pagan porque ellos les enseñan lo que al final significa que los jóvenes les pagan a ellos por aprender y al Kevin no le cobran.

Los policías saben que el Kevin será un delincuente menos que perseguir, que este cipote tomó una decisión diferente, que no sucumbió ni a la presión social, ni a las amenazas y estoy convencida que estos agentes jóvenes –están bien cipotes, no más de 22 años- que arriesgan su vida a diario en la calle, saben lo valioso que es para esta sociedad que alguien decida estudiar y aprender un oficio para pagar su educación, eso sin duda es de admirar.

Yo, como madre tuve varias sensaciones desde la sorpresa de ver a un cipote que no quiere estar en las ruedas, bailando, durmiendo, viendo internet, jugando o disfrutando de cualquier forma las vacaciones, sino que ocupa esta época para aprender y se esfuerza por lograr su meta, ser barbero.

Además de sentir una profunda admiración porque sabe que la educación es cara y que hay que pagar, para eso se necesita dinero y este se consigue trabajando, los sacrificios de hoy, serán los triunfos de mañana.

Sentí rabia que no hay nadie que le ofrezca la mano al Kevin con una beca, porque puede ser que el salario de barbero no le alcance para pagar su sueño universitario, por eso escribo estas líneas no solo por mostrar un joven diferente, que nos renueva la fe en la juventud salvadoreña, sino para llamar la atención de quien desee ayudar a este cipote y de paso pueden pasar a la barbería “los próceres” a un costado de la pinturería Comex, cerca del paso a desnivel del árbol de la paz, sobre la calle 14 de julio.

El caso del Kevin es de admiración sin duda, pero también nos debe motivar a ayudar, ser solidarios.

Espero que el Kevin cumpla su sueño, espero que más jóvenes persigan sus metas y trabajen por ellas, pero duele ver trabajar en vacaciones a un niño que debería estar disfrutando esta época con la certeza que podrá estudiar y cumplir sus sueños en su país, pero en El Salvador estudiar es un lujo, que ningún gobierno ha logrado ponerlo al alcance de las grandes mayorías.

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