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06/02/2014 13:24:20

Libertad, debates y misoginia

Hemos quedado “eructando” los resultados de las elecciones del 2 de febrero, no cabe duda; todos y todas hablan de eso, de las nuevas alianzas –aunque no eso de nuevas, les diré–, pero sobre todo de qué es lo que nos espera en el “segundo tiempo”, teorías de qué puede pasar o no, abundan, todo depende de con quién hables y así se tiene diversidad de opiniones.

Pero dedicaré este post para referirme a tres temas que son los que más me han llamado la atención.

Me ha resultado interesante cómo, luego de que se han conocido los resultados de las elecciones, ha salido una cantidad de personajes políticos, analistas y otras personas que se autodenomina defensores proderecho a la Libertad, a regañar a los que, ejerciendo su derecho a la libertad, libremente decidieron votar nulo y se les ataca con expresiones como “Por su culpa habrá segunda vuelta, por lo tanto mayor gasto”, “Faltos de compromiso con la democracia que está en peligro”, hasta la última que leí ayer, “no se pongan exquisitos”. Digo interesante porque si uno utiliza el concepto de “la libertad no se defiende sola” también es cierto que la libertad no se defiende ni infundiendo el miedo en los demás, tampoco atacando a los que tomaron la decisión de manera libre y consciente de no votar por ninguno de los del menú. Sólo hago la reflexión que si de verdad quieren reclamarle a alguien el abstencionismo o los votos nulos, vayan a los partidos, son ellos los culpables de no ofrecer un “combo” atractivo a los ojos de estos votantes. No se puede ir por la vida pidiendo el voto o pretendiendo incentivar al voto insultando con frases peyorativas y tildando de poco inteligentes a las personas que razonadamente tomaron esa decisión. Si en serio están comprometidos con las libertades, aprendan a respetar el ejercicio de la libertad de cada cual.

Debate

Ahora bien, yo quiero un debate, siempre y cuando este se realice de modo tal que los candidatos: 1) Dejen de ponerse a recitar sus promesas; 2) Que no se vaya a convertir en una batalla campal donde los zapatos vuelen, al igual que en aquella conferencia donde a Bush Jr. le tiró alguien un zapato; 3) Con un moderador nacional, que conozca la política criolla y que no permita las evasivas y les saque el “CÓMO” lo van a hacer, ese cómo es lo que todas y todos queremos escuchar y el que muchos necesitan para tomar su decisión.

Los electores queremos que los candidatos nos desfilen –pero no al estilo de Miss Universo– sino con sus proyectos y estrategias concretas, que nos digan cómo van a desactivar la bomba de tiempo de las pensiones –en las que estamos sentados hace ratos y el tic tac nos tiene nerviosos– cómo y en qué forma se realizará la reforma fiscal, cómo –si lo hacen– van a focalizar los subsidios, cómo manejarán el tema de la tregua entre pandillas, cómo van a incentivar la inversión privada y cómo van a lograr unir a este país después de esta larga y polarizante campaña.

Los debates no son concursos de belleza no los gana el que más bonito hable, ni el que se vea más guapo, joven, sexy o esas cosas que no deberían importar a la hora de decidir el voto; los debates son para que nos expliquen sus propuestas de gobierno pero bien claro, donde no exista un “deje que llegue y cuando esté ahí verán”. Se trata de tener un moderador muy documentado que sepa hacer las preguntas directo a “la yugular” en los temas que corresponde. Si este pretendido y utópico debate no se diera en esas condiciones, sería una verdadera pérdida de tiempo y dinero; este país no tiene cultura del debate, no es un pueblo que en su mayoría se informe, menos que tome la decisión por un debate. Lo que he dicho es una triste realidad, porque si esto de los debates se hubiera instaurado allá cuando Héctor Silva (que en paz descanse) lo solicitó, sería un factor que a estas alturas podría definir las elecciones, pero la realidad es otra, la mayoría de electores en una segunda vuelta ya tomaron su decisión y es confirmar su voto de la primera vuelta. Muy difícilmente alguien cambiará su voto, me atrevo a decir que nadie lo hará, pero eso no significa que no deba promoverse el debate –pero no solo en esta coyuntura electoral, debe hacerse desde la cotidianidad–, pero eso sí, debe ser en las condiciones que apunté antes, de lo contrario, será otro "show" más, al que francamente no me interesa asistir.

Otro tema que ha saltado es el de las deplorables, misóginas y lamentable frase que dijo el candidato Sánchez Cerén: “chambrerío de viejas”. De verdad, honestamente el profesor se pasó, no puede ser, es que no puede ser. ¿Cómo me explican que en una elección donde solo hay hombres, donde sus asesores son hombres, donde los analistas son todos hombres, nos saquen a bailar a las mujeres y en la peor de la condiciones?. Condeno desde lo más profundo de mi corazón semejantes palabras irrespetuosas y espero de verdad que hayan sido pronunciadas solo por “el caló popular", y no porque piensa eso de las conversaciones entre mujeres. Le he visto la manera tierna con la que se dirige y trata a su esposa Margarita, y con esto he quedado sorprendida francamente. Pero tampoco compro ese discurso del montón de feministas y “feministos”, que de feminismo nunca en su vida han leído nada, que hoy salen indignados y haciéndose “el muertito”, acusando de misógino al candidato cuando guardaron un total silencio con la semejante falta de respeto y actitud machista e igualmente repudiable y misógina del candidato Norman Quijano de regalar escobas. Seamos honestos/as, el machismo arraigado profundamente en este país y azuzado por las religiones no es patrimonio exclusivo de la derecha ni de la izquierda; “machos patas arriba” existen en ambos bandos, ese es el enemigo, el querer utilizar a las mujeres o pretender decir que nos defiende atacando a un solo candidato es una hipocresía total y ofensiva para las mujeres que a diario luchan contra el patriarcado que va desde el lenguaje hasta las políticas económicas, donde las mujeres por el mismo trabajo recibimos menor salario, donde las mujeres se les relega a roles pre establecidos, donde las mujeres somos propiedad de alguien –padres, hermanos o maridos– donde las mujeres son invisibilizadas y tildadas de locas si desean dedicarse a una carrera, que en la mente de algún enajenado dice que son solo para hombres, donde a las mujeres se nos niega la decisión sobre nuestros cuerpos.

Si quieren hablar de feminismo o proteger a las mujeres, comiencen el debate por ahí, y no nos quieran utilizar como punta de lanza en esta coyuntura electoral. Suficiente sufren nuestras mujeres a diario para que gente ignorante e inescrupulosa quieran salir de paladines pro feminismo.

En esta segunda vuelta los que quieran ir a votar, vayan. Los que quieran anular su voto, háganlo. Los que no quieren ir, deberían hacerlo, les respeto su decisión, mas no la comparto; no por ese criterio de que si no votas pierdes el derecho a reclamar, como si por no votar automáticamente se vuelven ciudadanos de Marte, más bien repito las frases del Dr. Dada Hirezi: “vayan a expresar su descontento a las urnas, es necesario que los políticos también sepan su opinión”, y ante todo, si se quieren meter a defender o atacar a alguien sobre algún tema, lean e infórmense primero, no es justo que solo agarren banderas de coyuntura. No digan "¡Arriba las mujeres!" si no logran que en sus propios partidos tengan un mínimo de representación elegida por hombres o mujeres que tienden a defender el patriarcado en sus propios partidos. No digan: "¡Arriba los jóvenes!" si las cúpulas no tienen un solo joven. Y, menos aún, no digan: "¡Viva la libertad!", si no tienen la capacidad de respetar la manera como otros ejercen o viven su propia libertad.

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