Crónicas guanacas se concibió para ser parte de El Faro desde finales de 2009, pero le tocó madurar exiliado durante más de un lustro. El blog regresa a su casa su esencia intacta: interpretar fotogramas, escenas o secuencias de la realidad salvadoreña.

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22/07/2016 11:30:54

Nunca me habían insultado tanto

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Cocina ubicada en la finca San Blas, en San José Villanueva. Foto Roberto Valencia.

Nunca me habían insultado tanto como en los días y semanas posteriores al 22 de julio de 2015. Y no solo fueron insultos; llovieron calumnias, ofensas de sabores y colores variados, difamaciones e incluso amenazas de muerte explícitas como bofetadas.

El torrente de improperios sobrevino después de la publicación de ‘La Policía masacró en la finca San Blas’, una sólida investigación periodística de la que yo soy primera firma y en la que se denunciaban, por un lado, ejecuciones extrajudiciales cometidas por la Policía Nacional Civil (PNC); y, por otro lado –y en mi opinión lo más preocupante–, un obsceno encubrimiento de lo sucedido de parte de las autoridades e instituciones que deberían proteger a la ciudadanía contra los abusos de las fuerzas de seguridad.

Escribo estas líneas el día exacto en el que se cumple un año desde que publicamos la crónica. Doce meses que, admito mi extrañeza, sirvieron para que la masacre de la finca San Blas se haya convertido en el referente inequívoco de los abusos que la Administración Sánchez Cerén está cometiendo desde que en enero de 2015 apostó por el manodurismo para tratar de resolver el desarrollo desmedido del fenómeno de las maras.

La crónica acumula más de 104,000 visitas y fue retomada por prestigiosos medios de Estados Unidos, Europa y América Latina. La investigación se incluyó en el informe anual sobre derechos humanos del Departamento de Estado estadounidense, fue motivo de discusión en una audiencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Washington, y, a pesar de los recelos iniciales, incluso la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y la Fiscalía General de la República han validado la calidad de nuestro trabajo. Ahora mismo hay nueve agentes policiales procesados por lo ocurrido aquella madrugada.

No es poca cosa, en especial si se tiene en cuenta que la masacre de la finca San Blas estaba llamada a ser uno más en el listado de ‘enfrentamientos’ que consignan las versiones oficiales: ocho despreciables pandilleros muertos después de disparar a valerosos héroes azules. Pero no. El periodismo permitió conocer que hubo policías que dispararon en la cabeza a jóvenes rendidos, que ni siquiera eran mareros todos los fallecidos, y que los hechores alteraron de forma premeditada la escena, con la colocación de armas junto a los cadáveres, por ejemplo. Lo ocurrido, es una inferencia que cae por su propio peso, no fue la acción de un grupo de agentes descontrolados con pretensiones justicieras, sino un modus operandi avalado, planificado y que el gobierno quiso encubrir, al punto que desde las más altas instancias de la PNC y del Ministerio de Seguridad aún se defiende la versión oficial del operativo.

Y a pesar de que la investigación evidenció gravísimas violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas de seguridad, sobrevino el torrente de insultos, de difamaciones, de amenazas de muerte…

Giphy

Somos la sociedad más violenta del mundo. Las maras son la expresión más cruel y refinada de esa violencia, con el agravante de que la ejercen sobre los sectores más desfavorecidos, pero el recurso habitual a la violencia para dirimir conflictos permea todo el cuerpo social.

Amarrando esta consideración a lo sucedido en la finca San Blas, el verdadero problema no es que haya unos policías exaltados que asesinen, o unos jefes policiales que lo toleren, o un sistema de control que silencie y encubra; ni siquiera que un gobierno que dice ser de izquierda haya asumido los valores que representa la finca San Blas como política pública. El verdadero problema, en mi opinión, es que como sociedad aún aplaudimos, enaltecemos o callamos ante los ya incontables sanblases, y preferimos insultar a los que desmontan versiones oficiales diseñadas para encubrir asesinatos cometidos con fusiles y balas que pagamos con nuestros impuestos. Esa permisividad es el combustible para todo lo demás.

Hoy se cumple un año desde ‘La Policía masacró en la finca San Blas’ y, a pesar de que la presión de la Embajada de Estados Unidos ha logrado que el caso se judicialice parcialmente, mi impresión es que apenas nada ha cambiado. Las ejecuciones extrajudiciales, las torturas y demás violaciones a los derechos humanos cometidas desde el Estado con el pretexto de la guerra a las maras no han cesado en estos 12 meses; al contrario, seguramente sea el período en el que más funcionarios han manchado sus manos de sangre desde que arrancó el siglo. Me temo que el manodurismo es y será por años el motor de las políticas públicas, sin importar cuán estéril y contraproducente sea, y lo será porque esta sociedad, la sociedad más violenta del mundo, parece sentirse realmente cómoda embadurnada de ese manodurismo.

Comentarios

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Perdone caballero por los insultos que le hemos propiciado, sabemos que su trabajo es muy bueno, que definitivamente las instituciones no deberian mantener una politica de violencia en su agenda. Y que un asesinato premeditado es un crimen que debe ser penado.

Pero por otro lado, hay una realidad, la realidad es que no hay recursos suficientes para darle el debido proceso, y el trabajo cientifico y legal adecuado para hacerle frente a la criminalidad, o si?

Hacerle frente a todos los requerimientos para llevar a la justicia un asesinato es caro, dificil, propicio para errores, y propicio para equivocaciones. Que pasa cuando hay 30 asesinatos en el dia? Cuando los asesinatos son cometidos frente a personas alienadas por el miedo a hablar, donde el motor economico del pais (nosotros los pobres) funcionamos alrededor del miedo: El miedo a no ser asesinados si no pagamos la renta impuesta por el pandillero, el miedo de no perder nuestras posesiones ante las instituciones financieras, el miedo ante el gobierno que se hace los bigotes con nuestros impuestos, mientras que nosotros solo debemos agachar la cabeza.

Las cosas estan muy mal, y la falta de liderazgo, inteligencia o una pizca de estrategia para resolver los problemas de parte de nuestro gobierno nos hace sentir desprotegidos. Esa desprotecciòn es grave, afecta nuestras acciones, el miedo se vuelve colera, y la colera se vuelve odio, odio hacia cualquiera que nos subyuga y no nos permite vivir plenamente, si solo fuera el gobierno, las cosas funcionarian de manera politica, la lucha seria contra los partidos. Pero lo que nos mata cada dia es el miedo a ser asesinados, a ser asaltados, a que nos pongan la renta pandilleril.

Y dado que no podemos hacer nada, ese sentido de impotencia nos vuelve mas violentos. Como lo fueron en algun momento los de la plebe romana, asi que deshumanizamos a los pandilleros, a los familiares de ellos, los consideramos como una peste. Como le puede pedir a una persona bajo el yugo de la sociedad salvadoreña que no se alegre cuando un pandillero muere? Puede decirle a una persona: "Usted deberia indignarse por los asesinatos de los pandilleros" cuando son ellos los que no le permiten regresar a su casa despues de cierta hora, cuando gracias a ellos hay familiares que no pueden visitarse o visitarse pidiendo permiso al pandillero para que no lo asesinen en la entrada de la colonia, cuando hay personas que deben dejar todas sus cosas y huir de su hogar por miedo, cuando hay lugares publicos que ahora son prohibidos porque no se puede pasar sin consentimiento de un pandillero.

Nuevamente, disculpe por los insultos, pero por favor no espere que se le celebre cuando gracias a sus palabras, en lugar de tener una sociedad un 0.0001% mas segura con menos delincuentes, ahora tenemos mas pandilleros que se sienten mas libres de seguir delinquiendo inpunes, a sabiendas que a lo mucho, al delinquir, el castigo es entrar a las oficinas corporativas de su grupo delictivo, y esperar un fallo en las leyes para poder volver a salir a seguir delinquiendo.

He seguido con insistencia tus artículos en los que dijiste un Basta ya¡ a los címenes que han cometido quienes debieran defender a la población, bajo el pretexto de luchar contra las pandillas. El militarismo de la preguerra ha resucitado bajo la protección del gobierno que luchó contra todo eso. Te he mandado unos tuits animándote a que como El Faro reporten el cruel aniquilamiento por parte de los Grupos de Exterminio de 7 jóvenes en Altavista hace unas dos semanas. Llegué por ahí circunstancialmente y la gente està indignada por el suceso. Cuentan que el niño de 14 años que asesinaron fue a comprar tortillas y mientras se las entregaban se fue un rato a jugar en las maquinitas y ahí quedó tendido por las balas asesinas. Comentan que los asesinados fueron jóvenes conocdos a los que nunca vieron delinquir o pertenecer a pandillas. LA GENTE QUE LOS CONOCE QUIERE HABLAR Y CONTAR CON DETALLES LO SUCEDDO.No estaría mal que hcieran una investigación para de,ostrar una vez más la existencia de Grupos de Exterminio que actúan al estilo de los Escuadrmes de la Muerte de la guerra. Pasen buenas tardes.

Complicado: por un lado estamos todos los que trabajamos, estudiamos y sobre vivimos en este país buscando hacer mejor las cosas. Por el otro, se encuentran las pandillas que trafican, rentean y matan. La desconfianza en el sistema judicial y la fatiga de estar gobernado parte por un grupo de malos políticos y parte por un grupo de pandilleros no tolera que se defienda a ninguno. ¿Justicia? Como aludir a la justicia en El Salvador cuando la pandilla asesina a quien quiere, como quiere y cuando quiere teniendo la seguridad que el estado no puede contra ellos? La crueldad y saña del asesinato que ejecuta la pandilla ha hecho que la sociedad se vuelva como siempre al lado de los débiles, nosotros mismos. Por eso un ajusticiamiento civil hacia un pandillero es aplaudido por la población. Ahí hemos llegado.

Creo que Ernesto lo dijo con toda educación y con toda la claridad que se necesita. También me parece que has encontrado la forma de ganar notoriedad en tus artículos viendo desde el exterior la tragedia salvadoreña, pero es dificil que alguien del pueblo aplauda tu punto de vista. Recuerdo las leyes tipo Suizas que nos impusieron al finalizar la guerra !!! Nuestra realidad es otra !!! y vamos a peor con la formula que propones ... claro lo expuso Ernesto y tu como salvadoreño lo sabes bien pero cinicamente juegas a taparte los ojos !!! 30 asesinatos diarios no van a tener una investigacion cientifica ... o si ??
Los mareros no van a dejar de asesinarte con toda la crueldad posible ... o si ?? NO van a dejar de demostrarle al indefenso que ellos son los que mandan ... entonces como quieres que actúe un salvadoreño ??? Damos gracias a Dios que al menos hay quienes están actuando ... y no contabilizamos cuantas vidas de verdad inocentes se han salvado por el actuar de estos contra los mareros ... o no??
Si notoriedad buscabas? lo lograste ... pero por favor cambia de escenario y déjanos a los salvadoreños contar a solas nuestros muertos y sobre todo deja de reírte de nosotros.

El infame ‘La Policía masacró en la finca San Blas’, el problema es que no es un reportaje hecho para el salvadoreño promedio. Ese tipo de lecturas son las que personeros de Onegés disfrutan. Defender los derechos humanos de personas cuya identidad supone violar y escupir en los derechos de cualquiera que no sea su de pandilla, no es fácil. Si se hubiera públicado en inglés se hubieran ahorrado todos los insultos y amenazas, sin perder toda la notoriedad. Podemos criticar mucho a El Faro, pero hay que reconocer que hacen buena literatura.

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