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01/04/2014 13:41:53

Corrupción

La corrupción es de los males que más padece nuestro país, es una forma de vida, un estilo que se ha enraizado en esta sociedad. Usualmente se habla o se señala que existe sólo cuando nos damos cuenta que alguien ha robado millones, esto nos indigna y nos hace temblar el cuerpo de furia.

Igual que todos y todas estoy preocupada porque el posible hecho de corrupción del ex-presidente Francisco Flores Pérez parece que llegará a la fecha fatal y no lograremos condena.

Pero patinamos en lo mismo, porque no es sólo eso la corrupción, ésta se práctica a diario en todas las instituciones del Estado y somos nosotros los administrados/as los que en muchas ocasiones la fomentamos, la callamos y la dejamos pasar, la vemos como cosa pequeña una bagatela, una tontería, pero esos también son actos de corrupción.

¿Quién no sabe cuánto se tarda que salga una inscripción en el Centro Nacional de Registro? , pero aún así vemos que existen grandes firmas de abogados a los cuales las inscripciones les salen en dos ó tres días; vemos desfilar a sus colaboradores con uniforme, saludar uno a uno a los que están en el mostrador y los hemos visto como abren una ventanilla cerrada y les atienden para que salgan rápido, mientras el resto de mortales seguimos en la cola.

¿Quién no sabe cuánto tardan que se otorguen permisos o beneficios en ciertas carteras de Estado?,  pero aún así vemos que hay varias empresas y consorcios que entregan por la mañana su documentación y en la tarde reciben una llamada avisándoles que su trámite está aprobado, cuando a los demás nos toca ir varias veces al mismo sitio y nos hacen miles de observaciones en varias ocasiones y no tenemos más que tragarnos la prepotencia del funcionario tras el escritorio, que en ese momento es el dueño de la verdad y la razón y uno es un simple nadie.

¿Quién no ha llegado a un juzgado y ha visto desayunar a la secretaria o estarse maquillando o estar atendiendo una llamada familiar desde el teléfono de la oficina?, pero aún así entran “personajes” que al sólo verlos dejan de tomar sus alimentos o de hacer lo que hacen y salen corriendo a atenderlos, a buscar su caso, a asignarle a un resolutor que lo atienda.  Luego regresan a su mundo y uno sigue de pie, parado frente a él o ella, como alguien que no existe.

¿A quién no le ha llegado el rumor, que en cierta oficina sólo contratan muchachas jóvenes con cero conocimiento, pero que saben “atender” bien al jefe?, pero aún así vemos oficinas donde parece que hay desfile de modelos, jóvenes guapas y con un cuerpo muy bien distribuido, que salen a comprar “tangas e hilos” y hablan de sus amantes y cuentan con mucho orgullo cómo consiguieron “la plaza”

¿Quién no ha llegado a una oficina y siente el fuerte olor a licor y tabaco de la persona que le atiende y le observa como tiembla de la goma?, pero aún así, nos recomponemos y decimos suavecito  “Paciencia, recuerda que esto es el Estado” y seguimos adelante con el trámite.

¿Quién no ha visto a empleados de oficina, llegando a escriturar a ciertos bancos, o peor aún, quién no se ha encontrado a otros más alzados que llegan a procesos judiciales o administrativos?, pero aún así los vemos, ellos y ellas dicen que hacen sus “iguanitas” y que tienen derecho porque ese salario no les alcanza, pero aún así no dejan el “huesito” en el Estado.

La corrupción tiene muchos rostros, de hombres y mujeres que tienen años de hacerlo, existe un sinfín de secretarias, colaboradores, asistentes, resolutores, ordenanzas, mensajeros, directores, gerentes y demás que siguen batiendo el lodo de la corrupción y hay muchos de nosotros y nosotras que somos testigos de esto y nos quedamos en silencio porque decimos ¿Para qué? y quizás peor, porque en muchos casos apoyamos esto y solo nos interesa que nuestro caso, escrito o problema se mueva y preguntamos: "¿A quién hay que decirle? ¿Cuánto hay que darle?"

Ningún Ministro o Presidente puede controlar toda la corrupción del Estado mientras no se haga una limpieza en cada institución de gobierno, mientras no se lleve a cabo una reforma que permita revisar uno a uno los contratos de los empleados/as, los concursos de plazas, mientras no hagamos una evaluación de los empleados y funcionarios, mediante la cual se mantenga a los competentes y saquemos a los vividores que además poseen plazas innecesarias.

No se trata de un despido masivo de gente, no hablo de eso, pero sí de sentar a los sindicatos, basta ya que sean nidos de borrachos, sinvergüenzas, acosadores, haraganes; ya estuvo suave de tener esa desidia en el Estado donde tienes que “santiguarte” antes de entrar, sonreír a mundo y a Raymundo para ver quién logra verte y atenderte; basta ya de creer los empleados públicos que el sindicato los cuida y que les paga el jefe -les pagamos nosotros/as- y el sindicato no fue creado para ser “la guarida” que hoy por hoy son, bloqueando a cuanta persona trate de hacer evaluaciones de personal, a cuanta persona llegue a poner denuncias, a cuanta persona inicie procesos sancionatorios. Los sindicatos hace años que dejaron de ser defensores de buenos empleados, hoy solo pelean por bonos, reinstalo de personas ineficientes y piden la cabeza de todo aquel o aquella que se atreve a pedir una reingeniería de personal.

Algún día, todos y todas haremos nuestra la responsabilidad de denunciar, iniciar los procesos, impulsarlos y terminarlos, no debemos permitir que estos ejemplos que les he mencionado sigan. Hay otras formas de corrupción, ustedes y yo las hemos visto y/o soportado, haga su denuncia y patalee en esa oficina donde sabe que hay corrupción así como patalea en redes sociales porque se condene al infame ex presidente, hoy por hoy uno de los más emblemáticos y visibles corruptos, pero ciertamente no es el único.

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