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27/01/2016 20:26:41

El gorila, aunque se vista de amnistía, gorila se queda

Parte de generación de militares conocidos como "La tandona" que lideraron el ejército duranta la guerra civil salvadoreña. / Imagen tomada de publicaciones periodísticas de la época.
Parte de generación de militares conocidos como "La tandona" que lideraron el ejército durante la guerra civil salvadoreña. / Imagen tomada de publicaciones periodísticas de la época.

Aberrantes, cínicas y poco inteligentes. Así han sido las declaraciones que durante estas últimas semanas se han propagado por parte de los voceros de los militares requeridos —nuevamente— por la justicia española por el asesinato de los jesuitas y sus dos colaboradoras, ocurrido en las instalaciones de la Universidad Centroamericana (UCA) durante la ofensiva militar de 1989.

No encuentro otras palabras para describir estas intervenciones. En un deseo enfermizo por justificar delitos y crímenes de guerra, asesinatos de población civil —indiscriminados unos y selectivos otros— ordenados por altos mandos del Ejército, o simplemente se hicieron del “ojo pacho”. Negar a estas alturas del partido las masacres de la guerra civil demuestra niveles de cinismo increíbles.

Quienes lo intentan no pueden, aunque quisieran, desvirtuar los hechos probados. Lo  hicieron, por supuesto, en años en los que no había teléfonos, en los que no se podía capturar la imagen de lo sucedido y difundirla en tiempo real. En los años 80 las masacres eran conocidas días después y no de la mano de periodistas nacionales ni por los noticieros o periódicos locales, sino gracias a internacionalistas o a periodistas de otras latitudes que contaban al mundo lo que aquí sucedía, y también gracias a quienes vivíamos a pocos cientos de kilómetros de los hechos. Tan terrible fue el pacto de silencio que hubo embajadores que apoyaron la estrategia de negar a pie juntillas los asesinatos, las ejecuciones sumarias, las torturas, las cárceles clandestinas y, claro, las masacres. Tuvimos a un embajador en Washington que hoy pelea con los bares de su municipio por el ruido y la corrupción que generan, como un paladín de la moral, pero que cuando pudo ayudar y ser recto tras la masacre del Mozote negó a los gringos lo que en El Salvador estaba sucediendo. Cada cual elige su momento de ser valiente.

Sobran hoy testimonios e informes forenses que prueban que aquellos crímenes se dieron. Ya no pueden mentir. Pese a su estrategia goebbeliana, una mentira repetida muchas veces ya no se vuelve realidad.

El problema de su estrategia es que existimos muchos que no vamos a guardar silencio ante sus declaraciones. Ni siquiera les diremos que se callen. Al final se pintan solos y demuestran lo que son. Y lo que fueron. Si hoy sin poder político, sin poder militar, sin formar parte del Estado, mienten, ya se imaginarán cómo lo hacían cuando eran todopoderosos, cuando eran los que decidían entre la vida y la muerte de otros.

No cabe duda de que estos voceros son el origen de nuestros problemas actuales de impunidad. Se rehúsan a ser sometidos a un proceso judicial que se realizaría lejos de El Salvador y de sus viejos tiempos; en un lugar donde la prensa seguirá el juicio y en un tiempo en el que nadie los torturará en ningún calabozo.

Para ellos la búsqueda de la justicia, reparación y la verdad es y será siempre persecución política y venganza porque —ya lo han dicho— para ellos no hubo masacres, ni genocidios, ni crímenes de lesa humanidad… Así lo dice, así de horroroso. En su mente, ejecutar niños de teta, adultos mayores y mujeres embarazadas estaba justificado. Era "dejar sin agua al pez". No se arrepienten de nada. Si pudieran retroceder en el tiempo harían todo exactamente igual. Apenas si pudieran, como lo soñaron entonces, buscarían las casas de los comandantes guerrilleros para asesinarlos en los vientres de sus madres y así evitar, creen, que hubiera guerra.

¿Y todavía la generación de los editorialistas puros y limpios de ideologías no entiende por qué no avanzamos en los temas de impunidad, transparencia y justicia?

Se debe empezar por el comienzo. No se puede pedir simple transparencia en una sociedad que tiene sus fundamentos en una ignominiosa Ley de Amnistía que cubre con su manto a terribles asesinos, a hombres que hoy deambulan por diferentes espacios de entrevistas pregonando mentiras, sentados con prepotencia en la impunidad.

Advierto a los más jóvenes: no basta con que digan “yo no viví esa época”, “no estoy contaminado”, “no me interesa el pasado" y "quiero se resuelva el presente”. No hay presente ni futuro cuando, como parte de esta sociedad, la nueva generación es hija de la injusticia, de la impunidad, y no pide verdad, justicia y reparación para los que antes fueron víctimas. Montarse en el tren de querer cerrar o callar el pasado es peligroso. Los orígenes de la impunidad están ahí y es indecente guardar silencio ante ellos.

Jóvenes columnistas: No pierdan la perspectiva. No haber vivido la época no los inhibe de su obligación, como columnistas, como ciudadanos, de conocerla, ni de su obligación moral de denunciar.  Ya saben: “Primero se llevaron a los judíos. Pero a mi no me importó porque yo no lo era. Luego, arrestaron a los comunistas. Pero como yo no era comunista tampoco me importó. (…) Finalmente, detuvieron a los curas. Pero como yo no era religioso, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde.”

Algún día espero que la nueva generación entienda que no se trata de ponerse pañoletas rojas, ni de salir a las calles a gritar consignas, ni de aprenderse un discurso, sino de pedir justicia para todos en igualdad de condiciones, de conocer la verdad. Solo juzgar a los culpables ayudará a avanzar a esta sociedad. Solo logrando esos juicios los más jóvenes evitarán que a su generación, o a la siguiente, le toque lanzar piedras reales en las ventanas de los corruptos. Porque solo escribir no ayuda. Este país está lleno de gorilas que se han disfrazado de amnistía, pero los vemos circular y hablar. Y sabemos que seguirán siendo gorilas. Y sabemos que tratarán de que las nuevas generaciones crezcan en la ignorancia del pasado, en la mentira.

 

 

 

Comentarios

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Opinólogo, o su variante chismólogo, son términos aplicados a personas que, generalmente en los medios de comunicación, opinan sobre cualquier tema como si fueran especialistas.(fuente Wikipedia)

Bessy: muy buen artículo. Ellos intentan... justificar lo injustificable... La negación de la verdad... tapar el sol con un dedo... seguir amenazando para amedrentar... y lo peor: ¡lo están logrando! solo veamos: andan todavia como Pedro por su tierra...

Y al parecer los mismos que piden amnistía en este tipo de crímenes ahora también quieren "borrón y cuenta nueva" para 20 años de corrupción. Increible como hay personas que no despertaran nunca.

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