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09/18/2014

Mister Valentine

Les traigo algo un poco diferente esta vez, no es un artículo de actualidad, sino un cuento, una historia ficticia que espero que les guste tanto como a mí me gustó escribirla.

 

 Míster Valentine

 

Donny Valentine era un profesor de inglés pero no era el típico profesor de inglés que uno ve en la escuela. El señor Valentine llegó a nuestra Universidad de Cristo hace más de 2 años. Hoy como el día de su llegada uno lo puede reconocer por la tez de su piel y la gorra color azul añil desteñido que utiliza para cubrir su rostro. Donny llegó al país cuando tenía 38 años, en un programa de intercambio. Él también dice que viene de una ciudad llamada Ohio. Nosotros no hemos sabido nada más de su pasado.

 

Recuerdo el primer día que llegó a la Universidad y con un acento duro y áspero nos saludó.  Se presentó a todos como el Sr. Valentine y nos dijo que si alguno de nosotros quería ayuda para saber qué temas tocaría él que le preguntáramos. La mayoría de mis compañeros maestros no sabíamos cómo reaccionar ante un gringo que había cambiado el sueño americano por venir a dar clases a este país. Aquí donde hacíamos rifas para ver qué profesor recibiría libros para su materia y donde nos turnábamos para sabes quién sería  el conserje de la universidad. Yo siempre me di cuenta que Donny era más que un profesor de Inglés, siempre que daba una clase terminaba hablando sobre los problemas sociales, recomendaba que los jóvenes se alejaran de las drogas y les daba consejos para vivir una mejor vida. Siendo un profesor misterioso y un poco solitario me dio curiosidad saber más sobre él. Mi sueño era irme al Norte y enseñar allá, ganaría más dinero y podría enviarle las remesas necesarias a mi familia. Él quería seguir con su vida allá pero me decía que necesitaba este trabajo y la experiencia antes de seguir sacando diplomas para poder ser profesor en una universidad mejor pagada allá. Lo cual me parecía un poco bizarro ya que él sabía demasiado y era un muy buen pedagogo.

 

Una tarde me le acerque a Donny hablamos un rato sobre la vida en la universidad y tras concluir que la comida era pésima ahí me dijo que si quería ir a algún restaurante una vez nuestras clases finalizaran, sin pensarlo le dije que sí. Siendo un profesor nuevo en una ciudad y no pudiendo hablar español de manera fluida me imaginé que le costaba crear algún tipo de relación fuera de su trabajo. Nos reunimos en el comedor de la niña Dorita, que vendía los mejores choripanes de la ciudad. Claro este lugar yo lo conocía desde pequeño y estaba seguro que Donny nunca había probado algo así. El “chele” sabía que aunque se lo comía con una sonrisa, su estómago no se lo agradecería de la misma manera. Durante los primeros 5 minutos solo silencio hubo en el comedor; Donny no hablaba y yo no sabía que preguntarle. A muchos hombres les beneficia el callar, en el caso de Donny, yo no tenía ni la menor idea que tipo de persona era él.  

 

En una esquina del comedor se podía escuchar la voz de Eugenio Calderón y Kristen Rivas narrando la repetición de la última derrota de la selecta contra la selección de Panamá. Decidí preguntarle si le gustaba el futbol, levantó la mirada y me dijo que era muy violento y le dije no ese sino el “Soccer”. En ese momento no tuve respuesta. Donny terminó de comer, se levantó y me dijo: “Ese deporte se roba nuestros sueños, quita vidas  y ha dejado a tantos atrás.” Quede perplejo ante dicha respuesta titubee, me levante y justo cuando le iba a preguntar algo me volví a sentar la figura de Donny siempre había causado en mí una cierta incomodidad…

 

 

 

¿Qué le había pasado a Donny años atrás? Creí que nunca iba a saberlo pero el mes pasado decidí volver a acercármele tras mi primer intento fallido y decirle que necesitaba ayuda para unas clases de sociología urbana en Estados Unidos que tenía que darle a mis alumnos y que sabía que él podía ilustrarme. Donny me dijo que me ayudaría, que lo viera en el bar de la zona después de clases. Pasamos un mes entero en ese bar de mala muerte. Un bar que a primera vista parecía bastante barato pero a la vez con clase. Me dije bueno este lugar debe ser un lugar tranquilo donde nadie lo molesta. El frontón estaba pintado pero cuyo color ya no se distinguía. La zona donde se encontraba el bar no era la mejor. El anuncio y la entrada eran de madera antigua. Al entrar, mire al suelo y había pedazos de vidrio y un pedazo que plástico que parecía que pertenecía  a una cerveza, acepté que era eso. A Donny le gustaba porque nunca había nadie, entonces podíamos leer y discutir a nuestra voluntad. El pedía su whisky en las rocas mientras yo tomaba un té helado.

 

 

 

Pasábamos horas hablando sobre el comportamiento del hombre, Donny con su vaso de whisky en la mano y  yo con un cuaderno y mi diccionario inglés-español Donny hablaba bien el español pero su lenguaje era el spanglish. Donny me sacaba definiciones y ejemplos  de su cabeza de una manera asombrosa que me hizo pensar que debajo de esa gorra tendría una cicatriz de cuando le instalaron una enciclopedia.  El mes pasó rápido y llego el último día de la lección final. Después de que hubiésemos terminado la “clase” me atreví a preguntarle la causa de su disgusto por el fútbol. Donny sacó un libro, era una edición maltratada y manchada. Me admitió que esta había sido su biblia y que este libro muestra más que otro las emociones humanas al máximo.  El libro se titulaba “Fever Pitch”, prácticamente una autobiografía de un aficionado del futbol. Donny me dijo que me lo iba a prestar.  Yo no se lo pude aceptar, mi inglés no era suficientemente bueno como para leerlo todo. Lo que me extrañó fue que si esa era su biblia por qué a él no le gustaba el fútbol. ¿Porque odiar algo que amaba tanto? Me dije tal vez si leo este libro podríamos discutir al fin de fútbol.

 

 

 

Una tarde teníamos un partido contra los estudiantes en la universidad. Era una tradición que hacíamos cada cuatro años, si como si fuera el mundial. Donny tendría que jugar porque el profe de física, Nelson Ventura, se había caído en la ducha y se había fracturado el coxis. Me le acerqué un día en la cafetería me senté a su lado y le dije que si quería ser el volante estrella, me dijo que no. Le dije que lo necesitábamos ya que este año había muchos chicos que jugaban muy bien.

 

 

 

“¡Pero tu amas el futbol!”- le grité un poco frustrado. Donny se levantó, se quitó la gorra, me vio con sus grandes ojos de almendra. Estaba petrificado, nunca había visto una mirada así, en sus ojos podía ver una tristeza que me costaba explicarla con mis palabras.

 

“Ya no juego al futbol…no más, la alegría que el balón me daba ya no es la misma.”

 

No sabía qué responderle, sabía que había algo más a esto, tal vez una lesión o algo más que lo alejó de las canchas. Donny se dio vuelta, se acercó a su mochila y sacó de ella un documento plastificado. El papel amarillento era un recorte de diario de 1994 que había sido bien preservado.

 

 Lo leí: “Glory for the Stripes and Stars”.  Me lo quitó de las manos, lo giró y me mostró que al otro lado del documento plastificado estaba escrito en español: “Tragedia en las canchas y en nuestra ciudad”. Me acordé que en el Mundial de 1994, Andrés Escobar, un defensa colombiano había sido asesinado después de que anotara un autogol en contra en el partido que su selección enfrentaba al equipo anfitrión.

 

Donny se dio vuelta, agarró unos lentes de sol y salió por la puerta.  Guardé el recorte en la mochila que había quedado abandonada en la silla. Salí por la puerta, Donny ya no estaba. Le llame por teléfono y no me contestó.  Me regresé a mi casa y me puse a buscar en internet el video de ese autogol, fotos, historias, todo lo que me ayudaría a entender de qué manera estaba involucrada Donny en el tema. Busque su nombre como autor de las fotos, de alguna investigación o algo más  pero no encontré su nombre.

 

Estaba desesperado, hace más de dos días que Donny no llegaba a dar clases y sentía que era mi culpa. Lo fui a buscar a su apartamento. Vivía con un compañero, Julio Rosales, él había vivido la mayoría de su vida en Los Ángeles pero tuvo un accidente de carro y un gringo logró hacer que lo deportaran. Julito tenía un cuarto-Gym, que nunca utilizaba, el cual había transformado y rentado a Donny. Cuando toqué la puerta preguntando por el desaparecido, Julito estaba más aterrado que yo, si no hubiera sido por mí él no se hubiese dado cuenta que su compañero de cuarto había desaparecido. Julio tenía dos trabajos: profesor de día y cocinero en la noche, por lo cual nunca pasaba en casa. Llegamos al cuarto de Donny y escuchamos la televisión encendida, tocamos y nada. Intenté de abrir la puerta del cuarto pero estaba cerrada y Julio no tenía otra llave. Temiendo lo peor decidimos tumbar la puerta, al entrar, quedé boquiabierto.

 

Donny no estaba ahí. Había recortes de diario que se mezclaban con el suelo, pegados por todos lados. Julito y yo examinábamos en puntillas el cuarto sombrío. No eran las noticias o algún programa de televisión lo que habíamos escuchado sino que era la repetición de un documental de ESPN sobre el Mundial de 94 y la muerte de Escobar. Seguía desorientado, me di cuenta que debajo de su cama una mancha de sangre seca sobresalía, me acerqué y había una camiseta rayada llena de sangre. La camiseta era del equipo de futbol gringo del 94, las letras del apellido no se encontraban, sólo quedaban algunos trazos de la primera letra y el número no estaba. Agarré la camiseta y me fui al bar, dejando a Julio a cargo de buscar más pistas u otra cosa útil. Una vez en el bar donde nos habíamos encontrado la primera vez, recibí un mensaje de texto de Julio: No hay nada, se ha llevado todas sus cosas. Donny tenía que estar aquí si no ya no lo volvería a ver. Ahí estaba, la gorra azul añil a su lado, 2 botellas de whisky vacías en el suelo.  Antes de acercarme, Don Ernesto me hizo seña. “Lleva aquí dos días, se comió un par de pupusas ayer en la noche pero se ha tragado casi todo mi whisky, le pedí que se fuera pero me dijo que está esperando su vuelo”, me dijo con preocupación y algo de enojo.

 

No dije nada, me senté a la par de mi desaparecido. Me di cuenta que llevaba un vendaje espeso y algo grande en su pierna, una mancha de sangre adornaba su jeans roto.

 

“No me mires, vete, te he mentido…, me dijo casi entre lágrimas, lo peor es que me he mentido a mí mismo. Me voy mañana del país, la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. “

 

En mi mochila tenía la camiseta que había recogido de su cuarto. La saqué y se la entregué. Sabía que tal vez no quería saber la verdad, no sabía si estaba listo para escuchar lo que él tenía que decirme sin embargo me arme de valor y lo confronté.

 

“Donny qué pasó en 1994…tengo que saber.”

 

“Vengo de Nueva Jersey…”

 

 “¿De qué estás hablando?”

 

 “No me llamo Donny, no merezco estar con vida o que el arma del crimen sea mi cuerpo.”

 

Me quede sin decir nada, sentía que me caía de mi silla, no podía mantenerme derecho, para mi él siempre había sido Donny de Ohio, el profesor que tenía aspiraciones y que tenía un pasado duro pero era mi amigo . Ahora viéndolo a sus ojos me doy cuenta que este hombre ha vivido más tragedias que años. Viéndolo a los ojos lo reconocí pero él se reconoció antes que pudiese reaccionar.

 

“Mi nombre es John Harkes y soy el hombre que la historia olvidó.”

 

09/04/2014

Borrón y cuenta nueva, la Selecta volvió a jugar

La Selecta volvió a jugar partidos oficiales después del tornado de mentiras y  corrupción que nos dejó a todos con un sabor agrio en la boca. Los amistosos ante Costa de Marfil y España fueron un espectáculo con una selección que aún no era una selección. La Selecta se enfrentó a Rep. Dominicana y consiguió una victoria en un estadio vacío.  No estoy aquí para analizar la victoria ni como jugaron los seleccionados nacionales, si lo intentara no me sentiría bien conmigo sabiendo que en estos momentos veo el país de lejos, no sigo la liga local y desconozco como se sobrevivió el escándalo de los amaños.  Igualmente el día de ayer perdimos 2-1 contra el conjunto guatemalteco pero este resultado fue en un estadio lleno y la mayoría quedo satisfecha y con poco que reclamar.

A veces en la vida cuando algo malo pasa, nos quedamos pensando  en que todo seguirá siendo igual de malo. Cuando supe de los amaños en mi cabeza pasaron muchos pensamientos negativos, me sentí triste y humillado. Antes yo podía presumir de mi Mágico González, de México 70 y España 82, aun cuando hablaba del 10-1 contra Hungría me concentraba más en especificar que cuando Zapata anoto el 1-6 para nosotros, se celebró el gol con más euforia que cuando se clasificó para dicho mundial. Omitía, si el dato se desconocía, que ese 10-1 era la goleada más abultada de toda la historia mundialista. Después de los amaños nadie quería saber nada de la selecta sin embargo la esperanza es lo último que yo quería perder. Para mí no era un castigo los amaños para mí era una oportunidad. Una oportunidad de poder purgar las malas hierbas, los ídolos falsos, los jugadores que nos mantenían en la mediocridad. La llegada de Albert Roca y sus catalanes como aparecieron como una  solución final y algo inesperada  para quitarnos esos malos momentos, ese saborcillo amargo que dejo el anterior grupo, pensar que  veríamos al pupilo de Frank Rijkaard  crear una Selecta competente de la noche a la mañana era algo incoherente. Siendo utópico, uno piensa que ahora  el futbol Salvadoreño va a poder definitivamente crecer y poder salir a ese escenario mundial dejando una impresión que es la que pasa siempre por mi cabeza y esa es que El Salvador es un país donde se vive y disfruta el fútbol. Aspiramos  a más desde el milagro tico en el mundial y eso puede ser malo pero ahora tenemos una meta mayor lo cual es bueno.

La Selecta ha vivido momentos duros estos últimos años y está en medio  de una reformación. En este mundo hay optimistas y pesimistas. Yo me considero un optimista realista. En República Dominicana el béisbol es superior al fútbol, todo el mundo lo sabe sin embargo tras el problema de los amaños ellos estaban un peldaño arriba nuestro en el ranking de la FIFA.  Lo más seguro era una victoria asegurada, lo más seguro era que el estadio estaría lleno, que ganáramos de forma amplia, el público emocionado por ver este nuevo comienzo. En la parte futbolística, la selecta respondió, faltaron unos cuantos goles más para salir satisfecho con el conjunto del Albert Roca pero las buenas vibras se sintieron y el equipo superior fue el centroamericano.  Los directivos no lo quisieron en vez de hacer este un partido “regalado” para los aficionados, los precios elevados no permitieron que se llenara “sol”.  Los precios fueron una razón, la otra  fue el perfecto “timming” de la FGR para recordarnos de los amaños.

Ganamos si pero la afición sigue sin perdonar, la UNCAF en Estados Unidos, los estadios se llenaran y la gente estará feliz de ver a su selección jugar.  El resultado no es lo más importante, pero si entender que esto tendría que ser es nueva página en el fútbol nacional donde un buen papel es necesario para volver a ver un estadio lleno.

La selecta se enfrentó a Guatemala y perdió pero esta derrota no fue una derrota en la que yo me pusiera a pensar: ¿Tan malos somos? Lo otro que me dejo algo de esperanza fue ver  una selección sin ningún “veterano” que es convocado solo por su nombre, los jóvenes algunos creados por FESA, otros productos de la inmigración demostraron que ellos quieren ser la nueva selecta que cambie la imagen del país. Quedan dos partidos Honduras y Belice, está muy difícil ganar el grupo y complicado quedar segundos pero el mejor tercero está asegurado creería yo por lo que el duelo importante será el último contra Nicaragua. Lo importante es llegar a la Copa Oro con una selección bien armada y lista para jugarle de tú a tú a gringos y ticos.

 

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Alfonso Simán

Estudiante de comunicaciones. Ex productor y locutor de radio del programa “Le Football de Bueno”, en Radio Campus Mulhouse (Francia). Ex pasante de El Gráfico, ahí descubrí que podía contarles más de una historia sobre este bello deporte que a todos nos interesa.

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