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3 posts from octubre 2016

10/27/2016

Ocaso en Corinto

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Ricardo Lindo en Corinto, Morazán (2010)

“…me siento vecino de las estrellas 

Bajo la inmensa luna de verano

Ricardo Lindo

 

Hace varios años recibí una llamada de Ricardo Lindo, un hombre que hasta ese momento conocía como poeta, alguien del mundo del arte y de las letras con quien había coincidido en dos o tres eventos culturales. La llamada fue corta y directa, Ricardo me invitaba a participar en una investigación hacía en el municipio de Corinto, Morazán. Él quería que examináramos unas rocas cerca de la cueva del Duende las cuales podrían tener alguna alineación astronómica.

Siempre he considerado a Corinto como un sitio misterioso que incluso raya en lo místico, es de esos lugares que uno regresa con más preguntas que respuestas, su hechizo no solo es por el arte rupestre que se exhibe en sus abrigos rocosos sino también por su geología, está lleno de grandes rocas que evocan aquellas imágenes mentales de lo que hoy creemos que fue la prehistoria.

Ricardo Lindo estaba tan entusiasmado con la investigación que en el trayecto hacia Corinto no dejaba de hablar de sus teorías sobre el pasado en Morazán, lo que decía me recordaba un poco a los académicos clásicos de la talla de don Tomás Fidias Jiménez pero mezclado con literatos y poetas del nivel de Salarrué. Hablaba con tanto ahínco, convicción y humor que parecía que era un niño contando un cuento o una película de acción, él era jovial a pesar de cargar sobre sí mismo una buena cantidad de años, tenía un frenesí y un impulso casi sobrenatural que solo era sometido por la fuerza de sus eternos cigarros.

Cuando llegamos a Corinto me mostró una de las rocas, una particularmente interesante que los locales le apodan "El Hongo", que es un enorme pedrusco equilibrado sobre un pedestal también rocoso, luego me enseñó otras con características similares que distanciaban de la piedra hongo por algunos metros. Ricardo creía que estas formaciones eran artificiales y que algún pueblo en el pasado remoto por una razón desconocida las había colocado en equilibrio. Le dije entonces que la naturaleza puede llegar a los mismos resultados por razones de la erosión y humedad, que en otras latitudes conocen a estas formaciones con el nombre de piedras caballeras, Ricardo no me dijo nada, solo me vio de reojo y se rió un poco mientras seguíamos apreciando a las rocas.

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Piedra hongo en Corinto, Morazán. Imagen por Jorge Colorado

Recordé cierta historia de los astrónomos del siglo XIX que observaban al planeta Marte usando los primeros telescopios de gran apertura, ellos estaban tan convencidos que en Marte existía vida inteligente que pasaban noches enteras frente al ocular dibujando lo que creían ver, una serie de canales que se extendían por todo el planeta. Creían que en el planeta rojo había una civilización que agonizaba y que habían construido enormes obras de ingeniería planetaria para llevar agua del sur al norte, pero cuando las investigaciones y mejores equipos se desarrollaron se descubrió que Marte es un sitio desértico, despoblado y probablemente estéril,  no hay canales ni ciudades porque todo fue producto de la imaginación humana, los astrónomos querían ver canales y su cerebro les hizo ver canales.

 

Porque en la ciencia, lo que uno cree no necesariamente es cierto.

 

Las rocas que me mostró Ricardo estaba un poco más al norte, atrás de un enorme bloque de piedra que se había desprendido de la pared lateral del valle quien sabe hace cuanto tiempo y cercanas al acceso de la cueva del Duende. Eran cinco rocas en total, cuatro de ellas en una alineación bastante particular, cuando las medí y obtuve su alineación azimutal me encontré con una de las más grandes sorpresas de mi vida.

Cuatro de ellas estaban alineadas con el norte real me pareció demasiado perfecta su posición para que la naturaleza las hubiera colocado de tal forma ¿de verdad estaba viendo la alineación de cuatro rocas o estaba siendo contagiado con el entusiasmo de Ricardo? Las volví a medir y las palabras que dije a continuación me persiguen desde entonces.

Sí, en efecto, están alineadas…

Ricardo Lindo que para entonces terminaba otro de sus cigarros, hizo una cara de sorpresa y alegría, él decía “¡lo sabía, lo sabía!”. Le expliqué que era una interesante alineación y que había una roca que era la más curiosa de todas, porque su posición en relación con las otras la colocaba un poco fuera de línea y le dejaban una una ventana hacia el horizonte poniente en dirección al ocaso solar, que quizás podría tratarse de  “un antiguo observatorio”.

 

Pero en la ciencia, lo que uno cree no necesariamente es cierto.

 

De inmediato planeamos más visitas, partimos con algunas hipótesis, hubo que ubicar la posición de cada una de las rocas en GPS y luego reconstruir el horizonte para hacerlo coincidir con los ocasos del Sol y de otros cuerpos celeste en el presente y por lo menos unos cinco mil años en el pasado. Varias semanas después regresamos con dos compañeros y amigos de la Asociación Salvadoreña de Astronomía, Ricardo Lewy y Ramón Rossell, nos acompañó Astrid Francia quién había sido mi alumna y entonces estaba a punto de terminar su licenciatura en antropología en la UTEC, levantamos las posiciones GPS de las rocas y fotografiamos el horizonte durante las tardes de los solsticios y los equinoccios.

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Imagen de una de las vistas de campo en Corinto, junto a Ricardo Lewy y Ramón Rossell de ASTRO, nos acompaña Astrid Francia y don Argelio Álvarez.

Todas las mediciones que hicimos no concluyeron en nada, ni el solsticio ni los equinoccios ni la posición más austral o norte de la Luna o Venus parecían coincidir con la famosa ventana de observación. Recuerdo tener en mi casa una pequeña pizarra donde dibujé un esquema del lugar con las líneas azimutales hacia el horizonte, todos los días veía ese croquis y me preguntaba si había alguna alineación. Hubo un par de estrellas en el horizonte que concordaban con algunas líneas que se podían trazar desde alguna roca, pero nada era concluyente, excepto la curiosa fila norte-sur.

Así que la idea que las rocas tenían un origen natural comenzó a tomar fuerza, varios amigos y colegas antropólogos, así también algunos arqueólogos que supieron de oído el trabajo que hacíamos comentaron que perdíamos el tiempo, que las rocas eran de origen natural y punto.

Ricardo Lindo tomaba con humor las opiniones contrarias a la investigación y siempre remataba con algo ingeniosamente divertido, yo era de la opinión que había algo curioso y teníamos la obligación de investigar desde un punto diferente de lo que siempre se había hecho. En ese tiempo logramos contactar y hacer una visita de campo con Luis Castillo, geofísico de la Universidad de El Salvador, Luis quien en un principio consideró el origen artificial de las rocas con el tiempo cambió de opinión y emitió un arrollador veredicto geológico: las formaciones rocosas podían explicarse perfectamente a partir de fuerzas de la naturaleza.

Ricardo se desilusionó con la conclusión de Luis Castillo, yo también me desilusioné pero ambos nos sentimos un poco aliviados porque era algo que nos había mantenido pensando por varios meses. También fue un poco divertido darnos cuenta que hubiéramos iniciado con la opinión de Luis antes de dar los siguientes pasos, ahora puedo verlo, pero en ese momento las cosas fluyeron de otra forma.

Eso sí, nunca hubo ninguna explicación del porqué las rocas están alineadas de norte a sur, la única explicación posible es el azar. A veces el azar nos juega malas pasadas, creemos ver orden en el desorden porque creemos que solo el humano es capaz de ordenar de cierta manera las cosas, a veces sucede que al tirar dos dados estos caen en seis, lo mismo puede suceder si tiramos tres dados hay 1/216 probabilidades que todos caigan en seis, y no hay nada de mágico en ello o porque alguien los haya colocado así.

Posiblemente es lo que pasó en Corinto.

Pero ¿y si no?

Esta semana me enteré que Ricardo Lindo había fallecido, me llenó de pesar porque sabía que él era un gigante en un país de enanos, un hombre con una facilidad para soñar y decir lo adecuado en el momento preciso, un tipo con una brillantez y una locura tan lúcida que uno sabía de inmediato que era un hombre singular, eso lo demuestra su obra, sus poemas, sus escritos y el testimonio de quienes lo conocimos.

Siempre me sentí de cierta forma en el rincón opuesto a Ricardo, yo soy un nativo del mundo de la razón y las pruebas, de considerar solo lo que se pueda medir y concluir, pero Ricardo Lindo me tendió un puente hacia el mundo de la fantástica irracionalidad, porque para construir una nave espacial se necesitan sueños, se necesitan abrir los ojos a la imaginación y no tenerle miedo a la quimera. Por eso creo que hicimos un estupenda pareja de investigación, él siempre mantuvo opiniones y visiones tan diversas que me esforzaban a pensar más allá de mis límites mentales.

Yo siempre lo molestaba, le decía que nuestro trabajo en Corinto parecía más a un caso de los Expedientes Secretos X, con todo ese misterio de las rocas en un lugar muy enigmático, que él era Mulder que deseaba soñar y creer; y yo Scully, que aguadaba la fiesta y buscaba pruebas.

De nuevo me pregunto: Pero ¿y si no?

Porque es preciso considerar que las piedras están ubicadas dentro de un contexto cultural, todo el arte rupestre y los abrigos rocosos lo confirman. Es posible que esas formaciones geológicas sí tuvieran un origen natural, pero es difícil no suponer que estás no tuvieran importancia dentro del antiguo paisaje cultural, que no hayan sido tomadas en cuenta para realizar algún tipo de actividad humana, sean actividades ligadas a un ritual que incluso bien podría haber incluido sacrificios.

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Las misteriosas rocas alineadas. Imagen Jorge Colorado

¿Observaron las estrellas desde ahí? No estoy seguro, pero los antiguos pueblos siempre observaron el cielo, dependieron del Sol, la Luna y las estrellas para llevar la cuenta del tiempo y construir sus calendarios, para conocer cuando era el tiempo de la cosecha o el mejor momento para la caza, cuando es la llegada de los vientos del norte o el aparecimiento de la lluvia; Sí, pudieron observar estrellas desde ahí, pero solo hay un rasgo astronómico y eso no es suficiente para poder afirmar tal cosa.

Las misteriosas rocas siguen en Corinto, quizás en el futuro vendrán otros investigadores que se harán las mismas preguntas que nos hicimos nosotros, vendrán con otros paradigmas y otras aproximaciones, quizás se rían un poco de nuestra ingenuidad para luego también darse de bruces con el pasado.

Pero las rocas sobrevivirán a nuestra humanidad, ellas se rigen por el tiempo geológico que es distinto al tiempo de nosotros los mortales, los que apenas podemos conjeturar sobre las piedras y sus propósitos, desde nuestra razón y desde nuestros sueños.

10/22/2016

50/50

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 Secuencia de aterrizaje de la sonda Schiaparelli en Marte, Copyright: ESA/ATG medialab

El gran público tiende a menospreciar la hazaña de colocar un robot en otro planeta, quizás porque en la televisión o en el cine les parece cosa fácil que una nave espacial viaje a otros planetas y aterrize.

Enviar un robot a otro mundo es uno de los mayores logros tecnológicos de nuestros tiempos y para lograrlo no solo hace falta poseer la tecnología y los materiales adecuados, también es necesario poseer el personal capacitado y experimentado que permita el éxito del misión.

Después de un viaje de seis meses la semana recién pasada la sonda europea-rusa ExoMars logró llegar al planeta Marte y hacer descender un robot en la superficie del planeta rojo. ExoMars sí logró colocarse con éxito en órbita pero la sonda robot apodada Schiaparelli,  que pretendía descender en la zona llamda Meridiani Planum sufrió una falla al entrar al planeta y se estrelló en la superficie.

NASA posee en estos momentos varios vehículos en Marte, uno de ellos es el Mars Reconnaissance Orbiter MRO que se encuentra orbitando al planeta desde 2006, el MRO posee una cámara de alta resolución que permitió fotografiar la zona donde se esperaba que Schiaparelli aterrizara, lo que descubrió fue una zona oscura lo que dio pie a sospechar que el robot se estrelló en Marte a gran velocidad.

Todavía no está claro que sucedió, según la Agencia Espacial Europea ESA el paracaídas de Schiaparelli se abrió mucho antes de lo programado y los cohetes de freno se encendieron por muy poco tiempo, así que el robot se desplomó desde unos 2 kilómetros de altura hasta impactarse en la superficie, quizás explotando.

Digamos que la misión ExoMars ha tenido un 50/50 de éxito.

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Fotografía por el MRO de la zona donde descendería la sonda Schiaparelli, la imagen  muestra dos puntos que aparecieron con la llegada de el robot europeo el 19 Oct 2016, la zona oscura parece superior parece que fue producido por una explosión del robot europeo y el punto blanco parece que se trata del escudo protector térmico de la sonda que cayó a casi 1 kilómetro de distancia.   Crédito: NASA / JPL-Caltech / MCIA

Las países desarrollados saben que el conocimiento es clave para el progreso y mejorar la calidad de vida de su población, siendo así la industria aeroespacial es clave para seguir siendo competitivos en un mundo cada vez más tecnológico. La naciente industria espacial privada está a punto de dar un salto de calidad y muchos países inteligentemente están apostando por el espacio, la punta de lanza donde se desarrolla la tecnología y las técnicas de vuelo es en la investigación científica, a partir de ahí la cascada de conocimientos es invertida en nuevos servicios o productos, un poco a la inversa de lo que tradicionalmente hacen nuestros países subdesarrollados, que pretenden ver productos tecnológicos antes de aprender como hacerlos.

Así que Europa debe seguir intentando descender en otro cuerpo celeste, perfeccionar su tecnología y hacer más experimentado a sus científicos e ingenieros, ya lo intentó en 2014 con el módulo Philae en el cometa 7P/Churiumov-Guerasimenko, donde fallaron los ganchos de anclaje de la sonda. Aunque Philae no se destruyó éste descendió en una zona donde sus paneles solares no recibieron la energía del Sol así que terminó por apagarse.

Ahora Schiaparelli también ha sido un revés para la ESA, hay que comprender que no es sencillo lograr un aterrizaje en otro planeta, los rusos y los estadounidenses también han sufrido fallos y decepciones hasta que al final parecen haber aprendido la técnica del descenso. La gráfica inferior realizada por NASA sirve para ilustrar las misiones robóticas exitosas y fracasadas que han visitado al planeta rojo lo que demuestra lo difícil que es colocar una nave en Marte.

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El problema que ahora se enfrenta la ESA es que si recibirán apoyo económico para la siguiente misión en 2020 por parte de políticos que tradicionalmente tienen poco interés en la ciencia, en una Europa post-Brexit y con una creciente población incómoda por la inversión en tecnología y conocimiento.

Veamos que sucede, por hoy hay que sentirnos satisfechos con un éxito del 50/50.

10/12/2016

“Todos los mundos son sus mundos excepto Europa…”

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Superficie de la luna Europa según concepción artística, crédito: NASA/JPL-Caltech

Júpiter es el planeta más grande del sistema solar, un inmenso mundo gaseoso con un diámetro 11 veces el terrestre, si Júpiter fuera hueco podríamos meter dentro de él unas 1,300 tierras. El tamaño de Júpiter es tal que su gravedad ha logrado capturar y mantener orbitando a todo un complejo sistema de lunas que hasta el momento se cuentan en 67 satélites.

Los astrónomos Galileo Galilei y Simón Marius fueron los primeros hombres que en 1609 observaron por telescopio el movimiento de las cuatro lunas más grandes de Júpiter, las cuales fueron bautizadas en honor a las amantes del dios Zeus: Ío, Ganimedes, Europa y Calisto.

Estas lunas son tan grandes que son fáciles de observar desde la Tierra utilizando un pequeño telescopio aficionado. Su movimiento alrededor de Júpiter genera eclipses, ocultaciones y sombras que se proyectan en la cara del planeta, su observación y seguimiento así como su fotografía es una de las actividades más entretenidas de la astronomía amateur.

Cada una de estas lunas es un mundo diferente, entre ellas y Júpiter suceden fuerzas de marea tan feroces que prácticamente estos satélites son estirados y encogidos en cada órbita; algunas de ellas, en el caso de Ío, el continuo aplastamiento gravitacional ha logrado que la luna mantenga una fuerte actividad volcánica.

Pero Europa nos cuenta otra historia.

Europa es uno de los cuerpos del sistema solar más curiosos, su superficie posee pocos cráteres de impacto y hay una ausencia total de montañas o cerros, un hipotético astronauta que caminara en la superficie de Europa vería una larga planicie de hielo; eso si, resquebrajada.

Las grietas del hielo europeo son tan enormes y complejas que se extienden en ambos hemisferios como una caótica maraña de fisuras. Por eso los mapas de Europa son tan complejos y parecen no tener sentido, ante tal complicación los astrónomos planetarios tuvieron que proponer nuevos términos para tratar de comprender los accidentes geológicos europeos.

Así que llamaron líneas a las marcas largas –sean oscuras o claras- que se extienden en la superficie del satélite, mientras que los flexus son pequeñas crestas arqueadas probablemente creadas por fuerzas de marea que hacen que el hielo se expanda y se eleve un poco durante cada órbita alrededor de Júpiter. Por otro lado están las máculas que son manchas oscuras irregulares que bien podrían ser cicatrices en el hielo de un antiguo impacto meteórico.

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Imagen coloreada de Europa producto de los datos de la sonda Galileo NASA. Los terrenos de azul blanco indican hielo de agua relativamente pura, mientras que las zonas rojas contienen hielo de agua mezclada con sales hidratadas, sulfato de magnesio o ácido sulfúrico. Imagen NASA/JPL

Desde que la sonda espacial Voyager 2 alcanzó a Júpiter (1979) y se acercó lo suficiente a Europa, los geólogos planetarios comenzaron a sospechar que la corteza del hielo europeo flotaba en un océano interior. Las investigaciones de la sonda Galileo en la década de 1990 demostraron que la sospecha científica era cierta, hay un mar subterráneo, un oscuro e inaccesible océano alejado de la radiación de Júpiter, que se mantiene líquido gracias a la actividad volcánica submarina.

Arthur C. Clarke fue seducido por el descubrimiento del hielo de Europa e inmortalizó la posibilidad de vida en esta luna en su novela de ciencia ficción 2010 Odisea dos (1982). En esta obra unos astronautas chinos, rusos y estadounidenses se topan con vida extraterrestre en Europa.

2010 Odisea dos fue llevada al cine con el nombre de 2010: The Year We Make Contact (1985), dirigida por Peter Hyams y protagonizada por Roy Scheider y John Lithgow. A mi parecer 2010 es una excelente película de ciencia ficción que trata sobre la exploración planetaria, la inteligencia artificial y la posibilidad de vida en Europa, no se parece mucho a su antecesora, 2001 Odisea Espacial de Kubrik, 2010 es menos artística y más digerible para un público más amplio.

Sin ir más allá–para no dañar a quienes no la han visto- el final de la novela y la película es altamente explosivo y aparece un mensaje proveniente de una conciencia extraterrestre muy superior a la humana, transmitido gracias a la computadora Hall 9000 nos ordena: “Todos estos mundos son sus mundos, excepto europa. No intenten aterrizar allí".

Por eso pensé en 2010 cuando a finales de septiembre NASA hizo público una importante noticia sobre Europa: Estudios con el Telescopio Espacial Hubble descubrieron que la superficie de esta luna joviana se levantan penachos de vapor de agua que alcanzan los 200 kilómetros de altura, hay algo muy interesante ocurriendo en ese océano misterioso europeo.

Nadie sabe la espesura del hielo europeo, pero los penachos de agua son una fortuna para los científicos porque una posible misión hacia Europa podría consistir en tomar una muestra del agua que expulsa la luna y luego estudiarla para buscar algún indicio de vida microbiana.

¿Qué pasaría si Europa tuviera vida microbiana o algún otro tipo de vida mucho más compleja? Pues sería uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la ciencia, una increíble noticia para los biólogos porque permitiría estudiar un proceso evolutivo totalmente independiente de la Tierra, quien sabe como es su genética molecular o que adaptaciones han ocurrido en la posible fauna o flora que se descubran bajo el hielo.

Eso sí, también podría ser que el mar se encuentre estéril. En cuyo caso también es una gran noticia, en ciencia cualquier tipo de conocimiento siempre es importante. Si consideramos que el agua de los mares europeos son mayores que toda el agua del mar terrestre, es un recurso natural valiosísimo que podría estar a la disposición de futuros exploradores.

Pero si hay vida en Europa lo mejor investigarla y dejarla en paz, tal como dice la novela de Clarke no influir en su particular proceso evolutivo.

En ese caso, los demás mundos pueden ser nuestros, excepto Europa.

 

Aquí un vídeo explicativo que he preparado en mi canal YouTube:



 

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Jorge Arturo Colorado

Antropólogo, divulgador científico, investigador en astronomía cultural, arqueoastronomía y etnoastronomía, es socio fundador y presidente de la Asociación Salvadoreña de Astronomía ASTRO.

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