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11/11/2014 17:03:09

Hasta el tope, mis recuerdos y yo

Hace un par de años escribí este post, se los comparto nuevamente cada recuerdo sigue intacto en mi mente.

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Recuerdo que en noviembre del 1989 estaba feliz el 11 de noviembre era mi clausura pasaba del 4 grado al 5 grado mi primo Kevin había venido de Estados Unidos –como lo hacía en todas la navidades- y ese fin de semana se quedaría con nosotros ¿Qué más podía pedir? Sería un fin de semana lleno de juegos, nada fuera de lo común.

Fue en la noche del sábado 11 de noviembre, que por primera vez vi luces de colores -rojas y amarillas- en el cielo que asemejaban –a mi entender- esas luces que salían en la películas gringas los famosos “fuegos artificiales” y salimos con mi papá a verlas junto con mi hermano que en esa época tendría 7 años y mi primo, nos subimos al muro del patio –esos muros compartidos que dividen los patios traseros de las casas- y nos dijo mi papá: muy probablemente los soldados han visto “a los muchachos” y los andan buscando en los barrancos. Para quienes no conocen Soyapango, le cuento que está rodeado de dos enormes barrancos  y en épocas de la guerra por ahí corrían “los muchachos” camino a Guazapa.

El domingo amanecimos con sonidos de disparos y mis papás pensaban que eran los vientos los que traían los sonidos de algún combate en alguna zona lejana, triste fue cuando poco a poco esos sonidos se sentían cada vez más cerca, decidió mi papá que saldría a buscar a mis hermanas mayores quienes vivían, juntamente con su madre, en la colonia vecina “Bosques del Rio” a las dos horas regreso y con una voz muy serena le dijo a mi mamá “los muchachos han montado una ofensiva, me encontré dos cuadrillas de muchachos y me mandaron de regreso a la casa, pero alcance a ver a mis hijas y están bien, debemos ver que provisiones son las que tenemos, porque me dijeron que esto va para largo y a tomarse el poder” el rostro de mi mamá palideció de un blanco que nunca había visto y que lamentablemente volvería a ver esa semana varias veces.

Los días lunes y martes transcurrieron con de una manera más o menos normal, con la única variación que mi madre en su afán de proteger a sus hijos y sobrino hizo un refugio anti bombas “artesanal” juntando los colchones de las camas en una sola y poniendo otro en una ventana y nos tuvo el día lunes metidos bajo la cama y ahí no llevaba la comida, mi papá hizo ese día un nuevo intento por salir y regreso a las cuatro horas, cuando encontró la escena inmediatamente le dijo a mi mamá “¡¡¡no seas loca!!! Que no ves que si los soldados encuentran esto nos van a matar, van a pensar que somos parte de la ofensiva, además estas traumando a los niños, sácalos de ahí y desmonta esa locura”

Muy triste fue el martes, ya casi no había comida, solo teníamos unas cuantas papas, unos plátanos y unos bombones que era lo único que mi mamá había conseguido en la tienda –lo poco que había donde la niña Mela ya se había vendido, las vecinas se le habían adelantado y la señora no tenía más que vender, pero sabía que había niños en la casa y nos mando dos bolsas de bombones- y esa noches en contraste con el temor de mis padres fueron de las noches más bonitas que pasamos, no había luz y papá paso todas las noches contándonos historias de su infancia –para los que conocieron a mi padre saben que él era la memoria histórica andante de su familia- recuerdo que había una pequeña radio donde esta sintonizada la famosa YSKL donde se escuchaban los llamados de familias que decían “somos la familia Pérez de ciudad delgado y queremos decir que estamos bien, por favor a mi hermanos que están en la Zacamil y Soyapango, llamen a la radio para saber ¿cómo están? no hemos tenido comunicación con ustedes estamos preocupados” mi padres la oía con la esperanza que sus hermanos, sobrinos y demás familia saliera al aire y saber si estaban bien, entre bloque y bloque de la radio sonaba la canción de Eddie Santiago “lluvia” y mi primo la cantaba y mi papá le animaba a hacerlo, quizá porque eso nos distraía.

 

 

Fue el miércoles en la noche que mi mamá ya no soporto la presión de la incertidumbre y rompió en llanto, entonces mi padre tomo la decisión que al día siguiente debíamos salir de la San Jose II –donde nosotros vivíamos- hacia la casa de mi abuela en la colonia Amatepec, además de hacer el esfuerzo él de ir a ver a su familia a la colonia el Matazano, no sin antes llevarnos a sus hijos, su sobrino donde su suegra. Ese día nos levantamos temprano, mi mamá se preocupo por dejarle suficiente agua a nuestro perro – un bello pastor alemán que respondía al nombre de Terry Torres- luego nos hizo nos pusiéramos camisetas blancas y pantalón jeans, tenis y muy diligentemente rompió unas sabanas blancas y las ato al palo de escoba –el cual previamente había partido en dos para hacer dos palos y sostener dos banderas- además nos dio una manta blanca a cada uno, a mi –que era la única niña- me puso bajo el jeans un licra y doble calzón – creo que en la mente de mi madre con eso evitaría que si alguien quisiera abusar de su hija, al menos se le hiciera lo más difícil posible, pobre mi madre hoy que soy mamá entiendo el terror que le causaba que algo así nos sucediera- salimos de la casa a eso de las siete de la mañana y comenzamos a caminar,  llegando a donde se encontraba el ANTEL en la calle “A” de la San José I, ahí empezamos a encontrar a los soldados quienes estaban a las orillas de la acera mientras al centro de la calle caminábamos varias familias buscando salir de la colonia, fue a pocos metros del ANTEL al costado izquierdo que vimos con mi hermano y mi primo por primera vez un muerto, era un joven guerrillero con uniforme de fatiga estaba boca abajo,  como la noche anterior había llovido, junto al cuerpo había charcos de agua y en el fondo se veía la sangre, era de aspecto bastante joven, no creo habría tenido más de 24 o 27 años, por mas intentos que hizo mi mamá de tapar los curiosos ojos de sus dos hijos y su sobrino no pudo hacerlo, esa fue la primera vez que vi los ojos de una persona fijos, sin vida.

Seguimos avanzando y llegamos al centro comercial los Ángeles donde había un Super Selectos, el cual el día domingo o lunes –no recuerdo bien- había sido saqueado, porque “los muchachos” habían dinamitado las telas metálicas, abriendo un boquete en ellas y bajaron por la calles gritando que subiéramos al Super a tomar provisiones, porque esto iba para largo ahí encontramos dos muertos mas, solo que eran un muchacho y una muchacha, no sé porque extraña razón estaban abrazados y el cabello de la chica cubría el rostro del chico, por demás me pareció una pose muy romántica para morir – compréndanme tenía 9 años me pareció romántico- ambos tenían a su costado unas latas chiquitas que luego dijo alguien que tuviéramos cuidado que eran bombas, seguimos por la colonia “El Pepeto” y asi avanzamos hasta llegar a la zona de “Los Conacastes” ya a estas alturas no volvíamos a ver a los muertos, los cuales dejamos de contar con mi primo creo que al haber llegado al número 30, en la zona del Hospital Psicriatico el panorama fue otro había una enorme alfombra color dorado que no dejaba ver ni la acera ni el asfalto de la calle - eran más o menos dos cuadras- eran los casquillos de las balas, ¡¡¡habían tantas!!! Era impresionante, de hecho mi papá estaba impresionado que en su francés claro dijo “jueputa, aquí sí que se han dado verga los muchachos”, así avanzamos hasta llegar al centro de Soyapango, ya a esta altura eran mares de gentes las que nos acompañaban con niños, niñas, bebes, hombres, mujeres y ancianos, todos con la única meta de salir de ahí.

Íbamos pasando por la parte trasera de  la comandancia de los soldados –en el centro de soyapango, donde le decían la parada del triangulo- cuando de manera sorpresiva empezaron a tacar "los muchachos" esa comandancia, después del terremoto del 86 nunca había sentido que la tierra se moviera tan fuerte -de hecho los terremotos del 2001 no los senti así de fuertes-, no puedo dar detalles de que tipo de bomba lanzaron, solo sé que sonó fuerte, inmediatamente mi madre empezó a correr y como una leona se abalanzo sobre sus hijos y sobrinos y nos empezó a incrustar sus uñas con una fuerza impresionante, que nosotros empezamos más bien a quejarnos, no de miedo, si no del dolor de sus uñas en la carne, fue entonces que mi papá le grito “Bessy, Bessy cálmate mujer, no corras, cálmate, solta a los niños los estas lastimando” pero quizá porque mi papá era un hombre muy “pedro infante vive” para nosotros fue extraño verle el rostro en ese momento y estaba verde, si, ¡verde! Como Hulk, eso era miedo reflejado en la cara de mi papá nunca olvidare esa mirada y como su rostro se había descompuesto y temblaba. Así sonaron tres detonaciones más, lo único que al final hicimos junto con la demás gente fue lanzarnos al piso y empezar a mover la banderas –trapos- blancas que llevábamos, después pudimos seguir avanzando, ya a la altura de la fábrica de la ADOC donde ahora hay un gran super, a lo lejos se veía una enorme torre de humo negro, alguien paso y nos dijo “los muchachos le han dado fuego a la Fabrica Diana”, seguimos avanzando sobre el boulevard del ejercito, íbamos por la Antekirta –recuerdo que en aquella época había malla ciclón con un muro de tres hileras de ladrillos el cual dividía la acera de la zona donde estaba el botadero de cielo abierto de Soyapango que estaba a una distancia larga y nos dividía un zona donde había mucho monte- ahí empezó el ataque de “los muchachos” de nuevo a un grupo de soldados que estaban a nuestra izquierda, nuevamente los gritos, las detonaciones y llantos de los niños, vaya otra vez al suelo, recuero que un soldado nos comenzó a gritar “háganse a la pared a la pared” como le había dicho la gran pared eran tres hileras de ladrillos – con los años hemos hecho de eso un chiste familiar, ya que no había pared eso no llegaba ni a muro, pero el soldado con voz de mando y muy enérgico grita “háganse a la pared”- por alguna extraña razón una señora de una casa que estaba a un costado en uno de esos pasajes que hay a un lado del boulevard abrió la puerta y dejo entrar a toda el que logro entrar- no cabía un alma en el patio de esa casa- alguien en algún momento dijo, “que se salgan los hombres porque no cabemos, dejen adentro a las mujeres y a los niños” estuvimos quizá una hora ahí en lo que terminaba el combate y reanudamos la marcha, el resto del camino transcurrió con  cierta calma, al llegar donde mi abuela nos encontramos con la sorpresa que se había ido a la casa de mi tía mina –dicho sea de paso la madre de mi primo, quien es medica y estaba como loca viendo como hacía para ingresar a Soyapango e ir a traer a su hijo, se había ofrecido el día antes de ir al hospital Psicriatico y dar sus servicios de medica, pero ni la cruz roja la quiso bajar a esa zona le dijeron que no- dos cuadras más arriba, ya casi llegando al teleférico.

Eran como las 12 del mediodía cuando llegamos, cansados, con hambre y sed, no recuerdo bien pero creo que comimos, jugamos un rato –obvio de guerra, de bombardeos, bombas y muertos- luego dormimos un buen rato, mi papá se fue a ver a su mamá y regreso justo antes del “toque de queda” todos estábamos en la sala esperando ver “teleprensa” cuando salió la notica titular “asesinan a los padres jesuitas de la UCA”, francamente yo no sabía quienes era ellos, pero por como se hizo el suspiro y luego el silencio en la casa entendí que debían ser personas importantes, luego pasaron la nota, donde se enfocaron los cuerpos –ya cubiertos con sabanas en el patio- recuerdo que fue en ese momento que el presidente Cristiani dijo que habían sido asesinados por “los subversivos, guerrilleros en el marco de su ofensiva” y escuche en tono fuerte pero al mismo tiempo –como si se hubieran puesto de acuerdo- a los adultos de la casa decir ¡No, Mentira, Mentira! Los han matado los escuadrones, y luego los lamentos en casa uno tras otro ¡Dios mío los mataron, como se han atrevido! ¡Qué injusticia!, ¿por qué a ellos?! ¡Estos escuadroneros, son unos desgraciados, asesinos!

Debo decir que la indignación era tal que hasta mi abuela que es cristiana-evangélica, estaba tan indignada y se lamentaba tanto por la muerte de ellos ,que pensé, bueno mi abuela no quiere a los curas y hoy ¿qué le pasa? Debo confesar que en ese momento me nació una enorme curiosidad de saber que habían hecho estos sacerdotes para que se lamentara tanto su muerte, fue ahí que mi papá nos contó de el trabajo que ellos hacían desde la universidad –la UCA- y de su trabajo con comunidades, de su apoyo a las causas sociales, aunque ellos no apoyaban las armas ni la guerra, si entendían que esa generación se había visto obligada a tomar las armas por la cantidad de injusticias y represiones que se habían dado desde hacía varias décadas atrás.

Valga pues decir que este año se conmemoran 25 años de su martirio, y que desde esa época todos sabemos quienes los asesinaron, porque lo hicieron y donde están, lamentablemente en nuestro país no se ha querido cerrar ese capítulo –como muchos otros- de la historia dando justicia, para lograr una verdadera reconciliación, no se ha curado la herida, sigue ahí, viva.

Siempre se dice que: “las nuevas generaciones deben mirar al frente” y es cierto, deben ver al futuro, pero las nuevas generaciones no deben olvidar la historia porque: “pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”

Y no me refiero a revivir los odios de antaño ni de polarizar más esta sociedad, sino de buscar los caminos a la verdad, a la justicia, a la reconciliación y así lograr una verdadera armonía social, la que nos permita finalmente sumarnos y multiplicarnos en los esfuerzos de sacar adelante a nuestro país y que las nuevas generaciones conozcan su historia, aprendan que se debe hacer justicia y que de esa manera se cultive el respeto a las instituciones y sus resoluciones, que sepan que se debe denunciar, ya que se logrará acceder a la justica, pero ante todo ellos, ustedes, nosotros y todos hagamos todo para que esto no se vuelva repetir ¡NUNCA MAS! 

 

Comentarios

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Me gusto mucho tu exposicion, me hicistes vivir tu narracion, y como tu dices todos tenemos que poner de nuestra parte para que esto no se vuelva a repetir nunca jamas!!! bendiciones

Gracias Bessy,yo tambien recuerdo este evento de nuestro país en la San José, aunque no recordaba o no queria recordar esa cruda realidad, la información como la narras es exacta a como yo la vi solamente que yo si conte todos los muertos hasta la Coruña 77 en total,muy buena narrativa.

Gracias Bessy por compartir tus vivencias en esa fecha tragica. Es refrescante tu relato que viene desde la poblacion,no como siempre a sido en estos años anteriones. Comandantes trasnochados y militaruchos arrogantes.
Saludos y el mejor deseo de que continue escribiento.

Que recuerdos esos, yo viva tambien para esa epoca en la san jose 1,solo que en ese momento estaba en casa de mi novia hoy mi esposa en la colonia sta cecilia alla por las arboledas.Y alli pasamos refugiados hasta como el sabado para irnos luego a al colonia dolores por el zoologico.Esperando que esas historia jamas se repitan.

Gracias por compartir tu vivencia, se pueden rescatar varias cosas pero solo escribiré algunas:
1)nunca mas
2)tu padre me parece fue un héroe
3)allí perdiste tu inocencia.
4)hoy que sos madre de familia, entiendes mucho mejor lo que sucedió y ese temor indescriptible que sentimos los papas al ver la violencia actual en nuestro paisito y el querer proteger a nuestros hijos. Ese miedo al que todos debemos de evitar, por eso, NUNCA MAS.
5)la solidaridad (la que les abrió la casa para refugiarse).
6)nadie te puede dar paja de que es vivir la guerra, por unos pocos días pero en toda su intensidad.
Nuevamente gracias por compartirlo, vuélvelo hacer en un futuro no lejano, para que las generaciones que no vivieron eso, sepan y conozcan.

Estoy al borde de las lágrimas, no me puedo imaginar vivir eso, yo era una bebé cuando pasó eso pero mi madre me cuenta como les tocó vivir la ofensiva en el Barrio San Jacinto, no pasó lo mismo que en Soyapango según comparo las historias... es terrible pensar en todas las personas que murieron a causa de la guerra y las personas que vivieron con horror el esconderse y ver gente tirada en la calle... NUNCA MÁS!

Curioso como quedo junto un post sobre el presente y un post sobre el pasado. El mismo lugar, el mismo país. La violencia manchándolo todo una y otra vez, no importa que ya sean más de 25 años de lo más duro de la guerra en la ciudad.

Interesante Post, no viví esa época sin embargo vivo en una de las colonias que se mencionan acá y es triste imaginarse esas escenas en las calles que actualmente conozco...

En mi familia hubo algunos miembros del ejercito. Pero nunca, que yo sepa hubo algun familiar que fuese miembro de la guerrilla. Yo en 1987 recien habia cumplido 14 anos de edad, y vivia en una area rural del sureste del departamento de san miguel, pero nunca sufrimos ningun enfrentamiento entre los dos bandos.
Desde muy pequeno siempre tuve una afinidad por la lucha armada subversiva.
Ahora que he leido esta historia se me desgarra el alma, y he leido cientos de historias parecidas o mas desgarradoras, siento como si yo lo vivi, y derramo lagrimas, ahora que soy padre le ensenare a mi hija que para que un pais sea grande., somos todos los que debemos luchar y no pisotear a nadie, como historicamente lo han hecho los fuertes en contra de los debiles.

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