Soy periodista y paso muchas horas en lugares donde se fabrica nuestra historia oficial. Voy a escribir de política, de lo que se ve, escucha y huele tras bambalinas de nuestros gobernantes.

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Mar 16, 2017 5:58:39 PM

Vega, el clasemediero que somos

“A veces las ideas son como esos zapatos viejos que nos resistimos a tirar porque resultan comodísimos”.

Juan José Millás

 

 

Un colega me dijo que me había convertido en proNayib. Le pregunté si había leído el texto por el que me hacía el comentario y me dijo que había leído una parte. Me resumió su crítica en una idea: Nayib aparece como víctima del FMLN. Le dije que, más allá de si el alcalde aparecía como víctima, el texto pretendía explicar el debate actual del partido de gobierno, por ejemplo, decir que en el FMLN el ideario de principios está en la cabezas de seis comandantes y que cualquier idea que no salga de esas cabezas es ajena a su proyecto.

También, le dije a mi colega, pretendía explicar una paradoja: el FMLN de ahora está aferrado al poder, pero no está dispuesto a compartirlo con alguien como Nayib Bukele, el más popular de los políticos actuales. Nos guste o no, todas las encuestas lo dicen. Explicar que un partido margine a su político mejor valorado por la opinión pública es noticia. Le dije que mi texto no trata de la personalidad del alcalde, no es un perfil. Es noticia si el entrenador del  Madrid deja en la banca a Cristiano Ronaldo por diferencias ajenas al fútbol. Nos caiga bien o no, Cristiano Ronaldo es Cristiano Ronaldo. Aclaro que yo le voy al Atlético.  

El punto de este post no es de cómo leyó la gente un texto sobre el alcalde de San Salvador. El punto de este post es sobre cómo discutimos. Sobre cómo polarizamos cualquier conversación y sobre cómo hablamos desde el prejuicio y no desde el razonamiento.

Y no estoy hablando del debate nacional, el debate nacional de la mayoría de gente es sobre la tortura de vivir en un barrio pandillero, de ser extorsionada, violada o asesinada… de sufrir abusos de la policía, del sistema de transporte, del país mismo. 

Estoy hablando de las discusiones de mi burbuja, de los que opinamos del país desde la comodidad de las redes sociales o de un bar, de los constantes debates en blanco y negro. Opinamos sin leer, desde el prejuicio. El problema es que casi todos los debates cotidianos son así. El debate de nuestros políticos es igual. Debaten desde la lejanía de los problemas:  nuestros políticos no usan el transporte público, no usan el sistema de salud público y no sufren la inseguridad.  

El 15 de marzo asesinaron a 30 personas en El Salvador, 6 de los homicidios provocaron un lamentable debate de blancos y negros. El alcalde Bukele sugirió que hay motivación política detrás de los 6 muertos del centro histórico, sin pruebas ni argumentación sólida. La maquinaria de los cotidianos debates estériles se activó. Un mar de opiniones polarizadas a favor o en contra de una persona. ¿Y los muertos? ¿Y la explicación de por qué murieron?, ¿ y el contexto básico de conflicto entre vigilantes privados, pandillas y vendedores de los mercados?

Estos debates me llevaron a releer la novela El Asco, de Horacio Castellanos Moya.  

El Asco tiene como personaje a Eduardo Vega, un salvadoreño que odia El Salvador. Lo odia en blanco y negro, sin un matiz de gris, el criterio de evaluación más básico y perverso, el de los buenos y los malos. Vega explica al clasemediero promedio salvadoreño, aquel que tiene la capacidad de polarizar casi toda conversación -hasta las más cotidianas-:  es mejor el BarÇa o es mejor el Madrid, es mejor ser del Frente que ser Tricolor y así…Lo que decimos en cada debate es “Soy mejor que vos, aunque no me asista la razón”.

Vega, como muchos salvadoreños, huyó del país y vive en Canadá. Como muchos salvadoreños, los criterios de evaluación y las referencias de lectura del país de Vega se parecen a las mías y a las de mis amigos, a los criterios de la gente de mi TL de Twitter o de mi muro de Facebook. Se parecen a mi burbuja.  

Vega estudió en un colegio clasemediero salvadoreño. Marista, educado en los valores católicos, mojigatos y arribistas de mi generación. Vega es como varios de nosotros, los afortunados con acceso a comer a diario, los que tenemos un par de libros de Cortázar en la cabeza, los que criticamos cualquier cosa por internet sin la necesidad de mojarnos. Muchos lo hacen desde la comodidad del anonimato.

Según Vega, en este país los políticos apestan particularmente y cree que es por los  cadáveres que cargan en su haber. “...quizá la sangre de esos cien mil cadáveres es la que los hace apestar de esa manera tan particular, quizás el sufrimiento de esos cien mil muertos les impregnó esa manera particular de apestar”, cree Vega.

Quiero seguir con Vega, el personaje, porque cree cosas que cree mucha gente de mi burbuja y cuando digo mucha gente hablo en realidad de una cantidad raquítica. Dice Vega que nunca ha visto políticos tan ignorantes, “tan salvajemente ignorantes, tan evidentemente analfabetos como los de este país”. También dice que cualquier persona mínimamente instruida  sabe que los políticos de este país tienen especialmente atrofiada la capacidad de lectura y que se les nota a la hora de hablar.

Vega también dice más cosas, no entiende por qué los políticos salvadoreños se desviven por aparecer en la televisión. “Si encendés la televisión a la hora del desayuno en todos los canales aparece un estúpido haciéndole las mismas preguntas estúpidas a un político que únicamente responde estupideces”, dice Vega.  

Aunque Vega ve al país en blanco  y negro, su radicalidad explica un país. Vega dice que los políticos salvadoreños -de izquierda y de derecha- son igualmente vomitivos, igualmente corruptos, igualmente ladrones.  Vega dice que se les nota en la cara la ansiedad por robar lo que puedan, que son unos sujetos realmente de cuidado. Vega cree que nuestra clase política está compuesta por unos pillos con saco y corbata que antes tuvieron su festín de sangre, su orgía de crímenes, y ahora se dedican al festín del saqueo, a la orgía del robo.  En esto, Vega, y su ferocidad, tiene razón. Nuestras élites son asquerosas.

Vega y todos los salvadoreños somos víctimas de una historia que no hemos elegido. Estamos atrapados en ideas seguras y por eso las defendemos a muerte, nuestros políticos son el ejemplo.  Roque Dalton, poeta nacional asesinado por guerrilleros que hoy son políticos de esos que odia Vega, decía que “la política se hace jugándose la vida o no se habla de ella”. En El Salvador, siempre nos estamos jugando la vida.

Por eso nuestros políticos han hecho trincheras de sus partidos. Sus militancias viven de migajas de ideas que hacen 30 años eran progresistas. Hoy son pancartas y coros vacíos que exaltan el rojo o el tricolor. 

Estamos presos. Los salvadoreños de clase media estamos presos en una burbuja, somos unos afortunados atrapados en un país de ricos avaros, políticos miserables y millones de marginados.

Elena Salamanca, una amiga, cree que la clase media de esta generación no tiene la posibilidad de movilidad social como la tuvieron las generaciones anteriores. “El problema de la percepción de la clase media es también cultural, un problema que se finca en la negación del otro como igual”, ha escrito Elena.   

Vivimos en un país en el que más de 1 millón de personas tiene acceso a internet y en el que más de la mitad de la población tiene menos de 30 años. Un país de gente joven gobernada por gente que lee el país como si aún viviéramos en la Guerra fría. ¿Será por eso que seguimos leyendo el país en blanco y negro?

 

FOTO DE Víctor de San Vicente
Rescate de los cuerpos de dos pandilleros que el 6 de febrero de 2016 murieron junto a un agente policial en un enfrentamiento a tiros en este cerro del municipio de San Vicente, que se levanta ante el valle de Jiboa, un icono de los paisajes de El Salvador. Al fondo, el volcán Chichontepec. Foto: Víctor Peña

 

Comments

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Me gusto mucho el post del blog.
Otro ejemplo que se me ocurrio mientras lo leía fue el asunto del hipopotamo del zoologico. Cuanta ferocidad y altisonancia en lo que leía, para que al final, ni siquiera se sabe la verdad.
#asiestamos.

Sergio, excelente articulo y concuerdo contigo, sin embargo a mi forma de ver esta incompleto. Pues a la gran mayoria de salvadoreños nos fascina apuntar el dedo, como si la población que no esta involucrada directamente en la vida politico/partidiaria estuviera exenta de toda culpa y con la autoridad moral para emitir un juicio a partir de la informacion tendenciosa de los medios de comunicacion masivos.

La elite que dirige el país (ambos partidos) es nefasta? Si, si lo es. Asi como lo son los medios masivos que son esbirros de un partido o de otro y esto es empresa privada y así comenzar a excavar y te vas dando cuenta que el abuso de poder es algo transversal en nuestra sociedad. Desde el busero que por tener un carro mas grande se aprovecha de su condición para invadir carril, hasta los puestos mas altos del gobierno.
La corrupción es un problema cultural en nuestro país, que viene desde los tiempos de la colonia etc etc etc, si, de acuerdo pero nosotros los de a pata muchas veces imitamos lo que criticamos, y con la doble moral que el anonimato permite señalamos ala clase política únicamente por que ellos están bajo el escrutinio publico, y aun peor muchas veces señalamos por que nos gustaría a nosotros ser los que estamos tomando ventaja de X o Y puesto no por que realmente lo que consideremos incorrecto. Incorrecto por que no soy yo el que esta hueviando.

Lastimosamente a muchos no nos gusta leer, y muchos no leen porque apenas les alcanza para comer, mucho menos para comprar libros, pero me alegra que tu hayas reproducido algunas partes del libro "El Asco" de de Horacio Castellanos Moya, yo algunas veces envie comentarios a algunos periodicos comerciales,con partes de ese libro, pero nunca me los publicaron, parece que no les gusto la verdad de mucho lo que dice el libro, que bueno seria que El El Faro con permiso del autor , pudiera publicar aunque sea en partes ese libro y mucho nos dariamos cuenta, que el libro tiene bastante de lo que paso y de lo que pasa en nuestra sociedad.

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