Soy periodista y paso muchas horas en lugares donde se fabrica nuestra historia oficial. Voy a escribir de política, de lo que se ve, escucha y huele tras bambalinas de nuestros gobernantes.

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Jun 27, 2017 3:29:43 PM

¿Y si Alfredo Cristiani compró la paz a los militares?

Han pasado más de 22 años desde que Horacio Castellanos Moya escribió una columna en la sección editorial de Primera Plana, proyecto pionero del periodismo independiente tras la firma de la paz. Castellanos Moya,  básicamente, sugiere que el expresidente Alfredo Cristani usó la partida secreta para comprar la paz. En otras palabras: sobornó a los militares extremistas que no querían aceptar el fin de la guerra civil. 

En aquel momento, Primera Plana publicó un texto muy corto sobre una denuncia que rechazó la Fiscalía en 1994. Dice la noticia: "Según la Fiscalía Cristiani no ha cometido delito. La Fiscalía General de la República rechazó una denuncia interpuesta por Kirio Waldo Salgado, contra el exmandatario Alfredo Cristiani por malversación de fondos de la "partida secreta" durante su gestión presidencial. La Fiscalía resolvió que no existe delito alguno, ya que no se puede investigar esa partida secreta, porque está protegida por la Ley General del Presupuesto del Ministerio de la Presidencia. Salgado externó su insatisfacción por la resolución judicial." 

Cristianifrasepartidasecreta
Comentario del expresidente que apareció publicado el 11 de noviembre de 1994.

 

El 21 de octubre de 1994,  Horacio Castellanos Moya publicó su columna que transcribo a continuación: 

La partida secreta

La denuncia contra el expresidente Alfredo Cristiani, en el sentido de que habría utilizado indebida y excesivamente los fondos de su partida secreta durante los últimos cinco meses de su gestión, debería generar una seria investigación. Erogar 9.5 millones de colones (un poco más de 1 millón de dólares) en un sólo día, y con destino dudoso, constituiría un hecho ofensivo para una nación paupérrima como la nuestra y demeritaría grandemente la imagen dejada por Cristiani luego de cinco años de gobierno. Por eso, el mismo exmandatario debe responder por esta situación con prontitud, sin dejar lugar a dudas al respecto.

Una cuestión clave en este asunto, más allá de la veracidad de los hechos denunciados, es la referente a la impunidad. Ningún ciudadano, mucho menos el Presidente de la República, puede estar por encima de las leyes; y ningún funcionario público, mucho menos el Presidente de la República, puede usufructuar antojadizamente los fondos del Estado. La gestión de Cristiani, en el marco de las negociaciones de paz que pusieron fin a la guerra civil, se caracterizó por atacar el régimen de impunidad imperante en el país, especialmente en lo referido a la violación de los derechos humanos. Ahora, en esta nueva etapa, cuando los casos de corrupción y tráfico de influencias ocupan la atención de la opinión pública, resulta imperativo que el exmandatario ofrezca una muestra más de su compromiso con la erradicación de esa tara que corroe la vitalidad de una nación.

Un segundo aspecto tiene que ver con la credibilidad en las instituciones del Estado. Alfredo Cristiani finalizó su período con una imagen nada despreciable. La transición a la democracia requiere que la ciudadanía perciba con respeto a sus dirigentes y que tenga confianza en la institucionalidad del Estado, sobre todo en la Presidencia de la República. La imagen de un mandatario «manos largas» corresponde a las peores constantes de nuestra historia, incompatible con un régimen democrático. Por eso las autoridades competentes y el propio Cristiani no deberían «apostar a la costumbre del olvido», sino que hacer frente de inmediato a las denuncias.

La sospecha de que los fondos de la partida secreta del exmandatario pudieran haber servido para «comprar» la paz -en el sentido de «convencer» a los más radicales protagonistas de la guerra de aceptar los Acuerdos de Chapultepec podría permear a la opinión pública si los involucrados no se preocupan por aclarar el caso. Ciertamente la partida secreta del Presidente de la República es eso: una partida secreta por la que no se deben rendir cuentas. Pero también se trata de fondos públicos, pagados por los contribuyentes. Y un abuso de semejante magnitud resultaría muy difícil de justificar. El expresidente Cristiani tiene una vez más la palabra.

21 de octubre de 1994, Primera Plana

Horacio Castellanos Moya, Director de Primera Plana

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Sección Editorial de Primera Plana

Comments

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¿Porque no suponer que la partida secreta también sirvió para comprar la paz con lo comandantes que no sabían qué iban a vivir después? Ya se está llegando a las respuestas que la tan anhelada paz solo llegó por dinero distribuido.

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