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12/03/2014 13:43:31

Miedo, polarización y los militares.

Es de admitir que muchos y muchas nos equivocamos en cuanto al posible resultado de las pasadas elecciones del 9 de marzo, no cabe duda que no hay nadie que no se sorprendiera de este evento electoral, propio para un análisis de sociólogos, psicólogos y politólogos.

Sin lugar a dudas el miedo movió la votación; el miedo para una parte de la población que vivió las protestas de los años 70 y que vió reflejadas en la constante campaña impulsada desde los medios de comunicación, empresa privada, partido de oposición y tanques de pensamiento, no es de extrañar que los que tienen en su memoria el recuerdo del pasado reciente, lo primero que se vino a la mente fue “luego de las protestas viene la guerra”. Claro, luego de las protestas, este país soportó 12 años de guerra civil, con miles de muertos aportados desde la población civil y otro número igual que hasta la fecha siguen “desaparecidos”, nadie quiere volver a ese pasado. Por otra parte también el miedo movió a otro sector de la población, pero canalizado a la posibilidad de perder los programas sociales, tan atacados por muchos, pero que ciertamente son y siguen siendo en beneficio de un sector importante de la población y que también se avocó a las urnas y votó para no perderlos.

Otro error que asumo personalmente, es que pensé que este pueblo ya no se asustaba con facilidad, pero tal parece que el colectivo salvadoreño se asusta y reacciona en base al miedo; no sé si los psicólogos podrán emitir un mejor análisis de un país que viene de una dictadura militar, donde el miedo y el terror a dos guardias hacían que un pueblo entero se acostara a dormir a las 8 en punto de la noche. Luego pasamos a un período de guerra y represión y el miedo caminaba por las calles; continuamos entonces a la firma de la paz, el informe de la Comisión de la Verdad y la aprobación de la Ley de Amnistía, los temores permanecieron, puesto que los que violaron los derechos humanos seguían y siguen libres, esa transición sin verdad, justicia y reconciliación dividió más a este pueblo, luego las maras y su accionar nuevamente aterrorizando y el miedo sigue en las calles. ¿Es de extrañarse que nuevamente el miedo hiciera que muchos saltaran de sus sofás y salieran a votar? No, no debería de extrañarnos si hubiéramos leído bien las señales. Aunque en 2009 se venció el miedo, porque la campaña fue igual o peor que la que tuvimos en estas elecciones, la diferencia fue que Funes sí logró divorciarse del modelo Chavista con contundencia; en cambio en estas elecciones el FMLN no pudo hacerlo, ellos sabrán sus motivos, pero la realidad es que a mucha gente no está dispuesta a revivir esa etapa de marchas y represión tal cual la muestran las imágenes muy ampliamente difundidas de Venezuela. Tan cerca Brasil, Chile y otros países que podrían haber sido citados como referentes, pero bueno, eso da para otro análisis que debe hacer el FMLN internamente.

Estas elecciones no fueron ganadas por ninguno de los partidos, ni tampoco ganó la democracia, las ganó el miedo abonado por la falta de claridad del partido de gobierno en cuanto a sus referentes internacionales y el miedo a perder la poca ayuda que otro sector de la población recibe.

Tensar-la-cuerdaLo triste es que sin tener un muro que divida físicamente este país, estamos francamente divididos y no cedemos un centímetro, porque aquí votaron los unos en contra de los otros y viceversa, eso se huele a diario. Si nuestros jóvenes se lían a golpes luego de un partido de futbol y no solo de equipos nacionales, sino también de equipos Españoles, la frase "Conmigo o en mi contra" es el pan diario. Todos y todas lo sabemos, pero lo que no podemos permitir es que los líderes inciten a sus correligionarios, militantes o simpatizantes a que se enfrasquen en desestabilizar el país, no podemos darnos ese lujo. Discursos como el que brindó el candidato Norman Quijano, deben ser censurados por la sociedad en su conjunto, nadie debería tratar de salir a explicarlo o menos justificarlo. En  una sociedad con un pasado reciente donde se vivieron golpes de Estado impulsados desde la Fuerza Armada, además de la participación que ésta tuvo en innumerables masacres y violaciones a derechos humanos, es irrespetuoso siquiera insinuar que en algún momento ellos pueden intervenir en un proceso electoral que cuenta con suficiente cantidad de observadores internacionales, de los partidos, Fiscalía y que está en constante monitoreo por todos, es inaceptable, irrespetuoso para las víctimas de la guerra, nada de “caló electoral”, los políticos deben aprender a comportarse, si no logran controlar su boca y conectarla al cerebro en un momento de tensión por unos resultados electorales ¿Cómo van a poder contenerse a la hora de dirigir este país? Ya he dicho que ganar elecciones es lo más fácil, gobernar es lo difícil. Los militares no deben tener protagonismo, no les corresponde, no es parte de sus funciones, ellos a lo suyo y los políticos al de ellos.

De los resultados electorales, todos han escrito y en su conjunto variando un poco, se llega a la conclusión que debemos permitir que funcione la institucionalidad, no hay de otra, no podemos permitir que se salten las trancas de la institucionalidad y de los procesos legalmente establecidos, menos con un Código Electoral aprobado por las dos fuerzas políticas que se adjudican el triunfo.

Estamos a prueba no sólo en la institucionalidad, sino también en la tolerancia, respeto y en la mutua convivencia, el país no es tuyo ni mío, es de ambos, nadie puede arrebatarle al otro el título de “pueblo”, aquí todos somos pueblo y salvadoreños, vivimos en un territorio pequeño, sin recursos naturales, pegaditos piel a piel, imposible que logremos sacar adelante las reformas que necesitamos para comenzar a querer despegar en lo económico, en educación, en salud, en igualdad, en seguridad, en tantas cosas por hacer, este proceso no está dividiendo más y sobre todo desgastando. Los liderazgos deben ser responsables, aceptar los resultados y seguir caminando, aquí no han ganado o perdido, ambos partidos lograron demostrar el músculo que tienen en las urnas, pero con la prudencia de no hacer números alegres, recuerden que no es que tengan un aumento de voto duro, mucho voto fue por otras razones, entre las principales, para que no ganara el otro.

Respetemos las reglas del juego, activemos los procesos que la ley nos da y bajo el marco que se ha generado para la convivencia pacífica; eso son las leyes, el marco que permite que cualquiera pueda ejercer sus derechos siempre y cuando no se lleve de encuentro los derechos de los demás. No se han ido los observadores internacionales, la fiscalía ha dicho que será garante del escrutinio final, ahí está la procuraduría de derechos humanos, están televisando todo a la luz del día y frente a todos y todas, como debe de ser, como bien dijo Joaquín Villalobos, el sistema electoral salvadoreño está creado para desconfiados, tiene un sin número de seguros para evitar los fraudes, cómo que no, con la cantidad de fraudes que vivimos, es lógico que se creara un procedimiento propio para evitar esas situaciones.

Me uno a las voces y llamados a la cordura, sensatez y respeto a la voluntad de la mayoría –que no es una mayoría- recuerden que este país no se ha reconciliado, los miedos y rencores están a flor de piel, se debe manejar esta situación con prudencia y con mente fría, no caliente pasiones, puede que se salgan las cosas del control, no se puede jugar con las turbas, recuerden que ellas son “un animal rabioso y con animales no se razona”.

Dejen que funcionen las instituciones, que se ponga final a esto, que se agenden los temas de nación y tomen su silla cada bando y pónganse a negociar. El llamado en las urnas ha sido claro o ustedes lideres y lideresas los escuchan o se hacen los sordos y tendremos un caldo de cultivo para seguir en el retraso económico, equidad, igualdad, pero ante todo, serán los culpables de profundizar la división de El Salvador, y jalando cada quien por su lado se rompe la pita.

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