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04/23/2015

El clóset de la izquierda y la cortina de humo rosa

El primer registro que encuentro en línea es del 13 de julio de 2005.  Rodolfo Parker, diputado del PDC, presentó una moción ante la Asamblea Legislativa para modificar el artículo 32 de la Constitución a fin de que especifique que el matrimonio es la unión entre hombre y mujer así nacidos (LOL). El 24 de abril de 2006, a pocos días del fin del mandato de esa Asamblea, el entonces presidente Saca comprometía los votos de la fracción de ARENA en apoyo a la propuesta de Parker. Se aprobó en plenaria extraordinaria en la medianoche del 29 de abril, última sesión del periodo saliente. La Asamblea entrante (2006-2009, con mayoría del FMLN) no ratificó la enmienda y hubo que esperar dos periodos legislativos más para volver a discutirlo. Haga numeritos. ¿Ve por qué estamos hablando de esto?

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«Ese chucho es culero, don Tony. Suéltelo; algo se le va a pegar».

Debido a mi juventud y lozanía, en verdad no recuerdo si el matrimonio igualitario y las adopciones universales fueron discutidas en periodos anteriores a la gestión legislativa 2003-2006. Sí creo que ahora que las plataformas digitales permiten que el discurso ya no sea monopolizado por la prensa tradicional es posible tener otro tipo de conversación al respecto. Una que, por ejemplo, me permita decir que toda discusión sobre el matrimonio igualitario es infructuosa. Su único fin es distraer al ojo de la opinión pública. 

Desde que resurgió el tema la semana anterior, he intentado evadirlo. En otros tiempos yo habría tratado de argumentar que el matrimonio era una figura consuetudinaria antes que religiosa, que en términos fiscales su aprobación solo traería beneficios, que la norma religiosa regula el comportamiento del individuo ante el prójimo y que por naturaleza solo vincula al creyente con Dios; por tanto, no es ni debería utilizarse para hacer ley. Por dicha, hay otras personas en este mismo espacio que han tenido la paciencia de hacerlo (gracias, Bessy).

Pew pew pewEsa soy yo cuando escucho las plenarias en la radio de la Asamblea.

Volviendo al punto, sé que es poco diplomático afirmar que toda la discusión sobre el matrimonio igualitario en El Salvador es inútil, pero lo sostengo. Pew Research, que vendría siendo como el CID Gallup de la gente que puede contar sin usar los dedos, hizo el año anterior un estudio sobre las posturas religiosas en América Latina. Una de las variables que se estudiaron fue el apoyo por país al matrimonio igualitario. Los resultados no son nada sorprendentes:

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El artículo completo está en Sin Etiquetas.

Ajá, El Salvador es el país en el que menos gente apoya la salvaje idea de que una se pueda casar con su novia: solo el once por ciento de los encuestados lo hace. Damos por sentado lo que ya sabemos: este país está lleno de mini Julia Reginas. Qué miedo.

«Pero Virginia», dirás vos, «es justo por eso que el tema del matrimonio igualitario debería discutirse más».  En cierta medida es cierto, de no ser por un problema: es poco probable que los argumentos individuales a su favor tengan eco cuando no hay un trabajo político que le acompañe. Las organizaciones LGBTI, cuya única apuesta hasta ahora ha sido dialogar con el FMLN, dirigen sus escasos fondos para trabajar con un sector de la comunidad mucho más vulnerable a la violencia recalcitrante (física, económica, social) de El Salvador: la población trans. Y eso tiene todo el sentido del mundo. Casarnos no es prioridad cuando nos están matando con lujo de barbarie por el simple hecho de ser.

Es debido a ello, aventúrome a decir, que las organizaciones LGBTI han confiando en el FMLN y únicamente el FMLN el trabajo político que se requiere para llegar a tener una discusión seria sobre el matrimonio igualitario. A vista de las organizaciones, esto ha tenido algunos frutos: Ciudad Mujer contrató en primera instancia a mujeres trans o lesbianas (a las que luego despidió u orilló a renunciar) y se creó en 2010 una Dirección de la Diversidad Sexual, de cuyo trabajo nunca se escuchó mayor cosa. Es evidente que estos, junto a la firma del decreto ejecutivo 56, que compromete al Estado a erradicar la discriminación por orientación sexual dentro de la administración pública, son logros del Ejecutivo. Empero, en donde resulta más urgente el apoyo del FMLN es en la Asamblea Legislativa.

Desde 2006, todo el apoyo que históricamente se ha recibido de la fracción legislativa del FMLN es silencio. Ni siquiera intervenciones en las plenarias, ni siquiera votos en contra: silencio. Si existe la intención en la izquierda de reconocer que las parejas no heterosexuales tienen derecho a legalizar sus uniones, ese apoyo está enclosetado. ¿Le causará miedo al FMLN proclamar que las personas del espectro LGBTI somos plenos ciudadanos y que nuestra identidad de género u orientación sexual no constituye impedimento jurídico para ser sujetos de derecho en El Salvador?  Apuesto a que se siente feo enfrentar el rechazo de la mayoría de la sociedad. Intuyo que hay un grupo que conoce ese temor, ¿quiénes serán?

Si nuestro único aliado político nos «apoya» únicamente cuando esto le significa votos y no cuando esto implica construir un marco legal equitativo y duradero, ¿de verdad nos está apoyando?

Es por esto que digo que es infructuoso hablar de matrimonio igualitario: estamos políticamente solos. Las voces que monopolizan el discurso sobre el tema son de derecha y el escenario no se modificará si no tenemos forma de participar en la discusión. Ni las organizaciones LGBTI (con recursos limitados y escenarios más urgentes) ni la izquierda institucional (enfrentada, de apoyarnos,  a un 89% del electorado) moverán un dedo por el matrimonio igualitario. Entonces, ¿por qué hablamos de esto?

Yo tengo claro por qué lo hago: los derechos de la población LGBTI constituyen una enorme cortina de humo rosa a la cual se apela en dos momentos críticos: las coyunturas electorales o las crisis en cualquier extremo del espectro. ¿Quieren ejemplos? Okidoki.

Regresemos a la primera parte del texto: Rodolfo Parker, diputado del PDC, presenta en la Asamblea Legislativa una moción para hacer constitucionalmente explícito que el matrimonio es entre hombre y mujer así nacidos. ¿La fecha? 13 de abril de 2005. ¿Qué ocurría entonces en el escenario político nacional? En las elecciones de 2004, ¿qué partidos políticos no lograron el 3% de votos necesario para subsistir? ¿Qué partidos políticos fueron resucitados shucamente con el Decreto Legislativo 586 el 19 de enero de 2005? ¿Qué partidos políticos necesitaban desesperadamente volver a ser relevantes? Oh sí, el Partido Demócrata Cristiano y el Partido de Conciliación Nacional. ¿Para qué sirven los maricas? Para recobrar relevancia política.

El 29 de febrero de 2012, un par de días antes de las elecciones municipales y legislativas, se discutió en pleno, de nuevo, la misma moción de Parker. Sí a la Vida activamente amenazó con hacer campaña política en contra de los diputados que votaran en contra de la propuesta. ¿Para qué sirven las maricas? Para ganar votos de ultraderecha en un país recalcitrante y cristiano a conveniencia.

16 de abril de 2015. Vuelve la burra al trigo. Se celebra con bombo y platillo la aprobación de la reforma (de nuevo). Un día antes renucia el secretario de Gobernación. Un par de días después,  el Gobierno de El Salvador (ah, para eso sí hay coordinación entre el FMLN del Ejecutivo y el del Legislativo) anuncia la creación de batallones militares especiales para combatir a las pandillas y se devela ante la opinión pública que la Fuerza Armada ha vendido armamento militar a narcotraficantes. ¿Para qué sirven las maricas? Para distraer de la inminente escalada de la compleja situación de seguridad pública.

Es inverosímil pensar en la viabilidad de la aprobación del matrimonio igualitario en un contexto en que las personas a quienes impacta no tienen oportunidad de participar de su discusión. Es ingenuo pensar tal cosa. Históricamente ha habido un monopolio de las fuerzas políticas de derecha que es, hasta ahora, el único interlocutor en la defensa de un ideario de familia que no se ve afectada negativamente por la ampliación de su definición. Cualquier mención al matrimonio igualitario en la opinión pública es, de facto, peyorativa. La derecha ha venido haciéndolo con el silencio cómplice de la izquierda, misma que ahora se aprovecha políticamente de esta cortina de humo rosa, con plumas y brillantina, para ocultar a pausas que es igual de recalcitrante y totalitaria que la derecha a la que políticamente se opone.

Si algo bueno puede devenir de esta coyuntura es, espero, una ampliación del panorama político de las organizaciones LGBTI. No es sano seguir pensando en el FMLN como único y enclosetado aliado. ¿Será demasiado osado pensar en la construcción hormiga, en personas de la diversidad que contribuyan desde organizaciones civiles o partidarias en la remoción de la carga peyorativa y pecaminosa que pesa sobre la inmoralidad de amar a alguien de tu mismo sexo? ¿Es aventurado pensar en alternativas que desde fuera influyan a los medios de comunicación y los ámbitos comunitarios? Quizá lo sea, sí, pero yo no le veo otra opción.

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Virginia Lemus

Estudiante de Filosofía en la UCA y observadora sarcástica, incluso cuando se describe a sí misma: "Solía jugar a ser una persona seria que estudiaba Derecho y publicaba textos amorfos en un par de revistas. Cuando de tanto ver los noticieros estaba a punto de matarme, dejé de escribir, me cambié de carrera y ahora rehuyo del país que tanto detesto y me detesta haciendo como que estudio a señores barbuditos con el mote de filósofos.

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