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15/10/2016 20:21:50

El triunfo contra la minería y una amistad.

Foto fuera del Banco Mundial, audiencia de septiembre de 2014, para discutir el fondo de la controversia en CIADI. Foto propiedad de Humberto Sanz
Foto fuera del Banco Mundial, audiencia de septiembre de 2014, para discutir el fondo de la controversia en CIADI. Foto propiedad de Humberto Sanz

 

Recién nos acabamos de enterar del triunfo que El Salvador ha tenido sobre una trasnacional multimillonaria que se dedica a la minería, conocida antes como Pacific Rim, de origen Canadiense, pero que se domicilió en Reno, Nevada para aprovechar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y demandar a nuestro país —aquella que saturó los medios con la minería verde— pero fue adquirida en medio del arbitraje por Oceana Gold. La suma que pedían era impresionante, sobre todo para un país con las carencias de El Salvador.

Durante la sustanciación de este proceso tuve la oportunidad de conocer a los abogados que llevaron la enorme responsabilidad de defender a nuestro país contra esa poderosa empresa.

Por ello deseo darle un reconocimiento especial a cada uno de los que conocí y vi preocupados por el caso, estudiar, desvelarse, indignarse cuando ciertos Ministerios en el país fueron indiferentes con las peticiones de información que se les hacía y que necesitaban para poder sustentar la defensa, entre ellos sobresalen Benjamín Pleitez desde la Fiscalía General de República, Daniel Ríos -mi esposo- desde el departamento jurídico del Ministerio de Economía, el despacho americano en un primera etapa fue Dewey & LeBoeuf, luego Foley & Hoag LLC con Dereck Smith, Luis Parada —Salvadoreño— y Erin Argueta —abogada americana y salvadoreña por matrimonio— además con el apoyo local antes de Aquiles Delgado (Q.D.D.G.) ahora del abogado Humberto Sanz y su equipo de entre quienes recuerdo a Manuela y Geraldine; tras ellos existen otras personas con funciones operativas que seguramente desde su función aportaron para este triunfo.

Son estas personas -no los funcionarios a los que simplemente les ha tocado estar frente a la cámara y hablar del triunfo legal obtenido- son ellos los que merecen nuestro reconocimiento por su enorme entrega. Además, es este mismo grupo de personas el que ganó el arbitraje que nos entabló Commerce Group, otra minera, que quería explotar las minas de San Sebastián en Morazán y perdió el arbitraje contra El Salvador también en el CIADI.

Historias interesantes surgieron de este gran equipo y también sólidos lazos de amistad, pero de todo deseo exponer la amistad de Luis y Daniel, quiero compartirles esta intimidad porque me parece importante hacerlo.

Luis y Daniel, son abogados y rondan casi la misma edad -cincuenta y tantos- además antes de tener la profesión que hoy ambos ostentan, formaron parte de la historia de El Salvador, uno como Capitán del ejército salvadoreño, del batallón de paracaidista que estuvo donde lo necesitaron para operaciones militares contra la guerrilla, y posteriormente formó parte del equipo de inteligencia militar, graduado de West Point y el otro como mando medio, de la estructura política del Ejército Revolucionario del Pueblo en San Salvador, conocido por sus siglas ERP una de las cinco organizaciones que conformó el FMLN histórico.

Aún los recuerdo reunidos discutiendo qué tipo de documentación debían recopilar, quién debería proporcionarla; también recuerdo el día en el que decidieron tomar un “break” y salir de la oficina y tomarse un café, sostener una conversación informal fuera del tema del caso; la tertulia se prolongó; el café llegó a ser una cena, y con ellas unas copas de vino que les ayudaron a evocar los tiempos en los que estudiaron Derecho; llegaron así a la década de los 70´s, donde sus vidas experimentaron un quiebre interesante. Antes de la guerra, por esfuerzo de sus padres, ambos habían ido a estudiar inglés en un intercambio estudiantil en el Estado de Oregon —entonces un lugar sin atracciones turísticas que promocionara el Gobierno de Estados Unidos y por supuesto desconocido para los inmigrantes de México y no digamos centroamericanos—, convivieron con familias americanas en lugares donde nadie hablaba español.

Daniel se regresó a concluir sus estudios de secundaria en Alajuela, Costa Rica y donde también estudió Ingeniería Electrónica en el Tecnológico de Cartago; en ese país hermano existía una colonia de refugiados salvadoreños que se integró después que se tomaran la embajada de Costa Rica en el país, y él colaboró para apoyarlos cuando fueron ubicados en una finca que le expropiaron a los Somoza, “Los Ángeles”, en Guanacaste, cercano a la frontera con Nicaragua, tierras vírgenes que los refugiados lograron labrarlas y poblarlas; Daniel trabajó para la solidaridad y luego se incorporó al trabajo internacional de la guerrilla salvadoreña, pero terminó en la clandestinidad ingresando al país, siendo parte de la estructura política del ERP y seis meses antes de la ofensiva del 89 como parte de la estructura de logística, luego de esta regresó a sus tareas en el área política.

De esta manera los dos abogados se dieron cuenta que durante su juventud fueron parte de los bandos que durante la guerra civil encarnaron la guerra fratricida que duró 12 años, además ambos cayeron en la cuenta que pudieron haberse asesinado; en algún punto de la tertulia recordaron una historia común para ambos…, obviaré los detalles porque ambos están escribiendo sus memorias. Mientras Luis dirigía un ataque sobre Tres Calles, Usulután, Daniel se encontraba en ese campamento guerrillero; ese operativo duró dos semanas, lo recuerdan bien, porque fue de las veces en la que ambos pensaron que perderían la vida. Para mí fue interesante escuchar esa historia porque tuve la oportunidad de escuchar los dos puntos de vista del mismo operativo, en vivo. Siguieron las historias durante varias horas, luego continuaron otras reuniones y el intercambio de correos.

También recuerdo la reunión cuando ambos compartieron lo difícil y duro que fue reinsertarse a la sociedad luego de los Acuerdos de Paz, el iniciar sus vidas y emprender la carrera de derecho, siendo mayores, porque su juventud había quedado en esos 12 años, a los que ninguno le llama perdidos, porque las condiciones que generaron el conflicto eran reales; también coinciden que no hubo un ganador, que se tomaron muchas malas decisiones, que el costo que se pagó fue con vidas de civiles, que muchas de las desigualdades que estaban a la base de ese conflicto aún persisten en la sociedad, que estudiar derecho fue una gran decisión, que los problemas de seguridad tienen solución, pero que no es solo reprimiendo que se logrará controlarlo y que se necesita de mucha prevención, que nunca quisieran vivir otra guerra, que se alegran que sus hijos no lo hagan y esperan que sus nietos no tengan que hacerlo, que es urgente atender a los veteranos de ambos bandos pues el país está en deuda con la gente que no tuvo la oportunidad que ellos tuvieron de seguir carreras universitarias y meterse en el mercado laboral y conseguir empleo, precisamente lo que los veteranos no lograron conseguir.

A esa relación de amistad le auguro muchos años más de café, cenas de tertulia, anécdotas de juventud y sobre todo aquellas pláticas para darle solución a cada problema del país, como todos los salvadoreños hacemos cada vez que podemos juntarnos con amigos en familia.

De esta historia me encanta saber que el Capitán y el guerrillero trabajaron hombro a hombro para defender a su país como hombres que siempre lo han amado, lo que demostraron desde su juventud en los bandos donde el destino les hizo llegar; pero si estos personajes pudieron apartar sus posiciones ideológicas, que las tienen bien claras, ¿Por qué los partidos mayoritarios de este país no pueden?¿Por qué las posiciones que polarizan a la sociedad son más fuertes que el interés común por satisfacer del bienestar general?

Probablemente la respuesta se reduzca al profundo egoísmo que existe en esta sociedad, donde el deseo inconmensurable de querer tener la razón y ver destruido al adversario político es tan grande como los bolsillos de los que están atrás de estos actores y a quienes más que nadie les interesa mantener esta polarización, ¿Quiénes son esos? Tengo mis sospechas, espero equivocarme.

También cabe la posibilidad que Luis y Daniel sean seres humanos excepcionales y llenos de un profundo compromiso social, que tras veinte años de la firma de la paz, las calenturas que los llevaron a formar parte de sus opuestos bandos han cambiado y ahora como padres han madurado y ya no son “cipotes” manipulables.

Cada quien puede hacer su conclusión, pero la mía es la siguiente: “Tener posiciones ideológicas completamente diferentes no es impedimento para emprender una lucha con una meta común: defender a tu país; para este caso, defenderlo de empresas mineras que pretendían explotar nuestras tierras, contaminar nuestros ríos y llevarse el oro, como en la colonia los imperios conquistadores lo hicieron”.

El Salvador es una nación con poco territorio; aceptar que ingrese la minería metálica es condenarnos a muerte. Sin duda la explotación minera contaminaría a nuestro principal rio, El Lempa, y si eso sucediera entonces nos convenceríamos que el dinero, oro y plata no se pueden beber ni comer… ¡Bien por nuestra población, niñas, niños y adolescentes… el futuro pinta mejor sin minería en nuestro país!

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Excelente historia!

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