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02/23/2017

Otros mundos

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Arquitectura del sistema solar TRAPPIST-1, en su centro la estrella principal es una enana ultra fría casi del tamaño de Júpiter. imagen por Amanda J. Smith y NASA

Imaginen que en la antigüedad los romanos, mayas o antiguos chinos hubieran tenido el conocimiento que más allá del océano existían otras tierras, es posible que tal idea a más de algún antiguo se le ocurriera e incluso pensara embarcarse a su exploración (o conquista) cientos de años antes que los vikingos llegaran a Norteamérica, siglos antes de Colón, Magallanes o Cook.

Lo que NASA hizo público el 22 de febrero de 2017 en relación a un sistema solar descubierto en otra estrella es similar al hecho que un antiguo se le ocurriera la existencia de otros continentes, con la diferencia que hoy lo hacemos a nivel planetario y tenemos la certeza de su existencia.

Aunque ya sabíamos que hay planetas en otras estrellas -eso se sabe desde los años noventa- es la primera vez que se descubre una interesante colección de planetas del tamaño de la Tierra orbitando a otra estrella.

El sistema solar descubierto se le ha llamado TRAPPIST-1, esto porque en un inicio se utilizó la información obtenida por un telescopio robótico ubicado en Chile y financiado por Bélgica, el telescopio se le conoce como “TRAnsiting Planets and PlanetesImals Small Telescope–South” y se ahí sale las siglas TRAPPIST. NASA participó apoyando al equipo de científicos liderados por el astrónomo Michaël Gillon en el uso del telescopio espacial Spitzer.

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Concepción artística del Sistema Solar TRAPENSE-1, basado en los datos disponibles acerca de sus tamaños, masas y distancia orbital. Los colores y detalles son creación artística. Créditos: NASA / JPL-Caltech

El sistema solar TRAPPIST-1 consta de siete planetas rocosos y está ubicado a 40 años luz de la Tierra, aunque una distancia muy cercana según las escalas del universo, para la tecnología humana es prácticamente inalcanzable. Un viaje espacial a TRAPPIST-1 usando una nave espacial actual tomaría cientos de millones de años, lo único que podemos hacer en este momento es observarla desde la distancia.

La esperanza es que con el desarrollo de mejores espectrómetros con altísimas definiciones será posible en pocos años conocer la química de atmósferas de estos planetas y saber si hay agua en ellos; y sobre todo, si existe trazas de química orgánica que permita considerar que estos mundos poseen algún tipo de vida. Por lo visto el telescopio espacial Webb que será lanzado en 2018 y que reemplazará al Hubble, ya tiene tarea.

La estrella principal de TRAPPIST-1 es una estrella enana ultra-fría, y los planetas orbitan a una distancia más cercana que la que órbita Mercurio al Sol, eso significa que si colocáramos un astronauta en la superficie de uno de esos mundos, podría ver los restantes seis en el cielo, y los vería con un tamaño aparente superior al tamaño que vemos a nuestra luna terrestre.

Los siete planetas de este sistema solar son aparentemente rocosos, es decir que son potencialmente habitables, no son grandes y gaseosos como Júpiter o Saturno, pero algunos de ellos pueden no poseer rotación como la que tiene la Tierra o Marte que giran en su eje y permite el día y la noche, de ser así estos mundos poseerían grandes diferencias de temperatura. 

No hay manera de observar a la estrella TRAPPIST-1 (que se llama según el catálogo astronómico Simbad 2MASS J23062928-0502285) por un telescopio de aficionados, esta estrella ubicada en la constelación de Acuario posee una magnitud de +18.8, para hacerse una idea la escala de magnitudes estelares considera que la estrella más débil que puede ver el ser humano en una noche oscura en un sitio sin contaminación lumínica posee una magnitud de +6 (sí, la escala de magnitudes astronómicas considera que los números positivos significan que es menos brillante y además esta escala está construida a partir de una proporción logarítmica), un telescopio de aficionados de unos 10” de apertura es posible resolver estrellas de +12 magnitudes, con un sistema de astrofotografía podemos conseguir un poco más, pero en el caso de la estrella ubicada en TRAPPIST-1 solo es posible fotografiarla utilizando telescopios profesionales de gran apertura.

Este descubrimiento no va a mejorar la economía mundial, tampoco luchará contra las enfermedades o la pobreza, no dará de comer a los hambrientos, no detendrá los conflictos humanos y guerras que tanto nos mortifican, para luchar contra esto habrá que buscar otras áreas de la ciencia que tienen propuestas para combatir esos problemas.

Pero este descubrimiento sí que es importante en cuanto a que es un conocimiento ahora parte del patrimonio inmaterial de la humanidad, nos amplía nuestro marco de referencia del escenario natural donde nos encontramos, si las siguientes investigaciones descubren moléculas orgánicas o algún tipo de química que se pueda sospechar que hay vida en esos planetas, entonces estaríamos ante uno de los más importantes descubrimientos científicos de toda la historia.

02/20/2017

Murallas en una mota de polvo

 

 

“We’re Going to Build a Wall”

Donald Trump

45° presidente de Estados Unidos

 

“Guard against the impostures of pretended patriotism”

George Washington

1° presidente de Estados Unidos

 

En el libro “Pale Blue Dot” el astrónomo y promotor científico Carl Sagan hacía una interesante reflexión a partir de la fotografía obtenida por la sonda espacial Voyager 1. La imagen en cuestión es una panorámica del Sistema Solar tomada el 14 de febrero de 1990 a 6 mil millones de kilómetros de la Tierra y enviada a la Tierra por medio de una señal de radio.

A esa distancia nuestro planeta se observa como un pequeñísimo punto pálido, tan pequeño que el destello de nuestra estrella, el Sol, hace difícil ubicarlo.

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Fotografía de la Tierra (punto celeste hacia la derecha del centro de la imagen) fotografía por la sonda Voyager 1, Imagen: NASA/JPL

Sagan reflexionaba sobre nuestros prejuicios humanos, pretensiones e ideas nacionalistas a partir de esa fotografía. Él decía que las grandes naciones, los orgullosos imperios y sus encumbrados líderes apenas gobiernan o han gobernado una porción de ese punto, una fracción de una mota de polvo perdida en el universo.

Los vientos nacionalistas que otra vez soplan con fuerza y buscan endurecer las fronteras entre los países, discriminar a la gente por su origen, color de piel, religión o sexualidad (y quien sabe que cosas más) nos obliga a ver de nuevo la foto del punto azul pálido y pensar que no existe cosa más absurda que crear parcelas y muros en este pequeño mundo.

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La tierra vista desde la frontera exterior del Sistema Solar, Imagen por NASA/JPL

La ciencia también ha demostrado que las razas no existen, todos los seres humanos somos prácticamente lo mismo: Homo Sapiens Sapiens. Existen diferencias genéticas entre cada uno de nosotros; eso sí, y es la responsable de darnos nuestra particular apariencia. Pero no hay una diferencia genética en función al concepto de raza, un africano y un noruego pueden parecernos muy diferentes a la vista, pero genéticamente son miembros de la misma especie. La raza es una invención social que ha normado y justificado masacres, violencia, abusos y segregaciones.  

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"No perros, no negros, no mexicanos (incluye cualquiera que hable español o latinoamericano)" cartel que colgaba a la entrada del restaurante Lonestar en Dallas, Texas durante la época de segregación en los Estados Unidos (1896-1954). Imagen por: Black History Collection, Manuscript Division, Library of Congress USA.

Por supuesto que muchas diferencias entre nosotros, tenemos diferentes opiniones y visiones del mundo, así también diferencias religiosas, políticas, económicas y tenemos una gran variedad de expresiones artísticas, lingüísticas y comportamientos. Las costumbres de los pueblos constituye la riqueza patrimonial de nuestra especie, el patrimonio material e inmaterial producido por nuestras mentes es un elemento de valor, que aporta a las sociedad más que segregarla. De nuevo hemos llegado a ver la diversidad cultural como una amenaza más que como un valor.

Es el momento que la antropología hable y nos cuente que la diversidad es justamente de lo que estamos hechos, que no hay culturas puras, todo es un intercambio de información, memoria y costumbres, es la parte inmaterial de lo cual estamos hechos los humanos. Muchas sociedades viven en una especie de burbuja cerrada hacia la diversidad, pero si nos ponemos claros notaremos que nuestras religiones, el arte, la economía, los mitos, la ciencia e incluso la gastronomía es producto de los intercambios culturales que se han dado a través de la historia.

Somos humamos, esa es nuestra única “raza” y si existe una patria esa es nuestro planeta, una mota de polvo en el océano cósmico.

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Jorge Arturo Colorado

Antropólogo, divulgador científico, investigador en astronomía cultural, arqueoastronomía y etnoastronomía, es socio fundador y presidente de la Asociación Salvadoreña de Astronomía ASTRO.

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