Crónicas guanacas se concibió para ser parte de El Faro desde finales de 2009, pero le tocó madurar exiliado durante más de un lustro. El blog regresa a su casa su esencia intacta: interpretar fotogramas, escenas o secuencias de la realidad salvadoreña.

« Violentados por tener pene | Inicio

30/11/2017 18:41:02

Gracias, Laura

Gracias, Laura. Te agradezco con honestidad absoluta que juzgaras necesario y urgente corregir el texto que publiqué el 20 de noviembre en mi blog. Te lo agradezco porque me permitirá explicar mejor cuestiones que, por lo visto, no supe explicar bien.

Tenés razón, Laura. Lo digo sin ironías. Tenés razón cuando decís que la violencia de género es un problema de toda la sociedad. Tenés razón cuando afirmás que denunciar las violencias no debería ser competencia de cifras. También tenés razón, Laura, cuando exigís visibilizar los distintos niveles de violencia del hombre contra la mujer. Y por supuesto que tenés razón cuando escribís que es necesario entender cada muerte desde su especificidad.

Lo que no termino de comprender, Laura, es cómo concluiste que yo opino lo contrario. Creo que el machismo está detrás de la mayoría de las violencias que se ejercen en El Salvador y en el mundo, contra las mujeres y contra los hombres. Y creo de corazón que el feminismo es una fuerza clave para construir sociedades más armoniosas. Lo creo y me esfuerzo por ser consecuente, tanto en mi vida personal como en la profesional.

Tus razones tendrás para tu reacción. Quizá creíste que mi reflexión había provocado un pequeño incendio y, como militante de la causa de la que sos una activista, te viste en la necesidad de salir a apagarlo. Eso está bien, Laura. El problema es que no había fuego alguno, no al menos donde vos creíste verlo. Reitero: creo en el feminismo como fuerza positiva de cambio.

La idea central que quise transmitir en mi columna era una: buena parte de las lecturas sobre el fenómeno de la violencia que en clave de género se están haciendo en El Salvador –repito: en El Salvador– presentan en mi opinión flaquezas; la más grave, sacar de la ecuación el clasismo y la estratificación social, tan definitorias en nuestra sociedad. Más conciso: el grueso de los análisis en clave feminista preponderan el género sobre la clase social. Cuando vos, Laura, en tu cuenta de Facebook recomendás con efusividad la lectura de ‘Una esclava de la MS-13 cuenta cómo escapó’, artículo del colega Óscar Martínez, lo hacés con este enunciado: “Enterémonos de lo que significa ser mujer en nuestro país”. Yo me atrevo a levantar la mano y decir que no es tan así, que dramas humanos infinitos como el que Óscar nos contó, o parecidos, es muy difícil que le sucedan a mujeres de clase media para arriba, y sin embargo es muy probable que le ocurran a hombres de clase media para abajo –y a mujeres, obvio, pero prefiero explicitarlo en esta ocasión.

Es un matiz que yo juzgo importante y sobre el que estoy convencido de que no se ha debatido lo suficiente.

Hay otras ideas secundarias en la columna que tanto te incomodó, Laura, ideas sobre las que en mi opinión no se habla lo suficiente, como que la represión del Estado salvadoreño es implacable contra los hombres, o como que el control territorial de las maras hoy por hoy es tal que el hecho de ser hombre es, per se, una razón para ser asesinado en este país. Sobre esta última idea elegí el titular, ‘Violentados por tener pene’, que admito que no es el titular más afortunado.

Todas esas ideas las planteé no como tótem inamovibles, pero sí posturas firmes y meditadas, basadas en años de investigación de la violencia, investigación sobre el terreno, interactuando con víctimas y victimarios –hombres y mujeres en ambos grupos– que viven en comunidades empobrecidas y estigmatizadas en las que la presencia de la academia, de las oenegés y del periodismo responsable es nula o testimonial.

Arranqué diciendo que agradecía tu columna, Laura. De hecho, un artículo tuyo fue el que, sumado a otras ideas que se maceraban en mi cabeza, me animó a escribir sobre este tema. Hace un par de meses firmaste una reflexión titulada ‘El alivio de tener un hijo’, en la que mencionabas las ventajas que, en tu opinión, tu pequeño hijo tiene sobre la mitad de la humanidad. Desde el primer párrafo condensabas tu planteamiento: “Mi hijo, por el simple hecho de nacer con un pene, nunca tendrá que librar las luchas que desde pequeñas enfrentamos las que nacimos con una vulva”.

Tu artículo en ningún momento planteaba que tu hijo –afortunadamente– está creciendo en un hogar de ingresos altos, muy altos. Si vivieras en El Salvador, podrías inscribirlo en la Escuela Americana o en el Liceo Francés. Nadie discute –yo no, al menos– que falta equidad y sobra violencia de género incluso en esa franja social privilegiada, pero sí me atrevo a cuestionar, en una sociedad estratificada como la nuestra, que los análisis con un estricto corte de género sean la mejor herramienta para comprender las violencias que nos afectan. Tu artículo sobre tu hijo tiene, en mi opinión, esa limitante.

Yo tengo dos hijas, Laura. Las conocés. No sobra el dinero en mi familia, pero en un país en el que el 82% de los salarios (que cotizan en el ISSS) están abajo de 914 dólares, me sé un privilegiado por tener capacidad para enviarlas a un colegio bilingüe modesto y de procurarles sanidad menos indigna si fuera necesario. Pues bien, Laura, contrario a lo que vos planteás, yo estoy convencido de que mis hijas tienen poderosas ventajas sobre los niños de las cientos de miles de familias salvadoreñas que viven con el salario mínimo o poco más... aunque mis hijas tengan vulva.

¿Resulta ofensivo plantear algo así? ¿Por qué? Te invito, Laura, a que conozcás qué tipo de violencias sufre un joven de 16 o 18 años que vive en comunidades afectadas por el fenómeno de las maras. Violencias ya estructurales.

Hay en mi columna un párrafo que, en la disección que hice a posteriori, creo que se presta a interpretaciones equivocadas. Escribí: “En una sociedad como la salvadoreña, con un problema de violencia tan enraizado y desbordado, establecer políticas públicas atinadas pasa por analizar, conocer y ponderar las distintas violencias desde todas las variables posibles: edad, ingresos económicos, ubicación geográfica, grado educativo y género, por supuesto”. Y de género, por supuesto. “Pero no creo que las lecturas parciales, sesgadas o interesadas sean lo más conveniente, sobre todo cuando son enfoques que se utilizan para soslayar o minimizar determinadas realidades”.

¿Hay lecturas parciales, sesgadas o interesadas en los análisis de género sobre la sociedad salvadoreña? ¿Soslayan determinadas realidades? Sí y sí, Laura. La columna sobre tu hijo es, en mi opinión, un claro ejemplo.

No es, ni mucho menos, el único elemento distorsionador. Oenegés, mujeres y hombres feministas presentan con frecuencia las cifras de mujeres asesinadas como si fueran feminicidios, cuando saben mejor que yo que son cuentas diferentes. También he detectado que desde el activismo se replican con ligereza informaciones falsas, como una campaña que se viralizó en redes sociales en la que se afirmaba que en El Salvador si un hombre violaba a una niña, la embarazaba y abortaba, ella se exponía a penas de cárcel de entre 30 y 50 años, cuando la Ley Penal Juvenil establece un techo de 15 años de internamiento para cualquier menor de edad. ¿Por qué mentir o distorsionar?

Por buena que sea la causa, y el feminismo lo es, son tergiversaciones que uno puede llegar a entender en un activista que prepondera su causa sobre la verdad, pero en el periodismo, al menos en el periodismo tal cual yo lo entiendo, no tiene cabida la mentira ni, en la medida que uno pueda detectarlas, las visiones sesgadas o parcializadas.

Nomás lo plantearé porque da para otro debate, pero juzgo preocupante que ciertos sectores radicalizados del feminismo estén ejerciendo y promoviendo actitudes que en otros ámbitos nadie dudaría en etiquetar como filofascistas. En El Salvador aún no hemos visto escenas como las ya vividas en México, en las que mujeres exaltadas agreden y expulsan a periodistas que cubren marchas feministas en la vía pública, por el simple hecho de ser hombres. ¿Imaginan que en una marcha para denunciar el racismo sacaran violentamente a los periodistas por ser blancos? Aún no se ha visto en El Salvador, Laura, pero ya hay autoproclamadas voceras del feminismo que pregonan a los cuatro vientos quiénes pueden y quiénes no escribir sobre violencia de género, y cómo debe hacerse: a su gusto, claro.

Voy terminando. Ojalá el clasismo se tuviera más en cuenta a la hora de hacer lecturas en clave feminista o en cualquier otra clave. Por el bien de toda la sociedad. Intuyo lo complicado que resultará. Tan claro como vos tenés que el patriarcado está presente en la estructura mental de la inmensa mayoría de los hombres y en algunas mujeres, igual de claro veo yo que el clasismo se cuela con frecuencia preocupante en los análisis en clave de género. Por una razón muy simple: muy pocas de las voces más activas del movimiento feminista salvadoreño provienen de esas familias en las que cuatro o cinco miembros pasan el mes con uno o dos salarios mínimos.

Conocí de primerísima mano el caso de una activista feminista –consultora, vecina de la colonia más exclusiva de la capital, española– que contrataba a otra mujer para que le limpiara la casa un día a la semana. Le pagaba 12 dólares por una jornada de trabajo, no le dejaba almuerzo y, lo más doloroso, le brindaba un trato personal infame. La mujer que le ayudaba era madre soltera de dos niñas y un varón, menores los tres.

Justo a eso me refiero, Laura, cuando me atrevo a plantear que las luchas contra el machismo y contra el clasismo deben, en esta sociedad en particular, ir cuanto menos de la mano. Y me refiero sobre todo a los hechos, no sólo a discursos y postureos. Es debatible, por supuesto, pero yo estoy convencido de que la sociedad salvadoreña en su conjunto –y el movimiento feminista como parte de esa sociedad– está en deuda en este punto.

Lamento no haber sabido expresarme con inequívoca claridad en un tema tan sensible en la columna ‘Violentados por tener pene’. Pido disculpas a las personas que interpretaron que yo estaba menospreciando la violencia de género, en especial si la leyeron completa y si lo hicieron sin animadversiones previas hacia mí o mi trabajo. Nada más lejos de mis intenciones.

Y a vos, Laura, lo dicho: gracias por darme pie para esta aclaración.

Cms-image-000004864
Foto archivo El Faro.

Comentarios

Fuente You can follow this conversation by subscribing to the comment feed for this post.

A usted le asusta mucho el feminismo, es lo que concluyo de todos los artículos publicados. Hasta donde sé, los que se llaman profesionales del periodismo o comunicaciones tienen que saber o entender al menos de lo que están escribiendo. Solo espero que su necesidad de atención no siga manteniendo un sistema que fomenta la violencia de género. El caso de su vecina feminista evidencia su poco o nulo conocimiento. Se nace en un mundo donde la discriminación es la base del sistema patriarcal, nadie esta exento de mantener aquello que nos enseñaron y no pretendo disculpar a la señora, cada quien su propia auto critica, pero si pienso que el feminismo lo que trata es que esa discriminación sea cuestionada y abolida y eso no se hace en un segundo cuando son siglos de patriarcado. En fin, le serviría leer un poco más, saludos.

Hey buen punto el machismo y feminismo al final son par, es necesario superar ambos y pensar somos seres humanos que igual tenemos sangre, cagamos comemos dormimos, pero al final somos complemento por igual, el tema del clasismo afecta y ahi existe mas contradicciones, creo que se tiene que educar mas en convicciones que en emociones, sino se educan las emociones solo seremos llamaradas de tuza en llanto, enojo, y sin hacer nada en realidad.

Aunque el artículo es una respuesta a un otro artículo y por tanto a la autora de ese artículo, me parece que se ha abierto un debate que vale le pena, puesto que es un intento de acordar posturas en un país donde todo se polariza.Visto tal como usted lo expone, comparto algunos de sus puntos de vista, como eso de las contradicciones entre teoría y práctica feminista, pero también eso de que para mirar mejor el problema hay que tomar en cuenta también otras variables. Sin embargo es válida la lucha que hacen también grupos de mujeres para visibilizar un problema que no surge con el agravamiento de la violencia en El Salvador, sino que ha sido una constante histórica, esa violencia que puede llegar hasta la muerte de una mujer, debida a su género, esa que ejercen su compañero, o ex compañero de vida, su padre, otros familiares, vecinos o desconocidos y que se agrava en medio de todo el complejo clima de violencia que vive el país; y por ello, aunque la reivindicación es totalmente válida, no se puede dejar de mirar todo el panorama, todo ese complejo problema de violencia que victimiza de muchas maneras, y que deja diariamente un saldo de hombres y mujeres asesinados.
¿Qué está a la base de esos problemas de violencia? Desigualdades económicas y sociales, en una sociedad presa del consumismo y de la competencia sin sin límite, con un tejido social totalmente roto, en donde pareciera que la solidaridad está descartada de la vida diaria. ¿Cómo resolvemos estos problemas? ¿Qué hay que demandar del Estado para empezar a cambiar la situación? ¿Qué de la empresa privada? Después podemos hablar de violencias más específicas. De momento todos somos de una u otra forma víctimas de un sistema que nos mata.

lo que a continuación escribiré no es epidíctico. de hecho, ni tan siquiera soy invitado a participar del “yo digo, ella dice”. sin embargo, he aquí lo que yo escribo: el mensaje de ustedes, si lo examinamos dentro de las características mismas del texto que ustedes nos ofrecen, encontraremos un sin número de non sequitur argumentums que ustedes justifican desde sus propias perspectivas sociales; no así, desde la epistémica y desde la ontológica candidación de la pobrería salvadoreña; que es y ha sido la más afectada desde inmemoriales épocas, no solamente de esas perspectivas que terminan en non sequitur argumentums, sino además de las mismas tonterías que esas perspectivas producen. afuera, del “yo digo, ella dice”, quedan la pobreza la estupidez la ignorancia la violencia que les impele (a adinerados y pobres) a cometer asesinatos y muerte, perennemente. tanto (adinerados como pobres) se “embrutecen pierden el sentido se vuelven hoscos agresivos pendencieros sacan sus armas y hieren” y asesinan y mueren; más es obvio, que de vuestras eruditas intelecciones y perspectivas, que lo anterior jamás leeremos.
sus “habitus”, (únicamente por citar a Masferrer, Bourdieu, y Giddens), distinguidos escribientes, difieren de los ‘habitus’ de quienes ustedes desconocen, por completo. y, no, no me refiero a esos ‘habitus’ que reafirman la construcción organización producción reproducción y constante formación de las mismas matanzas que afectan a la pobrería de la hacienda, de el salvador; no, ¿cómo podría un pobre escribiente asegurar tan magnas estupideces? ¿cómo podría un pobre escribiente hacerles ver que sus personales y obsesionadas perspectivas sociales carecen de un discurso de una retórica de una acción social que efectivamente nos ayude a solucionar, o en su defecto, a menguar la pobreza la estupidez la ignorancia la violencia y el asesinato y muerte que sufre la pobrería salvadoreña?; pedir eso es querer sacar agua de una piedra. conste, mi epidíctica escritura no es dirigida contra ustedes.

Nadando contracorriente, pienso exactamente como Roberto Valencia, porque la corriente nos lleva a ser hipócritas, perdón, políticamente correctos, quise decir; respetando hasta las tergiversaciones, mentiras e interpretaciones/declaraciones sesgadas que a menudo suelen expresar ciertos colectivos y personajes militantes desde la radicalidad feminista construyendo cierto odio de género contra los hombres por el simple hecho de serlos y sin que nadie ose decir nada contrario bajo pena de escarnio en modo acusaciones de machismo, degradación de la mujer, etc., etc.
Comprendo, y supongo que también Roberto, la causa feminista como un bien social respetable y necesario para alcanzar satisfacción en el entorno para nuestras madres, hermanas e hijas, pero detesto las interpretaciones militantes que por ejemplo llevan con una simpleza pasmosa y mareante a sostener que cualquier asesinato de una mujer es feminicidio sin valorar los hechos puntuales. Por ejemplo, matan a una chica, hecho lamentable, para acallar que era testigo de un asesinato y salen a la palestra a decir esos miembros militantes que fue un feminicidio sin valorar que la violencia en ese contexto no la desató el sexo de la chica sino otras circunstancias. Ella murió exactamente por las mismas o parecidas razones que mueren muchos jóvenes a diario en este país y vaya, ahi la clava Roberto, por el hecho de ser "hombres" ya que la violencia está desatada sin control contra ellos por ese simple hecho. Y con decirlo, nadie le resta mérito a la necesidad de luchar para mejorar el trato a las mujeres. Pero las cosas en su lugar.

El mundo es y así debemos aceptarlo, como el colorido fondo en la fotografía de la primorosamente respetable mujer trabajadora que acompaña esta entrada porque cuando lo vemos solo en nuestro color preferido sacamos al sol a nuestro Hitler interior.

He leido a Laura Aguirre en varias oportunidades, en el mismo tono que a Paolo Luers, leyendolos por lo detestables que son, Laura por sus propios motivos y diferentes, ella cree que en su torre de marfil donde escribe y manda sus maravillosos mensajes a nosotros los chimpances que vivimos en El Salvador, ella nos esta educando... en ingles existe una frase: first world problems.. en eso se resumen todos sus articulos,

El comal le dijo a la olla

Se equivoca x completo esa tal Laura al decir q las nuevas generaciones de varones la tienen mas facil q las hembras, se equivoca xq en muchos hogares d ES mandan las mujeres, en mi circulo familiar y de cheros las mujeres insultan, humillan y hasta berguean a sus maridos, pero eso no lo quieren ver las feminazis como Laura, a mi hmno x ej, una mirada le hace la mujer y el agacha la cabeza y obedece como cuando los hoy viejos eramos cipotes y se nos quedaba viendo nuestro tata o nuestra nana, no Laura , a su hijo se lo va llevar putas xq nacio en el tiempo de la revancha y venganza de la mujer hacia el hombre, venganza x cierto q es un poco entendible y justificable ya q las mujeres de antes, nuestras madres y abuelas si sufrieron del abuso del patriarcado, tiempo al tiempo para q ud viva eso en carne en propia cuando las mujeres hagan mierda a su bendecido hijo q segun ud , ya la hizo solo x el hecho de tener PICo, se equivoca x completo Laurita,

Verifica el comentario

Vista previa del comentario

Esto sólo es una vista previa. El comentario aún no se ha publicado.

Ocupado...
Your comment could not be posted. Error type:
Se ha publicado el comentario. Publicar otro comentario

Las letras y números que has introducido no coinciden con los de la imagen. Por favor, inténtalo de nuevo.

Como paso final antes de publicar el comentario, introduce las letras y números que se ven en la imagen de abajo. Esto es necesario para impedir comentarios de programas automáticos.

¿No puedes leer bien esta imagen? Ver una alternativa.

Ocupado...

Publicar un comentario