El Salvador es esa madre que golpea y escupe pero añoramos que nos ame. Landsmoder (palabra noruega que significa "madre de la patria") será adonde deriven mis dolores y amores por la nación.

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16/02/2015 17:06:07

Vivir en el siglo XVIII y en El Salvador

El Salvador se encuentra compacto en varios estratos del tiempo, lo que permite que muchas prácticas cotidianas tengan un pie en el siglo xxi y otro en el xviii, por no decir más atrás. 

image from http://s3.amazonaws.com/hires.aviary.com/k/mr6i2hifk4wxt1dp/15021823/d7091453-256d-40bb-9856-7c144b1dfc61.png
De español y albina sale torna-atrás, o sea, negrita. Pintura de castas de Miguel Cabrera en Nueva España, en el siglo xviii. Los cuadros de castas fueron la herramienta que intentó explicar la sociedad colonial en América en el siglo xviii, con las categorías raciales de la época.

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05/11/2014 16:04:53

San Salvador o el amor imposible

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Fotografía de Francisco Campos. Casa construida por el arquitecto Joaquín Aguilar en 1911 sobre la Calle Arce. Fue destruida en 2011.

Alguien dice San Salvador y siento ganas de llorar, como si se tratara de un gran amor imposible.

Alguna vez escribí un libro sobre San Salvador como el único y gran amor: Iba a otras ciudades, veía otras ventanas, me alumbraban otros faroles, podía caminar sin peligro en otras calles, pero volvía a San Salvador.

Amo en otra ciudad, pero no olvido a San Salvador.

 

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13/10/2014 13:33:36

El acta de la paz, como la vida, no vale nada

El periplo del acta que atestigua que El Salvador firmó la paz en 1992 es un síntoma de la cultura institucional salvadoreña: el archivo no importa.

 

Cronología de los Acuerdos de Paz. El video en sí mismo, lenguaje e iconografá, merece análisis, de eso hablamos otro día. Ahora vea la firma.

 

Hagamos un ejercicio: Si yo digo 16 de enero de 1992, ¿en qué piensa usted: en la firma de la paz como acontecimiento o en el documento?

 

 

El 16 de enero de 1992 es para los salvadoreños un sitio de la memoria, es decir, un espacio simbólico en el que se deposita la memoria, según Pierre Nora; es decir, la fecha se convierte en sitio, porque para Nora, el sitio no es necesariamente un espacio público o privado. 

Pero el sitio de la memoria de 1992 está constituido por el acontecimiento y la memoria que cada uno de nosotros tenga del acontecimiento -yo tenía 10 años, me levanté temprano para verlo por televisión, no hay nada histórico en mi vivencia- y  no por el documento.

El acta, que atestigua el acontecimiento, y sobre todo legitima no está en la memoria de los salvadoreños. El documento no es el sitio, como escribí antes, y como consecuencia para la cultura institucional salvadoreña el documento, el archivo, no importa tanto.

Nos encontramos ante una crisis cultural e institucional que ha derivado en la noticia que ha ocupado a varios en las semanas pasadas: el acta de los acuerdos de paz no está en el Archivo General de la Nación -adonde deben conservarse los documentos para la historia de El Salvador- sino que está en un archivo privado, el del presidente Alfredo Cristiani, firmante del acta y que en 1992 representaba al Estado salvadoreño, como han notificado desde hace al menos diez años, varios medios de comunicación.

Cristiani no era el Estado -muy a pesar del dicho de Luis XIV- pero en el sitio de la memoria de ese 16 de enero ocupa el lugar preponderante del Estado, es la imagen que congelamos, la que guardamos, su acto escritural, el movimiento de su mano para su firma, un garabato de gran peso simbólico, lo que signó el futuro del país en que vivimos. Entonces sí, Cristiani es en ese momento el Estado y es la primera imagen que se nos viene a la mente, es la primera firma, además.

Después vendrá lo entrañable, los discursos de Shafick Hándal y Óscar Santamaría, un Dagoberto Gutiérrez joven que recuerda a un joven Sarte o ahora a un hipster bien peinado, David Escobar Galindo y Eduardo Sancho, poetas de rumbos diferentes, encontrados ahí como en los 70 cuando eran jóvenes (y que en 1996 publicarán juntos El venado y el colibrí). 

Eso y más. Una catedral en construcción, una multitud que celebra que júbilo auténtico, lágrimas, palomas blancas, el Puma cantando en algún lugar de San Salvador, y cada uno de nosotros con una idea o una esperanza de lo que sería la paz.

Cristiani siguirá aquí,fijo en la memoria, a pesar de los detractores, y constituye también, junto a Shafick Handal, un sitio de la memoria al que hay que excavar antes de peligrosamente convertirlo en mito.

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El hecho no es nuevo pero de nuevo causa conmoción, quizá por muchos factores, entre los que se cuetan la memoria colectiva (en este caso medio amnésica) y la búsqueda de una institucionalidad eficiente; ambos factores derivarían en un hecho fantástico: contar con documentos que sean asideros para escribir la historia de El Salvador y no una historia patria oficial.

Durante años, también, muchos presidentes salvadoreños pensaron que el Estado era suyo y por tanto lo era el patrimonio, mueble, inmueble o documental. Cristiani no es el primero y su libre interpretación del lugar ideal para la conversación del acta no debería ser tema de discusión. La discusión más importante es la del archivo nacional.

Los archivos salvadoreños han pasado por décadas de péridas, saqueos o crisis de conservación, por lo que la solicitud del AGN de conservar este documento debería de darnos la esperanza de una cultura institucional que quiere salir de la crisis, renovarse y finalmente conservar. 

Volver al 16 de enero de 1992 debe obligarnos a volver los ojos al acta. Para bien o para mal vivimos en Occidente y su ansiedad por la legitimidad; Occidente se fundó en el registro y el archivo, y eso ha sido precisamente lo que nos ha permitido poder conocer, escribir, re-escribir y desmitificar la Historia.

Una historia de la guerra en El Salvador debe pasar estrictamente por abocarse a la lectura del acta de la firma de la paz. Pero nunca la leímos, no está en los libros de Historia que debemos leer en las escuelas (¿Leemos en realidad libros de Historia en las escuelas de El Salvador?) y durante mucho tiempo no ha sido importante para la institucionalidad del Estado ni para el ciudadano de a pie.

No sé qué suceda con el acta. La misma Constitución de la república habla de un Estado protector de bienes culturales pero ese ha sido su último rol. Debería existir una negociación entre coleccionista privado y AGN que derive en la comprensión del documento como fuente para la Historia del país.

Que el documento que puso fin a más de 12 años de guerra civil no sea un sitio de la memoria dice mucho de una cultura en la que el incendio provocado y el saqueo han mermado las fuentes para la Historia.

La situación, para abordarla con humor, nos coloca en la situación de la ranchera: la memoria, como lavida, no vale nada.  La negación del recuerdo y la supresión del archivo solo nos colocan ante el miedo a saber quiénes somos. ¿Quién le teme a la paz?

 

Acta
Presidente Sánchez Cerén recibe el acta original de los Acuerdos de Paz para su resguardo en Casa Presidencial / Foto de publicación de Transparencia Activa.

 

 

 

09/09/2014 14:31:50

Desaparecer en San Salvador: ¿Adónde queda el Pasaje Guirola?

Adonde fuiste feliz no vuelvas o cómo perderse en el centro de San Salvador. 

La historia en este texto es real.Pasaje guirola

 

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